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domingo, 22 de enero de 2017

Brasil, África, Alemania ... Geografía de una Iglesia despedazada (Sandro Magister)



Para el papa Francisco el 2017 comenzó amargo. Su popularidad sigue siendo alta, pero sin que haya un ascenso similar de la práctica religiosa. En América Latina, directamente se registran derrumbes.
Es clamoroso el caso de Brasil, donde los que declaran pertenecer a la Iglesia Católica han descendido en los últimos dos años del 60 al 50% de la población, según una muy reciente y detallada encuesta de Datafolha.
Hace apenas medio siglo, en Brasil se decía católica la casi totalidad de la población. En el 2000 el porcentaje había descendido al 62% y se estabilizó allí. Pero ahora de nuevo cae bruscamente, justamente mientras en Roma reina por primera vez un Papa latinoamericano.
El único continente en el que los católicos continúan creciendo a ritmo sostenido es el África subsahariana. Pero la Iglesia africana, con  sus obispos y cardenales, es también la más dura antagonista de los cambios que el papa Francisco puso en movimiento. Paradójicamente, el Papa llamado desde los confines del mundo, con la voluntad de renovar la Iglesia, debe apoyarse en las extenuadas y vacías Iglesias nacionales del viejo continente, en primer lugar la de Alemania, para poner en práctica su programa, pero encontrándose precisamente con la resistencia tenaz de las jóvenes y fervientes Iglesias africanas.
También dentro de la curia romana esta fractura es visible a simple vista. El cardenal predilecto de Jorge Mario Bergoglio es el octogenario Walter Kasper, alemán, mientras que el más opuesto a él es el guineano Robert Sarah, héroe y faro para gran parte de la Iglesia Católica, no sólo de África.
En los dos sínodos convocados en el 2014 y en el 2015 el papa Francisco percibió personalmente las resistencias a las innovaciones que quería introducir, en ese terreno minado que es el cuidado pastoral de la familia.
Para domar a los opositores hizo una jugada astuta, como cándidamente reveló a posteriori un protegido suyo, el arzobispo Bruno Forte, cuando mencionó estas palabras textuales dichas a él por el Papa durante el sínodo: "Si hablamos explícitamente de comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, no sabemos qué desorden podemos llegar a provocar. Entonces no hablemos de modo directo, hazlo de tal forma que estén presentes las premisas, después yo extraeré las conclusiones".
De hecho, es exactamente lo que sucedió. Bergoglio no dijo nunca claramente que quería admitir a la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar, acto jamás permitido anteriormente por la Iglesia Católica. Pero le dio cuerda a los paladines de la innovación, con los alemanes a la cabeza. Y archivado el doble sínodo sin vencedores ni vencidos, él mismo se ocupó de extraer los resúmenes en la exhortación apostólica "Amoris laetitia", en la que deslizó las novedades queridas por él en un par de sibilinas notas a pie de página, entre lo dicho y lo no dicho.
Pero justamente ese "desorden", palabra suya, que logró evitar en el sínodo, Francisco lo ha visto surgir después, porque las ambigüedades deliberadamente introducidas por él en "Amoris laetitia" han desatado una ingobernable explosión de interpretaciones teóricas y de aplicaciones prácticas contradictorias.
Con el resultado, por ejemplo, que en la diócesis de Roma se admite la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar y que viven "more uxorio", mientras que en la diócesis de Florencia todavía no; en San Diego sí y en Filadelfia no. Y así en todo el orbe católico, donde entre diócesis y diócesis y entre parroquia y parroquia se aplican ya las prácticas más diferentes y opuestas, y todas se remiten a la respectiva lectura de "Amoris laetitia".
No sólo están en juego los sí o los no a la comunión, sino el final de la indisolubilidad del matrimonio y la admisión del divorcio también en la Iglesia Católica, como ya está sucediendo entre protestantes y ortodoxos.
Cuatro cardenales, el italiano Caffarra, el estadounidense Burke y los alemanes Meisner y Brandmüller, éstos últimos en la postura opuesta a la de otros connacionales suyos, han pedido públicamente al Papa que resuelva con una palabra de una vez por todas las "dudas" doctrinales y prácticas puestas en circulación por "Amoris laetitia".
Francisco no ha respondido hasta ahora. Ni lo podrá hacer, a menos que se contradiga a sí mismo.
(Traducción en español de José Arturo Quarracino, Temperley, Buenos Aires, Argentina)
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Esta nota ha sido publicada en "L'Espresso" n. 3 del 2017, en los kioscos el 22 de enero, en la página de opinión titulada "Settimo cielo" confiada a Sandro Magister.
He aquí el índice de todas las notas precedentes:

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