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miércoles, 14 de noviembre de 2018

El arzobispo de san Francisco pide que se estudie la relación entre homosexualidad y abusos (Carlos Esteban)



En medio del terremoto causado por la orden de Roma de no votar en la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, que tiene lugar estos días en Baltimore, las dos medidas ya esbozadas para responder a la crisis de encubrimiento de abusos, el Arzobispo de San Francisco ha pedido que se elabore un estudio científico de la homosexualidad en el clero.

El dique, parece ser, ya se ha roto, la palabra tabú -homosexualidad- ya ha salido después de ser eludida en la primera sesión de la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, que tiene lugar estos días en Baltimore, y el Arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone, ha pedido que se elabore un estudio sobre la homosexualidad en el sacerdocio y su relación con la crisis de abusos clericales.

Ya sabemos que, desde el estallido de la crisis, la relación entre homosexualidad y la incidencia de los abusos se ha evitado cuidadosamente, y el propio Santo Padre, en su primera respuesta a la crisis, la carta al pueblo de Dios, encontró un responsable alternativo: el ‘clericalismo’.

Pero el elefante rosa en la sala de estar es demasiado grande como para seguir pasándolo por alto, y los fríos datos plantean una incómoda pregunta. Veamos: más del 80% de los casos de abusos denunciados de sacerdotes y religiosos sobre menores de edad son de carácter homosexual, y la abrumadora mayoría afectan a varones que ya han superado la pubertad. Teniendo en cuenta que la proporción de homosexuales en la población general ronda, según los estudios más fiables, entre el 3% y el 5%, las cifras de abusos clericales solo pueden responder a uno de estos dos factores o a una combinación de ambos: o los homosexuales tienen una tendencia mucho mayor al abuso pederasta -lo que ninguna fuente se atrevería a sostener ni por un minuto-, o la proporción de homosexuales es enormemente superior entre el clero que entre la población general. Tertium non datur.

Por eso Cordileone defiende ir a la raíz del problema y salir de dudas de una vez por todas, así como librar de toda culpa a los sacerdotes con inclinaciones homosexuales libres de toda culpa que vivan fielmente el celibato.

Hay, además, estudios recientes sobre los que justificar esta investigación en profundidad. A principios de mes, el sacerdote y sociólogo Padre Paul Sullins hacía públicas las conclusiones de un estudio realizado para el Ruth Institute que sí advierte un nexo evidente entre la creciente homosexualización del clero a lo largo de las últimas décadas y el aumento de los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes y religiosos. La tesis central del informe es que la proporción de varones homosexuales en el sacerdocio pasó de ser el doble del de la población general en los años cincuenta a alcanzar ocho veces más en los ochenta, una tendencia que guarda una evidente correlación con el aumento de los casos de abusos. Además, los sacerdotes ordenados en los años sesenta que advertían la existencia de una subcultura homosexual en los seminarios representaban un 25%, llegando a un 50% entre los ordenados en los ochenta.

Cordileone advirtió contra conclusiones simplistas que equipararan la inclinación homosexual en clérigos y obispos con los abusos ya que, dijo, hay sacerdotes que sienten esta inclinación hacia personas del mismo sexo que no solo no abusan de menores sino que sirven a la Iglesia fieles a sus votos de celibato. Pero, ha añadido el titular de una de las capitales mundiales del fenómeno LGBT, “hay una correlación entre ambos factores”.

El prelado hizo referencia al informe de Sullins señalando que “lo peor que podríamos hacer es desacreditar este estudio para no tener que responder a sus conclusiones, o ignorar o negar esta realidad por completo”.

El arzobispo insistió en la urgencia de las medidas necesarias, alegando que hacerlo no supondría vulnerar el veto vaticano. “Esto es algo que necesitamos hacer ya. No nos hizo falta la autorización de nadie para encargar el estudio anterior [de la John Jay], y tampoco la necesitamos para encargar éste”.

Es difícil no imaginar lo que se le puede venir encima a Cordileone y al episcopado americano si siguen adelante con este proyecto. La reacción de los medios supondrá, sin duda, una enorme presión para los investigadores, que deberán saber que nadan contra corriente. Pero tampoco en el propio clero, entre muchos de los obispos o incluso en Roma es probable que encuentren mucha simpatía.

En la misma sesión, el arzobispo de Chicago, cardenal Blase Cupich, declaraba ante la prensa que había que establecer distinciones cuidadosas, porque en muchos casos, dijo, hablamos de “relaciones homosexuales consensuadas entre adultos”. La idea que parece sugerirse, de que sólo deberían censurarse canónicamente las relaciones tipificadas por la justicia secular, ha indignado a no pocos comentaristas católicos

En efecto, este concepto de que un sacerdote pueda mantener, sin censura eclesial, una relación sexual con otro varón siempre que sea consentida parece confirmar las peores sospechas sobre la infiltración de redes homosexuales en la jerarquía católica.

Carlos Esteban