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miércoles, 31 de diciembre de 2025

El año que todo fue quedando cada vez más claro






DURACIÓN APROX: 5 MINUTOS

NOTICIAS 29, 30 Y 31 DE DICIEMBRE DE 2025





ADELANTE ESPAÑA


El padre Custodio Ballester frente a los leones del siglo XXI | Pablo Gª Conde

2026, el año decisivo: Cárcel o golpe institucional de Sánchez


INFOVATICANA


Olivera Ravasi explica lo de Nigeria a la luz de la DSI

Una exmusulmana convertida al catolicismo alerta del silencio eclesial ante el islamismo en Europa



Selección por José Martí

NIGERIA, TRUMP y la Guerra justa. ¿Está bien lo que hacen?

   QUE NO TE LA CUENTEN



Hace unos días, el presidente Trump brindó apoyo militar para que Nigeria, a pedido de su gobierno, pudiese controlar los ataques indiscriminados que los yihadistas vienen realizando contra la comunidad cristiana de ese país. Se nos ha preguntado acerca de si esa ayuda brindada podría ser lícita desde la moral católica, a pesar de que Trump no fuese católico.

Sin embargo, venga aquí para nosotros un resumen sobre el tema.

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DURACIÓN DEL VIDEO 23:46 MINUTOS


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1. El principio magisterial de la guerra justa

La Iglesia boga por la paz, no por el pacifismo (que son cosas distintas), por lo que enseña que, el uso de la fuerza armada, puede ser moralmente lícito bajo ciertas condiciones.

– “La legítima defensa puede ser no sólo un derecho, sino un deber grave, para quien es responsable de la vida de otros”. (Catecismo, nro. 2265)

– “La Iglesia propone los criterios tradicionales de la llamada ‘guerra justa’.” (Catecismo, nro. 2309)

Pero: ¿Cuáles son esos criterios para que una guerra sea considerada justa desde la moral? La doctrina católica, comenzando por San Agustín y pasando por Santo Tomás los ha resumido así:

a. Debe haber un daño cierto, grave y duradero: pues bien, en Nigeria, desde hace años vienen dándose de parte de los musulmanes radicales, una serie de asesinatos masivos, secuestros, limpieza religiosa y ataques sistemáticos a civiles sin que el gobierno pueda frenarlos.

b. Ineficacia de otros medios: en ese país, durante años se han intentado negociaciones fallidas ante una grave incapacidad del Estado, lo que permitió la expansión del terrorismo. Es decir, los medios pacíficos demostraron ser insuficientes.

c. Fundadas probabilidades de éxito: el apoyo militar de USA debilitó estructuras terroristas, permitió proteger zonas concretas e, importante, fue solicitado o aceptado por autoridades locales.

d. Proporcionalidad: lo sucedido, no se trató de una invasión total, de una guerra indiscriminada o de un castigo colectivo, sino de operaciones limitadas contra grupos armados, por lo que el principio de proporcionalidad podría considerarse respetado al menos en la intención.

A su vez, por lo que intenta verse hasta el momento (por más que puedan existir otras intenciones ocultas como las económicas, petroleras, etc.), la intención parece clara: proteger civiles, detener un mal grave y ayudar a una nación desbordada que ha pedido ayuda.

Que alguien diga “es que Trump está contra los migrantes” o que “es un mujeriego”, etc., nada tiene que ver. La moral católica no juzga personas, sino actos.

“¿Que podrán haber abusos y pecados concretos, como en toda guerra?” Pues ¡claro que sí!, pero esto no invalida el juicio moral de los actos. Si hubiesen ataques deliberados a civiles, excesos injustificados o violaciones al derecho humanitario, claro que también sería un acto reprochable, pero esto no invalida en sí la licitud del principio de intervención defensiva.

2. Algunas opiniones de algunos prelados nigerianos

Dado que no somos nosotros los que tenemos la información completa como para juzgar, desde nuestros escritorios, lo que allí está sucediendo por lo que, como corresponde a quien desea analizar la realidad, es bueno ir a los que están en el fango. Veamos:

“Fue la mejor noticia que Nigeria ha recibido en 20 años… es una garantía de que lo que sucede en Nigeria no es desconocido en el mundo y que al mundo le importa lo que nos pasa” (Padre Patrick Alumuku, Director de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Abuja). https://www.aciafrica.org/news/19337/us-strikes-on-isis-in-nigeria-potentially-helpful-way-to-bring-some-hope-catholic-bishop-says-as-priest-concurs

“Ya era hora… Es bueno que el gobierno nigeriano esté abierto a la asistencia internacional frente a una inseguridad abrumadora” (Mons. John Bogna Bakeni, Obispo auxiliar de Maiduguri) https://www.osvnews.com/nigerian-catholic-church-leaders-give-mixed-reaction-to-us-airstrikes

“El ataque estadounidense ha sido declarado una operación conjunta por las autoridades nigerianas como una acción bienvenida para disminuir los ataques de insurgentes y terroristas… Esto puede dar algo de esperanza contra la violencia que ha perdurado por largo tiempo” (Mons. Emmanuel Adetoyese Badejo, obispo de Oyo). https://www.aciafrica.org/news/19337/us-strikes-on-isis-in-nigeria-potentially-helpful-way-to-bring-some-hope-catholic-bishop-says-as-priest-concurs

“Sin el apoyo de Estados Unidos, Nigeria no tiene oportunidad contra los yihadistas que han infiltrado incluso a la clase política” (Mons. Moses Aondover Iorapuu (vicario general, Diócesis de Makurdi) https://www.osvnews.com/nigerian-catholic-church-leaders-give-mixed-reaction-to-us-airstrikes

Veremos cómo sigue en el futuro.

Salvo mejor opinión

P. Javier Olivera Ravasi, SE

30 de Diciembre de 2025

León XIV, accidentes restaurados, sustancia pendiente



Nuestro admirado Wanderer ha hecho un inventario minucioso —y confieso que en buena medida gozoso— de los pequeños signos de normalidad litúrgica, estética y protocolaria que León XIV ha ido recuperando en apenas unos meses. Y no seré yo quien niegue el alivio espiritual que produce volver a ver una muceta, una faja bordada o una sotana que no transparenta como mortaja de hospital. Hay cosas que, sencillamente, reconcilian con la vista y con la memoria.


El problema no es que esos signos sean irrelevantes. El problema es creer que bastan.

Porque mientras celebramos —con razón— que el Papa vuelve a vestirse como Papa, cuesta no advertir que al mismo tiempo sigue nombrando y sosteniendo obispos abiertamente heréticos, algunos con currículo ideológico impecable y otros con historial pastoral directamente devastador. La muceta está bien; el episcopado que la rodea, no tanto.

Nos alegramos de que la Misa del Gallo haya recuperado una hora sensata, acercando a la medianoche su espesor simbólico, su silencio y su espera. Pero el reloj litúrgico, por muy bien ajustado que esté, no compensa el hecho de que las víctimas de abusos sigan encontrando muros, silencios o biografías oficiales que las retratan poco menos que como un estorbo. La liturgia gana profundidad; la justicia, no.

Celebramos que Castelgandolfo vuelva a tener vida papal, que haya descanso, natación, conciertos y una cierta normalidad humana que Francisco había convertido en sospechosa. Pero ese aire veraniego no disimula que el actual Pontífice haya estampado su firma en uno de los documentos marianos más empobrecedores que se recuerdan, reduciendo a la Virgen a una figura funcional, casi decorativa, cuidadosamente despojada de su papel como Mediadora de todas las gracias.

Es verdad: el escudo pontificio vuelve a estar bordado donde corresponde. Y sin embargo, ese mismo Papa ha equiparado públicamente la pena de muerte con el aborto, colocando en el mismo plano un mal intrínseco absoluto y una cuestión moral compleja ya tratada con precisión por la Tradición. Mucho hilo de oro… y demasiada confusión conceptual.

La sotana, al menos, ya no es transparente. Es más gruesa, más digna, más romana. Lástima que esa densidad textil no se haya trasladado al discurso teológico, donde la corredención de María se diluye hasta casi desaparecer, cuidadosamente minimizada para no incomodar sensibilidades contemporáneas.

Hay gestos que reconfortan: reliquias de mártires de la Cruzada, adoración eucarística con jóvenes, silencio real, rodillas en tierra. Son momentos buenos, auténticos, que uno querría conservar. Pero incluso esos destellos quedan ensombrecidos cuando el mismo pontificado bendice bloques de hielo en clave Agenda 2030, eleva el cambio climático a dogma moral y acoge jubileos identitarios que legitiman, simbólicamente, una antropología incompatible con la fe católica y atraviesan la puerta Santa de san pedro con sus banderas arcoiris.

Sí, el Fiat 500 ha sido aparcado. Ahora hay un coche acorde al rango. Pequeña victoria estética. Pero no hay cambio de vehículo que tape una biografía oficial que ataca vilmente a víctimas de negligencias pasadas, reescribiendo la historia con una frialdad que no se cura con terciopelo rojo ni con madera dorada.

Todo esto no invalida lo que Wanderer señala. Al contrario: lo confirma. Las tradiciones importan. Los signos importan. Los accidentes revelan la sustancia.

El problema empieza cuando los accidentes brillan mientras la sustancia se agrieta.

Agradecemos la muceta. Celebramos la dalmática. Nos alegra el latín, el canto, los candelabros y la cruz central, todavía escorada. Pero la Iglesia no se salva con escenografía, ni con una restauración estética que no va acompañada de claridad doctrinal, justicia moral y verdad sin rebajas.

Con todo el cariño —y precisamente por ese cariño— conviene decirlo claro:

los signos son buenos cuando acompañan a la verdad; cuando la sustituyen, se convierten en coartada.

Y de eso, por desgracia, ya tenemos demasiada experiencia.

Carlos Balén | 31 diciembre, 2025

lunes, 29 de diciembre de 2025

Cristofobia y cristianofobia



La cristofobia y cristianofobia definen uno de los mayores dramas de nuestro tiempo. Millones de cristianos sufren persecución, violencia o asesinatos atroces por confesar su fe.

La cristofobia se centra en el odio directo a Jesucristo y al núcleo del Evangelio. Ataca por odio la figura de Cristo y su mensaje.

La cristianofobia es la consecuencia lógica de la cristofobia. Es el rechazo, el desprecio, la discriminación e incluso el asesinato contra el cristianismo en general y contra los cristianos que siguen a Jesucristo.

En la práctica, ambos términos describen una misma realidad. El odio, el prejuicio y la hostilidad golpean a los cristianos por su fe y por los valores que defienden.

Hoy, la cristofobia y cristianofobia avanzan de dos formas distintas pero complementarias. Una actúa con violencia física, contra el cuerpo. La otra destruye el alma mediante la humillación y la cancelación.
La cristofobia sangrienta: un genocidio silenciado

La forma más brutal de cristofobia se desarrolla en Oriente y en amplias zonas de África y Asia. Cada año, miles de católicos mueren asesinados por odio a la fe. Este fenómeno no resulta marginal. Configura un verdadero genocidio religioso que afecta a comunidades enteras. Familias completas viven bajo amenaza constante por acudir a misa o portar una cruz.

La cristofobia y cristianofobia sangrientas se extienden por varios continentes. Terroristas, islamistas yihadistas, milicias y regímenes comunistas enemigos atacan iglesias, aldeas y sacerdotes. A pesar de su magnitud, los grandes medios de comunicación apenas informan. Además, gobiernos y organismos internacionales callan. Ese silencio y cobardía convierte a muchos en cómplices de la persecución.

La historia demuestra que la fe no se apaga con la violencia. Los mártires sostienen a la Iglesia con su testimonio. Su sangre nunca destruye la verdad. Sin embargo, el mundo actual prefiere ignorar esta realidad. La persecución religiosa se ha convertido en la gran tragedia silenciada del siglo XXI.
La cristianofobia humillante en Occidente

Occidente ha desarrollado otra forma de persecución. No busca la muerte física -por ahora-, pero sí la destrucción moral y espiritual del cristiano.

Todo creyente sufre ridiculización, limitación de la libertad de expresión y religiosa así como cancelación por expresar su fe. Las élites culturales atacan símbolos cristianos sin consecuencias. Las administraciones y partidos políticos la promueven.

La cristofobia y cristianofobia occidentales eliminan la libertad religiosa y de expresión. Las leyes y la presión social empujan al silencio y la marginación.

Este tipo de persecución resulta más peligroso. No genera mártires visibles. Provoca deserciones, cobardía y renuncias interiores. Muchos cristianos esconden su fe por miedo al rechazo laboral o social. Otros aceptan la autocensura como norma diaria.

Occidente persigue el alma. Mata la identidad cristiana sin derramar sangre. Ese método resulta más eficaz y devastador.
Orgullo, fe y resistencia cultural

Ante este escenario, los cristianos deben reaccionar. La cristofobia y cristianofobia avanzan cuando encuentran silencio y miedo. Ha llegado el momento de dar un paso adelante. Los cristianos no deben pedir perdón por creer en Jesucristo ni por defender la verdad. Es más, nos debemos sentir orgullosos por ello. Y como consecuencia de ello, debemos llevar a Cristo a todos los rincones de nuestra sociedad.

La fe cristiana construyó Europa. Fundó iglesias, hospitales, universidades y derechos fundamentales. Nadie puede borrar esa herencia. Los católicos no nos arrodillamos ante ideologías, Estados ni poderes globales. Solo reconocemos autoridad a Dios.

Defender la libertad religiosa implica defender todas las libertades. Cuando se ataca al cristianismo, se debilita la dignidad humana.

La respuesta exige valentía, coherencia y orgullo sereno. La historia demuestra que la verdad siempre sobrevive. El silencio ya no resulta una opción.

El cristiano no se esconde. Da testimonio. Cree. Resiste. Y nunca se arrodilla ante nadie que no sea Dios.

Los niños abortados: ¿van al Cielo? Sermón del P. Javier Olivera Ravasi, SE

QUE NO TE LA CUENTEN





DURACIÓN 15 MINUTOS


P. Javier Olivera Ravasi, SE

Parroquia Star of the sea 28 de Diciembre de 2025

En el primer domingo después de Navidad, la Iglesia recuerda hoy a los Santos inocentes, los niños que, sin haber conocido aún a Cristo, murieron en manos del inicuo Rey Herodes.

Hoy, por lo tanto, es un día para recordar a aquellos mártires, sin embargo, quería aprovechar para reflexionar acerca de lo que sucede con los niños muertos sin bautismo y, especialmente, aquellos que mueren por el aborto. Es decir, no mueren, sino que son asesinados.

¿Qué pasa entonces con ellos?¿a dónde van?¿qué dice la Iglesia?

¿Puede entrar alguien al Cielo sin el bautismo?

Veamos primero lo que dice la Sagrada Escritura.

Mc 16,15-16: “Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará”.

Y también:

Juan 3,5: “el que no nazca del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”.

¿Entonces? Si un niño muere sin el bautismo, sea porque murió antes de haber sido dado a luz o porque lo mataron, ¿puede entrar al cielo o no?

1) El documento de 2007

En el año 2007, siendo Papa aún Benedicto XVI, La Comisión Teológica Internacional (CTI), dependiente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, publicó un documento titulado así: “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo”, donde se señala que hay una “ausencia de una enseñanza explícita en el Nuevo Testamento sobre el destino de los niños no bautizados”.

Es decir: en todo el Nuevo Testamento no hay algo claro acerca de qué es lo que sucede con las almas de los niños que han muerto sin haber recibido el primero y principal de los sacramentos: el bautismo.

a. Los Padres griegos

Pero entre los padres de la Iglesia, sólo uno de ellos, San Gregorio de Nisa (siglo IV), le dedica una obra al tema y dice que «la muerte prematura de los niños recién nacidos no es motivo para presuponer que sufrirán tormentos» en la otra vida. Es decir que, no porque un niño haya muerto sin el bautismo, irá al infierno necesariamente (cosa que repugna a la razón).

b. La Escolástica medieval y hasta nuestros días: el limbo de los niños

Santo Tomás de Aquino, por el contrario, planteaba que “los niños que no han alcanzado el uso de la razón y por lo tanto no han cometido pecados actuales… van a un lugar donde gozan de una plena felicidad natural y sin dolor alguno, pero no al Cielo”. Es lo que tradicionalmente se ha llamado “el limbo de los niños”.

c. La actual posición

Ahora bien, la Iglesia plantea actualmente que “hay razones teológicas y litúrgicas para motivar la esperanza de que los niños muertos sin Bautismo puedan ser salvados e introducidos en la felicidad eterna, aunque no haya una enseñanza explícita de la Revelación sobre este problema” (CTI, La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo).

Porque la Iglesia no puede inventar doctrinas, sino que transmite lo que ha recibido. Y sobre este tema, no hay nada explícito y claro en las Sagradas Escrituras o en la Tradición de la Iglesia.


2) Voy a dar entonces una posición teológica personal y esto, aclaro, no es lo que dice la Iglesia, pero tampoco va contra lo que la Iglesia enseña.

En los Evangelios, Santo Tomás Apóstol, el incrédulo, le dice a Jesús: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”.

Es allí cuando Cristo le responde la famosa frase: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6).

Porque Nuestro Señor no es sólo la Vida, sino el autor de la Vida.

Ahora bien: hoy muchos matan la vida de los no nacidos por comodidad, por odio a esa vida, por evitar la vida.

El hombre de hoy, al igual que la tentación de Adán, quiere ser como Dios, el autor de la vida y, por odio a la vida, matan al no nacido. Y lo hacen del modo más cobarde que exista.

Así entonces, esos niños, a mi parecer, están siento matados, aun sin conocer a Cristo, por odio al Creador y Señor; por odio a la vida, por odio al autor de la vida. Y por eso, se convierten también ellos en otros santos inocentes, como los que masacró Herodes, recibiendo en los propios vientres de sus madres, un bautismo: el bautismo de sangre que les abre las puertas del Cielo.

Y así, sin haber recibido el bautismo sacramental, reciben ese bautismo de sangre como sucede con los mártires. Aún sin saberlo ellos explícitamente y aún sin quererlo directamente quienes matan en un sacrificio diabólico, a los niños aún no nacidos.

Finalmente; en este día entonces, debemos rezar por aquellos que promueven y cometen el pecado del aborto: por su conversión y, especialmente, por aquellas mujeres que, lamentablemente, en un momento de desesperación, han caído en este pecado; un pecado que es perdonado por Dios pero que deja huellas muy profundas y que sólo la misericordia de Dios y la ternura de Nuestra Señora, la Virgen María, pueden curar con el tiempo.

P. Javier Olivera Ravasi, SE

San Francisco, 28 de Diciembre de 2025

Alegría de Navidad




La historia de la salvación es larga. Comienza, como leemos en el Génesis, incluso antes de la propia Creación. Antes de que existieran el espacio y el tiempo, Dios ya estaba preparando todo lo que habría de desplegarse. La culminación última de esa historia aún nos es desconocida, aunque se nos ha revelado en parte. Nuestra propia participación en la historia de la salvación se va desarrollando a cada instante. Y aunque Dios lo comprende todo desde fuera del tiempo, nuestras acciones y decisiones cooperan (o no) con el plan que Él estableció antes de la fundación del mundo.

Nosotros, las criaturas humanas, no somos seres eternos; tenemos un comienzo. Aunque nuestros cuerpos son mortales, nuestras almas no lo son; no tienen fin. A diferencia de Dios, somos cambiantes —mutables, en el lenguaje de teólogos y filósofos— tanto en nuestros cuerpos mortales como en nuestras almas inmortales.

Del estudio de la física aprendemos la conservación de la masa y la energía, según la cual toda la masa y la energía que han existido o existirán ya existen. Carl Sagan observó célebremente que somos «polvo de estrellas», lo cual es cierto en un sentido. Pero los orígenes celestes de nuestra existencia material no cuentan toda la historia. Somos más que fragmentos reciclados de los restos del Big Bang. Mucho más.

Con la creación de cada nueva alma, algo completamente nuevo llega a existir. La composición del cosmos cambia en especie, no solo en grado. Cuando una nueva persona entra en la existencia, la realidad misma queda alterada para siempre. Las almas no son polvo de estrellas, ni tampoco desaparecen.

Y así, cada día surgen cosas nuevas —cosas verdaderamente nuevas—. Cambios irrevocables, eternos, suceden a nuestro alrededor. Nuevas almas llegan a existir. Las almas quedan marcadas indeleblemente por el bautismo o por el orden sagrado. Las almas se separan, por un tiempo, de sus cuerpos mortales. Las almas son juzgadas. Y son salvadas o condenadas.

La historia de la salvación, narrada en algo parecido a su plenitud, es una historia no solo de la Creación, sino de la intervención continua de Dios. Dios visita a su pueblo. Establece alianzas con él. Lo llama hacia sí. Lo corrige y le muestra misericordia. Lo libera de la esclavitud. Cumple sus promesas.

El acontecimiento central de este largo relato de la historia de la salvación es, por supuesto, la mayor Novedad de toda la Creación. Un ángel se aparece a María, y ella concibe por obra del Espíritu Santo: el Verbo hecho carne. Un niño nace en Belén. Crece en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres. Es tentado. No tiene pecado. Predica la llegada del Reino y la buena nueva a los pobres. Realiza grandes milagros. Es traicionado, sufre, muere, desciende a los infiernos, resucita y asciende a la derecha del Padre. Envía el Espíritu Santo. Alimenta a su pueblo con su propio cuerpo y sangre. Cumple sus promesas.

La magnitud de este glorioso misterio es tan vasta que puede resultar difícil, si no imposible, contemplarlo todo de una sola vez. La Iglesia, en su sabiduría, lo recuerda a través de los ritmos del año litúrgico. Saboreamos un momento cada vez mediante nuestras fiestas sucesivas. El conjunto siempre está ahí, pero lo encontramos más a menudo en algún aspecto concreto: la vida de un gran santo, la conmemoración de grandes momentos en la vida de Nuestro Señor o de la Santísima Virgen, temporadas enteras de penitencia y de gozo.

Es en Pascua, y particularmente en la Vigilia Pascual, cuando la Iglesia dirige nuestra mirada hacia el horizonte más amplio. Escuchamos toda la historia de la salvación, y la plena gloria y el significado de la Resurrección se hacen tan claros para la mente mortal como nuestra liturgia y nuestra alabanza pueden lograrlo. La alegría pascual es cósmica, triunfante, exaltante. La alegría pascual es todo trompetas y luz cegadora. La alegría pascual es apocalíptica en el sentido más antiguo: una revelación de lo que antes estaba oculto en la mente divina.

La alegría de este tiempo, la alegría de Navidad, es de un timbre completamente distinto. La alegría de Navidad es humilde, silenciosa, menos exaltada y, de algún modo, más profundamente… humana. La alegría de Navidad es tan distinta de la de Pascua como la sonrisa de un bebé dormido lo es de la marcha triunfal del Rey de reyes.

Distinta y, sin embargo, de algún modo la misma. El Niño en el pesebre es el mismo Cristo que vence a la muerte. Pero que lo contemplemos primero como un niño manso y vulnerable, cuya llegada es conocida solo por María, José y unos pocos pastores, es una gracia asombrosa.

La Navidad nos permite saborear cuán plenamente humano es este Niño-Cristo. Su humanidad no es un mero revestimiento o apariencia. Es su naturaleza. Así como la gracia se apoya en la naturaleza y la perfecciona, el triunfo divino de la Pascua se apoya en la alegría humana de la Navidad y la perfecciona.

Podemos comprender más plenamente la divinidad de Cristo resucitado cuando llegamos a conocer primero la humanidad —nuestra propia humanidad— en el niño dormido del pesebre. En este sentido, la Navidad no es solo un hito temporal o cronológico en el misterio de la Encarnación —debe nacer antes de poder sufrir y morir—, sino una preparación para quienes no podemos comprenderlo todo de una vez.

En la penumbra del pesebre, bajo la estrella, se permite, por así decirlo, que nuestra vista espiritual se vaya ajustando. Se nos concede empezar a ver poco a poco. Al principio se nos ahorra el resplandor pleno e insoportable de aquella mañana de domingo en primavera. Reunidos en torno al pesebre, la realidad de lo que Dios está haciendo comienza, literalmente, a amanecer ante nosotros.

En esto vemos la generosidad de nuestro Dios, que no solo viene a salvarnos, sino que lo hace con la ternura silenciosa de un niño dormido.

¡Qué alegría!

Stephen P. White

miércoles, 24 de diciembre de 2025

Müller cuestiona la política vaticana sobre tradición y diálogo: «hacia su propia gente no muestran respeto»



El cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha acusado al Vaticano de aplicar un doble rasero perjudicial en su insistencia en el diálogo y el respeto, afirmando que estos principios se aplican de forma selectiva y que, con frecuencia, no se extienden a los propios católicos fieles.

En una entrevista reciente concedida a Pelican +, y recogida por The Catholic Herald, el purpurado alemán sostuvo que los enfoques actuales han profundizado las divisiones internas en lugar de sanarlas. Según explicó, mientras las autoridades eclesiásticas subrayan constantemente la apertura y el respeto en su relación con movimientos culturales contemporáneos, esa misma actitud no se mantiene de forma coherente con los católicos practicantes, especialmente con aquellos que desean asistir a la Misa tradicional en latín.

«No ha sido algo bueno»

Las declaraciones del cardenal se producen en el contexto del prolongado debate en torno a las restricciones impuestas a la celebración del rito romano tradicional, una decisión que ha afectado a diócesis y comunidades religiosas en todo el mundo. Preguntado directamente por esta política, Müller afirmó que «no ha sido algo bueno» que el papa Francisco haya suprimido el rito tridentino «de manera autoritaria».

El ex prefecto fue más allá y sugirió que la retórica del pontífice ha estigmatizado injustamente a un sector significativo de fieles católicos. Según Müller, el Papa habría causado «daño y una injusticia» al acusar de forma generalizada a quienes aman la forma antigua del rito de estar en contra del Concilio Vaticano II, «sin una distinción justa entre las personas».

El cardenal subrayó que la unidad de la Iglesia no puede sostenerse mediante medidas coercitivas. «No tenemos un sistema de Estado policial en la Iglesia, ni lo necesitamos», afirmó, añadiendo que «el Papa y los obispos deben ser buenos pastores».

El orden revela lo que realmente se cree

Más allá de la cuestión litúrgica, Müller planteó un interrogante más amplio sobre la identidad y la orientación actual de la Iglesia. La forma en que la Iglesia ordena sus prioridades revela lo que cree sobre la verdad, la autoridad y la persona humana, así como si la doctrina es algo que debe vivirse y enseñarse o simplemente gestionarse y relegarse.

Desde esta perspectiva, las tensiones actuales no se reducirían a un conflicto de estilos litúrgicos o personalidades, sino que reflejarían un cambio más profundo en la cultura eclesial, donde la imagen y el gesto tienden a sustituir a la coherencia teológica. En este sentido, el cardenal rechazó que su crítica sea una nostalgia conservadora por el pasado, y la presentó como el diagnóstico de un patrón más profundo.

«Todo el tiempo hablan de diálogo y respeto hacia otras personas», afirmó Müller, añadiendo que «cuando se trata de la agenda homosexual y de la ideología de género, hablan de respeto, pero hacia su propia gente no muestran respeto».

Un compromiso selectivo

El problema, según explicó, no es el compromiso de la Iglesia con el mundo moderno, algo acorde con su naturaleza universal, sino cuando ese compromiso se vuelve performativo, selectivo y desvinculado del centro doctrinal de la fe católica. Esto revelaría, a su juicio, una incapacidad para distinguir entre un apego legítimo a la tradición y una oposición ideológica al Concilio.

El resultado sería una Iglesia cada vez más cómoda con el espectáculo público, los grandes eventos y una comunicación cuidadosamente controlada, pero menos segura ante el trabajo silencioso y constante de la formación doctrinal. Mientras Roma se llena de congresos, conciertos y actos diseñados para proyectar apertura y relevancia, muchos católicos que piden continuidad, doctrina y tradición —señala la fuente— son tratados como un problema a gestionar, en lugar de como miembros plenos de la Iglesia católica.

La Sexta constata el auge de la Misa tradicional

INFOVATICANA



Que la televisión generalista española La Sexta —a través de su programa La Sexta Columna— haya dedicado parte de su programa a explicar el auge de la Misa tradicional no es un detalle menor. Es, más bien, una señal de que un fenómeno que hasta hace poco se consideraba marginal empieza a ser lo bastante visible como para entrar en el radar de los medios generalistas, y además con una objetividad mayor de la previsible.

Un dato relevante del reportaje no es solo el enfoque, sino la constatación explícita del fenómeno desde dentro de la propia jerarquía. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, hizo esta declaración en el propio programa: «los movimientos juveniles que más crecen son, precisamente, los vinculados a la liturgia tradicional». No se trata de una impresión externa ni de una lectura interesada, todas instancias son conscientes del fenómeno.

Junto a Argüello, el espacio recabó opiniones de «expertos» más o menos orientados como Cristina López Schlichting y Jesús Bastante. Pero el hecho merece subrayarse por un motivo simple: ninguno niega ya la existencia del fenómeno. Con matices y enfoques distintos, el punto de partida quedó fuera de discusión: hay un crecimiento real, especialmente entre jóvenes, y hay un interés social y eclesial que ya no se puede despachar con tópicos.

El programa recogió algunas de las claves que explican por qué esta liturgia atrae. Se habla de una mayor presencia de hombres en estas celebraciones, de la búsqueda de una diferenciación más clara entre lo sagrado y lo profano, y del atractivo de un ritual bimilenario que conecta con la continuidad histórica de la Iglesia. Para muchos jóvenes —y especialmente para familias jóvenes— el valor está ahí: no en una experiencia “a medida”, sino en algo recibido, estable, objetivo, que no depende del gusto del celebrante ni del clima cultural del momento.

En España, el fenómeno todavía no ha estallado de forma masiva. Existe, sí, una realidad creciente, pero concentrada: hitos como la peregrinación a Covadonga, y capillas o parroquias puntuales con una vida litúrgica y comunitaria notable. Aun así, todo indica que la tendencia está lejos de agotarse. En buena medida, todavía está empezando.

Fuera de nuestras fronteras el patrón ya es conocido. En Francia, en Estados Unidos y en otros países, la extensión de la liturgia tradicional ha ido acompañada de un dato pastoral difícil de ignorar: seminarios que vuelven a llenarse allí donde esta forma litúrgica ha encontrado espacio y normalidad. No es el único factor, pero sí un indicador recurrente: donde la liturgia se vive con densidad, hay más disponibilidad vocacional; donde se diluye el misterio, la llamada se vuelve más rara y frágil.

Que los medios generalistas empiecen a intuirlo es, de algún modo, un signo “irremediable” de que esto viene con fuerza. La agenda eclesial también lo refleja: el consistorio de cardenales del 7 y 8 de enero abordará este tema. Y mientras tanto, en el terreno cultural —que hoy pasa en gran parte por lo digital— el contenido asociado a la Misa tradicional acumula millones y millones de impactos en redes sociales, con una presencia especialmente intensa en generaciones jóvenes.

En el fondo, este retorno litúrgico expresa algo más profundo: una corrección generacional. Muchos jóvenes perciben que se heredó una forma de celebrar que, con frecuencia, se volvió blanda, excesivamente horizontal, superficial en símbolos, y pobre en lenguaje sagrado. Cuando la liturgia se convierte en una conversación informal o en un acto indistinguible de cualquier reunión social, deja de ofrecer lo que promete: trascendencia, misterio, orientación de la vida hacia Dios.

Eso ha tenido consecuencias. No solo en la estética o en la experiencia subjetiva, sino en la capacidad de engendrar vocaciones y de proponer una identidad cristiana robusta. Una liturgia que rebaja continuamente el listón tiende a producir comunidades debilitadas, con menos impulso misionero y menos atractivo para perfiles amplios. La percepción de muchos jóvenes es que esa dinámica ha contribuido a vaciar seminarios y a empobrecer la vida eclesial.

La Misa tradicional aparece, para ellos, como lo contrario: silencio, trascendencia, belleza objetiva, disciplina y un lenguaje simbólico que no pide permiso a la época. No ofrece una experiencia “personalizada”; ofrece un marco que educa, exige y sostiene. Y precisamente por eso, en un tiempo de dispersión y fatiga cultural, resulta extrañamente liberador.

Por todo ello, el retorno de la liturgia tradicional no parece una moda pasajera ni un capricho minoritario. Es un síntoma de cambio de ciclo. Y la pregunta que se abre para la Iglesia en España ya no es si existe este fenómeno —porque incluso en La Sexta se ha narrado con claridad y con la propia declaración de Argüello dentro del programa—, sino cómo sabrá encauzarlo: con inteligencia pastoral, sin caricaturas y sin miedo a reconocer que, para una parte creciente de la juventud católica, la tradición no es un refugio, sino una promesa de futuro.

P. Zarraute: ¡Asalto al Altar!: El virus masónico y la traición de la 'Iglesia del Espectáculo



DURACIÓN 1:48:36

sábado, 20 de diciembre de 2025

jueves, 18 de diciembre de 2025

Lefebvre nunca fue Sedevacantista (Siscoe/Salza Refutan a Cekad)



La desesperación del Padre Cekada cae aún más bajo: Acusa al Arzobispo Lefebvre por su sedevacantismo

El P. Cekada publicó ayer otro video en respuesta a nuestro libro, True or False Pope? Refuting Sedevacantism and Other Errors (¿Papa Verdadero o Falso? Refutando el Sedevacantismo y Otros Errores). Pero como en todos sus videos anteriores, Cekada no intenta confrontar ninguno de nuestros argumentos teológicos refutando su posición. Esto es bastante revelador, ya que le hemos entregado casi 700 páginas de argumentos teológicos a criticar, y muchas de esas páginas están dedicadas a exponer con particular detalle y atención, sus propias posiciones erróneas. Al no responder a nuestros argumentos ni enfrentar la teología de nuestro libro, el P. Cekada concedió efectivamente que no puede responder. No tiene respuesta.

¿Cuál fue el propósito del último video de Cekada? Créase o no, Cekada intenta defenderse y defender su posición Sedevacantista acusando al Arzobispo Lefebvre de ser Sedevacantista, ¡y luego acusa al Arzobispo por conducirlos a él y algunos colegas al Sedevacantismo cuando eran seminaristas! Lo que lee es correcto. Dado que Cekada no puede defenderse a sí mismo y sus teorías erróneas en cuanto a los asuntos teológicos, ¡su nueva táctica es darle todo el crédito por su Sedevacantismo al Arzobispo Lefebvre – si bien el Arzobispo no era Sedevacantista, e incluso expulsó a sacerdotes de su sociedad religiosa por ser Sedevacantistas! ¿Pueden imaginarse, queridos lectores, una maniobra más desesperada y reveladora? Nosotros, francamente, no podemos. Y evidentemente muchos católicos concuerdan con nosotros, porque estamos inundados por correos electrónicos sobre la desesperación de Cekada en su último video, cosa que cualquier católico tradicionalista puede ver.

La acusación del P. Cekada que el Arzobispo Lefebvre era Sedevacantista no es sólo una total mentira, sino que el argumento entero es una clásica maniobra de distracción, diseñada para alejar la atención del púbico de su incapacidad para responder a nuestro libro. Al argumentar de esta manera, Cekada simplemente nos informa que no puede defender su posición teológicamente. Sino que debe recurrir a distracciones y artimañas que en sus videos disfraza con humor barato, con la esperanza de poder mantener a su audiencia entretenida y alejada de los verdaderos asuntos teológicos. De hecho, no hay duda que Cekada elige filmar videos antes que comprometer sus respuestas por escrito, como hacemos nosotros; es más fácil cubrir las deficiencias y persuadir a una audiencia simple a través de videos atractivos, que a través de una genuina erudición. Esta es considerada una respuesta afeminada de los que no pueden refutar los argumentos de sus oponentes sobre temas sustanciales. Pero el que ríe no es el público a quien el video fue destinado (si bien no hay nada gracioso en un sacerdote que pasa su tiempo generando videos tan sonsos en el santo tiempo de Cuaresma).

Por supuesto, quienes han seguido este debate pueden ver fácilmente que el sacerdote con “anteojos de sol” y “silla de director” (tal como lo describe su colega el Obispo Dan Dolan) se juega al todo o nada en una campaña por contener los daños, luchando por salvar su fama a cualquier precio, incluso a expensas de la reputación del venerable Arzobispo Lefebvre. Ciertamente, cuantos más videos hace Cekada, mayor daño hace a su propia posición y credibilidad, y su desesperación resulta patentemente obvia para todos. Y su último esfuerzo por “llevarse” al Arzobispo Lefebvre consigo sólo muestra que Cekada sabe que su Sedevacantismo está prácticamente hundido.

Sin embargo, por ridículo que parezca el último video de Cekada, ofrece información que revela por qué abrazó personalmente el Sedevacantismo, y ayuda a explicar por qué no puede defender su posición teológicamente. Puntualmente, en el video, el P. Cekada admite que de seminarista aceptó el Sedevacantismo como una respuesta emocional, no teológica, a la crisis de la Iglesia; incluso admite que no pudo explicar su decisión en “términos teológicos formales” (si bien en primer lugar la cuestión de si un Papa es un Papa verdadero es una profunda cuestión teológica). No, Cekada basó su decisión en lo que él llama “el sentido católico que poseía,” en otras palabras, un sentimiento o emoción (que, irónicamente, es la manera en la que operan los Modernistas).

Esto nos ayuda a comprender por qué Cekada, incluso hoy, no puede defender su posición en “términos teológicos formales”. Esta es la razón por la que recurre a la voluntad, y no al intelecto, de su audiencia poco sofisticada, con videos que muestran caricaturas graciosas y sátira cómica, en lugar de una verdadera erudición. Nos dirigiremos a la raíz del error de Cekada (cómo se convirtió en Sedevacantista) en un próximo artículo. Por el momento, deseamos refutar su indignante acusación que el Arzobispo Lefebvre era Sedevacantista.

El Arzobispo Lefebvre Nunca fue Sedevacantista

Cualquiera con un mínimo de conocimiento sobre la posición del Arzobispo Lefebvre en la crisis de la Iglesia haría una mueca ante la poco convincente acusación de Cekada que Lefebvre era Sedevacantista. Evidentemente, la desesperación del P. Cekada llegó a un punto donde la verdad y su propia reputación son irrelevantes para él, al intentar defender la tesis Sedevacantista a toda costa. Para ser claros, los registros demuestran claramente que el Arzobispo Lefebvre nunca fue un Sedevacantista, en ningún momento de su vida. Como el P. Cekada sabe (o debiera saber) esto convierte su acusación en una mentira pública. Pero, como ha mostrado este reciente debate, el P. Cekada no está interesado en la verdad, incluso después de haber sido corregido públicamente.

Por ejemplo, en su video, “El Papa Habla. ¡Usted Decide!,” el P. Cekada mintió cuando dijo que “la SSPX financió el libro de Salza/Siscoe.” Le recordamos esta falsedad a Cekada en un artículo con el que le respondimos y titulamos “El Papa es Elegido. ¡Usted Decide!” No obstante, el P. Cekada ha persistido en su mentira pública repitiendo en su último video sobre el Arzobispo Lefebvre que “la SSPX financió el libro de Salza/Siscoe”, por lo tanto, convirtiendo su afirmación una mentira subjetiva (culpable). El P. Cekada continúa publicando esta afirmación falsa por escrito en su página web, perpetuando aún más la mentira.

El P. Cekada también mintió en un video reciente sobre Nestorius, al declarar que nosotros insinuamos que el Cardenal Billot estaba equivocado en cómo un Obispo hereje pierde jurisdicción, si bien nuestro artículo muestra claramente no sólo que estamos de acuerdo con Billot, sino que además mostramos que la posición de Billot refuta el Sedevacantismo. Ciertamente, el P. Cekada demostró ser un hombre que no está interesado en la verdad, y parece no tener escrúpulos en violar públicamente el Octavo Mandamiento con tal de defender su posición. Si bien podría decirse más al respecto, volvamos al tema del Arzobispo Lefebvre.

Para ayudarnos a entender la posición del Arzobispo y sus declaraciones sobre la crisis en la Iglesia, creemos que es importante explicar los pasos lógicos necesarios para convertirse en Sedevacantista. Hay cinco estadíos claros que uno atraviesa, siendo el último no sólo el rechazo del Papa, sino también el rechazo de la entera Iglesia visible sobre la cual él gobierna. Al explicar estos estadíos, demostraremos que el Arzobispo Lefebvre nunca fue más allá del primer estadío, el inicial, en el que simplemente se cuestiona si es posible que los Papas conciliares sean Papas ilegítimos. Este primer paso es uno que muchos católicos tradicionalistas (incluyendo estos autores, tal como mencionamos en nuestro libro) hantomado – pero la mayoría nunca avanza hasta el segundo estadío.

Los cinco estadíos: De Católico a Sedevacantista

Estadío 1 – Fase de cuestionamiento: como hemos indicado, la primera fase es una en la que muchos católicos tradicionalistas alguna vez han estado. Ciertamente escandalizados por las palabras y acciones de los Papas recientes y la situación desesperante de la Iglesia, se preguntan si quizás la respuesta es que estos hombres no fueron Papas verdaderos (algunos quizás lo pregunten en público, pero sin llegar a formar un juicio definitivo al respecto). Ambos autores enfrentamos esta fase, al menos preguntándonos en privado entre nosotros mismos, lo que nos llevó a investigar la posición Sedevacantista. Luego de la renuncia del papa Benedicto XVI y la elección del papa Francisco, quien ha hecho mucho daño a la Iglesia en un período corto de tiempo, incluso muchos católicos conservadores (no tradicionalistas) ahora también se encuentran en esta fase de cuestionamiento. A la luz de los continuos escándalos papales del Vaticano, esta fase es entendible, y ciertamente no hay nada malo ni pecaminoso en ello. Sin embargo, casi todos los católicos que entran en este estadío nunca van más allá.

Estadío 2 – Opinión Privada: La siguiente fase ocurre cuando uno concluye personalmente (el intelecto llega al juicio y lo sostiene) que el Papa no es el Papa verdadero. Algunos sacerdotes que alcanzan este estadío se niegan a incluir el nombre del Papa en el canon de la misa. Esta persona es un Sedevacantista privado.

Estadío 3 – Opinión Pública: la siguiente fase ocurre cuando la persona profesa públicamente su opinión que el Papa no es el Papa verdadero, e incluso puede intentar persuadir otros de tomar esa posición. Mientras que esta persona es un Sedevacantista público, también está en condiciones de aceptar que su opinión podría estar teóricamente equivocada.

Estadío 4 – Hecho público/Sedevacantismo: la siguiente fase ocurre cuando la persona presenta su opinión de que el Papa no es el verdadero Papa como un hecho, sin ninguna posibilidad de error. Consecuentemente, la persona sostiene que otros también deben aceptar su opinión como un hecho, o dejarían de ser católicos, al menos en el orden objetivo. Estas personas son conocidas como Sedevacantistas “dogmáticos”.

Estadío 5 – Hecho público/Ecclesiavacantismo: la fase final es la conclusión lógica de la anterior. En esta fase, la persona perdió la fe en la entera Iglesia visible. Cuando la persona llega a este estado, considera que la Iglesia es una Iglesia completamente falsa, y ataca viciosamente a la Iglesia con el objetivo de desacreditarla. En esta fase, que usualmente va de la mano con la fase anterior, los errores del clero no se exponen con el objetivo de defender la fe, sino para burlarse y desacreditar a la misma Iglesia. Aquellos que se encuentran en esta fase, declaran que uno no puede tener nada que ver con la Iglesia visible, ya que creen que es una Iglesia falsa. También suelen (no siempre) declarar que está prohibido incluso asistir a una misa “una cum” – es decir, una misa en la que es mencionado el nombre del Papa. Claramente, los apologetas más importantes del Sedevacantismo entran en esta categoría (P. Cekada, Ob. Dan Dolan, Ob. Sanborn, Mario Derksen, John Lane, John Daly, Gerry Matatics, los hermanos Dimond).

Comprendiendo estos estadíos, podemos ver más claramente cómo el P. Cekada equivocó por completo la posición del Arzobispo Lefebvre, que nunca fue más allá del cuestionamiento del Primer Estadío.

La Maniobra Protestante del P. Cekada:
(Utilizando Citas fuera de Contexto para Servir sus Pretextos)

Fiel a su método de apelar a la voluntad (y no el intelecto) de su audiencia, el P. Cekada comienza su video jugando la carta de la pena, aduciendo que el propósito de ¿Papa Verdadero o Falso? era describir a los Sedevacantistas “como totalmente, totalmente, malignos,” y habiendo “perdido la fe en la Iglesia.” Obviamente, el propósito del libro es refutar sobre bases teológicas los muchos errores del Sedevacantismo, y demostrar que el error no conduce a la pérdida de la fe en la Iglesia (Quinto Estadío). ¿No ha perdido acaso el P. Cekada la fe en la Iglesia que todo el mundo, exceptuándolos a él y sus colegas Sedevacantistas, llama la Iglesia Católica Romana? ¿Cómo puede el P. Cekada declarar que no ha perdido la fe en la Iglesia cuando sostiene que la jerarquía entera ha fallado, y no puede puntualizar dónde se encuentra hoy la unidad social visible (la verdadera Iglesia)? Sus compañeros Sedevacantistas, el Obispo Donald Sanborn, hasta prohíbe a sus seminaristas afirmar que hoy hay Obispos con jurisdicción. Si esto fuera verdad, no habría una jerarquía legítima en la Iglesia, dado que una “jerarquía legítima” requiere no sólo de Obispos válidamente consagrados, sino de Obispos válidamente consagrados con jurisdicción (otorgada por el Papa a los Obispos). Si una jerarquía legítima ya no existe, como afirma el Obispo Sanborn, eso significaría que la Iglesia infalible ha fallado. [1]

El P. Cekada luego pregunta: “¿Cómo llegamos a tanta maldad? ¿Quién nos condujo por este oscuro camino?” Después de acusarnos de llamar “enemigos de Cristo” a los Sedevacantistas (cuando nos referimos como enemigos de Cristo a los judíos del Viejo Testamento, cuyos pasos siguen los Sedevacantistas al perseguir al Cuerpo Místico de Cristo), el video se esfuma en una imagen grande del Arzobispo Lefebvre, seguido por el P. Cekada diciendo:

“Fue el mismo fundador de la Sociedad de San Pío X, Marcel Lefebvre, Arzobispo titular de Synnada en Phrygia, ¡y Sedevacantista! [Aquí Cekada agrega la introducción de la Tocata y Fuga en D menor de Bach, para dar un efecto especial.] Por eso es una idiotez que los sacerdotes de la FSSPX respalden las 700 páginas de hiperventilación anti-Sedevacantista de Salza y Siscoe. Si desean llamar a los Sedevacantistas como yo enemigos de Cristo, más les vale llamar también así a su fundador, el Arzobispo Lefebvre. ¿De dónde creen que obtuvimos la idea en primer lugar?”

La verdadera “idiotez” aquí es el vergonzoso intento de revisionismo histórico del P. Cekada, afirmando que Lefebvre era Sedevacantista, que “condujo a muchos de nosotros al Sedevacantismo,” cuando en realidad el Arzobispo rechazó enfáticamente la posición Sedevacantista (como veremos más abajo). Lo que también es una “idiotez” absoluta es que Cekada se refiera a nuestro compendio de teología de 700 páginas como “hiperventilaciones anti-Sedevacantistas.” Si nuestro libro tiene tan solo “hiperventilaciones” (insinuando que no tiene contenido teológico), entonces ¿por qué el P. Cekada no eligió directamente encarar los argumentos teológicos del libro, incluso después de haber asegurado a su audiencia que lo haría y que nosotros le desafiamos a que lo haga? Especialmente cuando esas 700 páginas contienen refutaciones teológicas detalladas de las propias teorías novedosas de Cekada. ¿Por qué, en su lugar, Cekada eligió ensuciar el buen nombre del Arzobispo Lefebvre, acusándolo de una posición que no sostuvo, y que Cekada evidentemente no puede sostener por sí mismo? La desesperación de Cekada no podría ser más palpable.

En un esfuerzo por respaldar su falsa declaración de que Lefebvre era Sedevacantista, el P. Cekada procede ofreciendo “a modo de catecismo” (según sus palabras) “algunas afirmaciones del Arzobispo en favor del Sedevacantismo.” “¿En favor del Sedevacantismo?” ¿Cómo “favorece” uno una posición que realmente rechaza? Cekada no lo dice. Pero de manera verdaderamente Protestante, Cekada despliega preguntas que él mismo generó para su video (ej., ¿Qué debemos pensar de los errores del Vaticano II? Si el Papa se adhiere a la Iglesia Conciliar, ¿cuál es el efecto?, etc.), y luego continúa con una cita fragmentada del Arzobispo Lefebvre, ¡como si el Arzobispo estuviera contestando directamente las preguntas que el mismo Cekada elaboró!

En otras palabras, Cekada fabrica preguntas y respuestas ficticias entre el Arzobispo Lefebvre y él, incluso dirigiéndose a Lefebvre en primera persona, como “Monseñor, díganos…” (¡como si Cekada estuviera hablando con él!), y luego tuerce las citas de Lefebvre fuera de contexto, es decir, fuera del resto de la tradición enseñada por el Arzobispo y la sociedad sacerdotal que él fundó – ¡que siempre rechazó el error del Sedevacantismo! El P. Cekada incluso recurre a un comentario que el Arzobispo supuestamente le hizo a él en 1979 (¡hace 37 años!) en una conversación privada, que presenta como cita, rodeada por un marco y acompañada con una foto de Lefebvre, como “evidencia oficial” de la posición Sedevacantista del Arzobispo (y que, como las demás citas, no prueba nada). Francamente, toda la presentación es un espectáculo triste y perturbador, especialmente porque viene de un sacerdote (y que, dada su conversación ficticia con el Arzobispo, no parece estar en su sano juicio).

Por supuesto, torcer citas fuera del contexto original es precisamente lo que hacen los Protestantes cuando intentan interpretar las Escrituras de manera contraria al significado dado por la Iglesia. Pero la técnica de Cekada es un gran ejemplo de cómo el espíritu del Sedevacantismo es el mismo que el del Protestantismo, donde el Sedevacantista/Protestante nos dice lo que la cita/Escritura significa realmente, aunque sea contrario al verdadero significado, según la misma fuente que citan.

Como puede ver cualquiera que mire el video, en ninguna de las citas elegidas por Cekada (y suponemos que eligió las “mejores”) el Arzobispo Lefebvre adopta una visión Sedevacantista. ¡En ninguna de ellas! Las citas simplemente muestran que el Arzobispo, como la mayoría de los católicos tradicionales alguna vez, se encontraba en la fase de cuestionarse (Primer Estadío) si un Papa verdadero podía hacer las cosas que los Papas conciliares hicieron. Pero él nunca fue más allá de este estadío, como el P. Cekada debe saber. De hecho, la presentación del P. Cekada es tan ridícula que él mismo debió tener un momento de lucidez, dado que al final del video se vio forzado a admitir que “por supuesto podría ser posible armar una colección de citas titulada: Marcel Lefebvre: Anti-Sedevacantista, o Marcel Lefebvre: Reconozca y Resista; y uno podría encontrar la misma cantidad de material.” (NB: en realidad, uno podría encontrar mucho más material del Arzobispo Lefebvre apoyando explícitamente la posición Reconozca y Resista.)

Pero al hacer esta concesión, el P. Cekada admite abiertamente que la misma evidencia que reúne para probar su tesis (las citas), ¡realmente no prueba su tesis! ¿Podía diseñar una presentación más perjudicial, más “dispárese a usted mismo”? Si un abogado presentara este caso, se le reirían en la corte y su cliente lo demandaría por mala praxis.

El Arzobispo Lefebvre rechaza la posición Sedevacantista

Como parte de su presentación, el P. Cekada nos critica por no incluir en nuestro libro las citas que eligió de Lefebvre, como si hubieran podido tener algún impacto en la conclusión del libro. Pero nosotros sí presentamos la posición del Arzobispo Lefebvre, al principio del libro, en el prefacio. De hecho, nos referimos a la acusación más condenatoria del Arzobispo Lefebvre sobre Juan Pablo II, en la que Lefebvre especula en 1986 que si el Papa continúa con su adoración interreligiosa (como en Asís 1986), posiblemente podría ser considerado un hereje público (lo cual el P. Cekada ciertamente incluye en su video).

Cuando se le señala que el Arzobispo Lefebvre vivió para ver las continuas y regulares participaciones de Juan Pablo II en las adoraciones paganas que se desarrollaron en Kioto (1987), Roma (1988), Varsovia (1989), Bari (1990) y Malta (1990), el Arzobispo aún se abstenía de declarar al Papa un hereje manifiesto (cosa que Cekada también sabe pero omite completamente en su video). También observamos que el Obispo Tissier (que fue consagrado por Lefebvre y estaba más familiarizado con la teología del Arzobispo que Cekada, quien de hecho sabe poco de teología) claramente articuló la posición del Arzobispo: “En sí mismo, él prefería considerarlos como Papas. Esto supone que no se sentía poseedor del conocimiento suficiente de los hechos pertinentes ni con poder necesario como para hacer tal juicio. Es de suma importancia tener esto en mente.» [2]

Esto sólo confirma que el Arzobispo nunca pasó del primer estadío (del cuestionamiento), dado que el segundo estadío requiere de un juicio, que, tal como el Obispo Tissier dijo, el Arzobispo no se sentía capaz de formular. Y es de crucial importancia tener esto en mente, especialmente para aquellos como el P. Cekada, que no tienen vergüenza de acusar de manera irresponsable que el difunto Arzobispo sostenía una posición que en realidad rechazó y que la misma Iglesia condenó, en el Cuarto Congreso Ecuménico de Constantinopla. Las aseveraciones del P. Cekada son verdaderamente despreciables, especialmente dado que él sabe bien que el Arzobispo incluso exigió a todos los seminaristas de Ecône que firmen un documento de “declaración de posición” afirmando que no eran Sedevacantistas, antes de ordenarlos. La razón que lo llevó a tomar esta medida fue que algunos de los que ordenó eran secretamente Sedevacantistas “Estadío 2” que sólo salieron del closet, por así decirlo, luego de ser ordenados; una práctica que Lefebvre quería aplastar a través del acuerdo escrito.

El P. Cekada también sabe que el Arzobispo reprimió a quienes promovían públicamente la posición Sedevacantista dentro de la Sociedad, e incluso expulsó al P. Guerard des Lauriers en 1977 y a Bernard Lucien en 1979 por su promoción del Sedevacantismo. ¿Dónde están estos datos dentro del video de Cekada? El Arzobispo también se negó a ordenar miembros de la comunidad religiosa del P. Olivier de Blignières que eran abiertamente Sedevacantistas. Nuevamente, ¿dónde se encuentran estos datos en el video de Cekada? Omitidos, por supuesto, porque el video de Cekada no está diseñado para transmitir la verdad, sino para engañar, para poder acusar al Arzobispo Lefebvre por haberlo llevado a adoptar la posición Sedevacantista (que, sospechamos, él ahora reconoce que es falsa). Nuestro libro, por el contrario, presenta fielmente la posición del Arzobispo. En todo caso, podríamos ser cuestionados por no incluir las muchas citas anti-Sedevacantistas de Lefebvre, que excluimos deliberadamente para dar crédito a los Papas, Concilios y teólogos clásicos de la Iglesia (sobre los cuales el mismo Lefebvre confiaba, y a quienes el P. Cekada no encontró manera de responder).

Para mostrar los delirios del P. Cekada sobre el asunto – un hombre claramente conducido por la emoción (voluntad) y no la teología o las enseñanzas de la Iglesia (intelecto) – en su página web, Cekada tiene un artículo escrito por un apologeta Sedevacantista, John Daly, en el que Daly afirma explícitamente que el Arzobispo Lefebvre nunca fue Sedevacantista. Es correcto. Luego de una introducción abierta por el mismo P. Cekada, Daly escribe:

“Hasta donde sabemos, el Arzobispo Lefebvre nunca formó un juicio definitivo acerca de si Juan Pablo II era o no un verdadero Papa. Entonces, si dividimos el espectro eclesial en dos categorías, aquellos para quienes la sede está legalmente vacante y aquellos para quien está legalmente ocupada, el Arzobispo Lefebvre se encontraría en el bando no-sedevacantista.»3

Pero no nos fiemos de las palabras del Sedevacantista John Daly. Tal como recomendó el P. Cekada en su video antes de desplegar las citas escogidas por él, dejemos que el Arzobispo Lefebvre “hable por sí mismo”. Hagamos eso, P. Cekada, con una sola cita del Arzobispo, que ofreció antes de expulsarlo a usted y su séquito Sedevacantista de la Sociedad. Y tomémosla de noviembre 1979, período en el que Cekada alega que Lefebvre fue un “Sedevacantista” que “conducía a otros hacia el Sedevacantismo”. En palabras del propio Arzobispo:

“Un Papa, ¿puede ser liberal y permanecer Papa? La Iglesia siempre ha amonestado severamente a los católicos liberales. No los ha excomulgado a todos. También aquí debemos permanecer dentro del espíritu de la Iglesia. Debemos rechazar el liberalismo, venga de donde venga, porque la Iglesia siempre lo ha condenado con severidad por ser contrario al Reinado de Nuestro Señor y en particular al Reinado Social.

«El alejamiento de los cardenales de más de 80 años y los conciliábulos que prepararon los dos últimos Cónclaves no tornan inválida la elección de esos Papas: inválida es mucho afirmar, pero sí eventualmente dudosa. Mas la aceptación unánime del hecho, posterior a la elección por parte de los cardenales y del clero romano, basta para convalidarla elección. Esta es la opinión de los teólogos.

«La cuestión de la visibilidad de la Iglesia es demasiado importante para su existencia, como para que Dios pueda omitirla durante décadas. El argumento de los que afirman la inexistencia del Papa pone a la Iglesia en situación confusa. ¿Quién nos dirá dónde está el futuro Papa? ¿Cómo podría ser designado un Papa donde no hubiera más cardenales? Este espíritu es un espíritu cismático, al menos para la mayoría de los fieles, que se afiliarán a sectas verdaderamente cismáticas como la del Palmar de Troya, la de la Iglesia Latina de Toulouse, y otras. Nuestra Fraternidad rechaza absolutamente compartir estos razonamientos. Queremos permanecer adheridos a Roma, al sucesor de Pedro, pero rechazamos su liberalismo por fidelidad a sus Antecesores. No tenemos miedo de decirlo respetuosa pero firmemente, como San Pablo frente a San Pedro.

«Por eso, lejos de rechazarlas oraciones por el Papa, aumentamos nuestros rezos y suplicamos para que el Espíritu Santo lo ilumine y lo fortalezca en el sostén y defensa de la fe.

«Por eso jamás he rechazado ir a Roma a su llamado o al llamado de sus representantes. La Verdad debe afianzarse en Roma más que en cualquier otro lugar. Pertenece a Dios, quien la hará triunfar.

“En consecuencia, no se puede tolerar en los miembros, sacerdotes, hermanos, hermanas, oblatas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X que rehúsen rezar por el Papa y que afirmen que todas las Misas del Novus Ordo Missae son inválidas. Ciertamente sufrimos por esta incoherencia continua, que consiste en elogiar todas las orientaciones liberales del Vaticano l1 y al mismo tiempo tratar de atenuar sus efectos… Pero esto nos debe incitar a rogar y a mantener firmemente la Tradición, pero no por eso afirmar que el Papa no es Papa.»

Aquí tenemos el verdadero pensamiento del Arzobispo en cuanto al Sedevacantismo y la propia Iglesia visible. Él rechazó el “espíritu cismático” del Sedevacantismo y se “negó” a “tolerar” a aquellos que, como Anthony Cekada, abrazaron dicha posición. En otras palabras, el Arzobispo Lefebvre rechazó el Sedevacantismo, tanto en teoría como en la práctica. Y sin embargo, el P. Cekada, en su video, tuvo la imprudencia de declarar: “para el Arzobispo Lefebvre, el Sedevacantismo era una posición sostenible por un católico.” No puede ser más evidente que el P. Cekada se burla del Arzobispo Lefebvre y de la verdad misma, y tiene el descaro de llamarse a sí mismo sacerdote católico tradicionalista. Él es un hombre que ha perdido toda credibilidad.

Es interesante que al final del video del P. Cekada, el espectador perceptivo verá que inconscientemente Cekada admite que no quería probar que el Arzobispo Lefebvre era Sedevacantista (no puede, por supuesto). Antes bien, Cekada revela que el propósito del video era hacer que la gente deje de escucharnos (a Salza y Siscoe), al representarnos como los “malos muchachos”, mientras que él y sus camaradas (¡incluyendo al Arzobispo Lefebvre!) son los “buenos muchachos”. Dice que el video y sus citas escogidas “bastan para nuestro único propósito aquí: un intento cínico a través de los señores Salza y Siscoe, de disparar el aire caliente de la Sociedad de San Pío X, para demonizar el Sedevacantismo y retratar a quienes se adhieren a él como engendros de Lutero. ¡No les crean, amigos!”

En otras palabras, él mismo lo admite, el único propósito del video de Cekada fue un completo acto de contención de daños. ¡No les crean, amigos! ¡No escuchen a los demonizadores, Salza y Siscoe, amigos! Por supuesto, el P. Cekada tiene una buena razón para preocuparse que sus “amigos” estén “creyendo” lo que nosotros (Salza y Siscoe) dicen sobre su secta, dado que no ha podido ofrecer una sola refutación teológica a nuestro libro o nuestros artículos que exponen sus muchos errores y deshonestidad (para más información, vayan a www.trueorfalsepope.com, y vean las secciones “Sedevacantist Watch” (Observador Sedevacantista) y “From the Mail” (Desde el Correo).

Sí, P. Cekada, los “amigos” lo están creyendo, y su último video en el que intenta culpar al Arzobispo Lefebvre por el Sedevacantismo porque usted no puede defender su propia posición, sólo le ha causado a usted más perjuicio, si eso fuera posible. Ciertamente, el único que en este debate está lleno de “aire caliente” es el P. Anthony Cekada. Y su globo acaba de reventarse.

John Salza y Robert Siscoe

[Traducido por Marilina Manteiga. Artículo original.]

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Notas

1 “La Infalibilidad del Cuerpo Magisterial [es decir, la jerarquía legítima] es al mismo tiempo una condición y una consecuencia de la infalibilidad de la Iglesia… el Cuerpo Magisterial en su conjunto no podría morir o fallar sin destruir irreparablemente la continuidad del auténtico testimonio” Wilhelm, Joseph y Scannell, Thomas, Un Manual de Teología Católica, vol. 1, 3ra Edición (Nueva York, Cincinnati, Chicago: Benzinger Bros., 1906), pp. 45-46.

2 Fideliter, 1988 (las negritas son nuestras).


4 Texto del Arzobispo Lefebvre, “La Nueva Misa y el Papa,” citada por Michael Davies, en Apologia Pro Marcel Lefebvre, Volumen 2, Capítulo XL.