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jueves, 21 de mayo de 2026

Blanca Parga va al fondo de la cuestión en el Valle de los Caídos: "Con la ley en la mano no cabe negociar"



Blanca Parga Landa. Doctor en Ingeniería Naval (1988, Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales ETSIN, UPM). Premio Extraordinario de Doctorado. Licenciada en Derecho 2015 (UCM). Escuela de Práctica Jurídica 2016, Especialización en Derecho Medioambiental EPJ 2017, (núm. 1 de la Promoción). Máster en Ciclo Integral del Agua: Planificación de recursos, Calidad y Tratamiento (2024,UPM).

Ingresó por concurso oposición en el Cuerpo de Profesores Titulares de Universidad en 1989. (UPM) Seis Quinquenios Docentes y cuatro Sexenios. Ha impartido docencia en varias asignaturas del área de Ciencia de los Materiales e Ingeniería Metalúrgica, Organización y Calidad en la ETSIN; ha impartido también Recursos Hídricos en Materiales de Construcción en el Máster Universitario de Economía Circular (MUEC) de la UPM. Desde 2017 hasta la actualidad es Profesora Coordinadora de Calidad, Seguridad y Protección medioambiental en los Grados de Arquitectura Naval e Ingeniería Marítima. Desde 2019 es también Coordinadora de Recursos hídricos en materiales de Construcción en el Máster de Economía Circular de la UPM.

Es autora de más de cincuenta publicaciones (artículos en revistas científicas indexadas, capítulos de libros, comunicaciones a congresos, un libro como única autora) y de cuatro patentes nacionales e internacionales. Ha dirigido proyectos de investigación nacionales e internacionales. Secretaria de la Comisión COINCIDENTE. Asesora de ASTILLEROS ESPAÑOLES, (hoy Navantia) y del Lawrence Livermoore Laboratory (EEUU). Embajadora española de la Fundación Internacional CLINTEL Clima e Inteligencia. Promotora del Foro Iberoamericano Clima y Energía (FICE), que actualmente preside. Es miembro de la Asociación de Ingeniería Naval Española (AINE), la Asociación Española de la Calidad, (AEC), la Asociación de Realistas Climáticos (ARC). Recientemente ha sido propuesta como miembro de CO2 Coalition (EEUU).

Usted ha presentado uno de los recursos que está en los tribunales defendiendo el Valle de los Caídos…

La prensa me ha denominado “un particular”. Pero no estoy recurriendo ante la Audiencia Nacional como se ha dicho. He interpuesto un recurso contencioso administrativo ante el Tribunal Supremo; es un recurso directo contra la Comisión Interministerial para la resignificación del Valle de Cuelgamuros y un recurso indirecto contra lo que ordena la Ley de memoria democrática respecto del Valle de los Caídos.

¿Por qué aborda ante los Tribunales de Justicia un asunto realmente complejo y al que nadie le interesa ofrecer una resistencia real…?

Porque soy hija de Dios. La resignificación es una profanación que me perjudica a mí y a mi familia; es un ataque contra la casa de Dios y las cosas de Dios, contra la Iglesia Católica de la que soy miembro. Porque creo en conciencia que debo hacerlo. Y porque en un Estado de Derecho con la Constitución y la ley en la mano no cabe resignificar nada ni urbanizar nada en el Valle de los Caídos.

El Señor asignó una triple función a España. Antes se sabía, está narrado por la Venerable María Jesús de Agreda en la Mística Ciudad de Dios que se publicó en 1670. Pero se ha olvidado. Esta misión quiere ser anulada y la fe en Dios erradicada. El ataque contra la Abadía del Valle de los Caídos, su profanación, es una parte importante de este plan para erradicar la fe en el verdadero Dios. Esto lo denunció también públicamente el Presidente de la Comisión de Cultura del Parlamento rumano.

Cuando se leen sentencias que dictan los tribunales se observa la fuerza y tenacidad con la que testigos de Jehová litigan defendiendo los locales donde se reúnen para el culto, litigan musulmanes para defender su derecho a portar signos -el velo islámico-, evangélicos para defender su derecho a la libertad religiosa, o del Movimiento Gnóstico Cristiano Universal de España, para defender su derecho a la libertad religiosa y a hacer proselitismo, con sus hijos… No sé qué les sucede a los parlamentarios españoles católicos, a la jerarquía de la Iglesia católica en España y a la mayoría de los católicos. Nos están pisando, nos están atacando, vulnerando la ley y el Derecho, y parece que, como san Isidro fue español, esperan sentados a que vengan los ángeles del cielo a arreglarnos todo.

No nos engañemos; no vivimos tiempos de paz. Estamos siendo víctimas de un ataque muy sutil que pretende erradicar la fe católica. Hemos de defender nuestra fe y nuestros derechos con ley en la mano. Es lo que estoy haciendo: defenderme como católica, como hija de Dios con la ley en la mano, defender a mi Dios y defender a la Iglesia de la que formo parte.

Acaba de referirse a “un ataque contra la Abadía”. ¿Considera que se está enfocando correctamente el debate en torno a la defensa del Valle de los Caídos?

Creo que la defensa del Valle de los Caídos debe afrontarse en los tres niveles en los que está teniendo lugar el ataque.

El primer nivel de ataque está en el ámbito de las normas jurídicas. A este nivel el último ataque es el de la ley de memoria democrática de 2022 en los artículos que le afectan.

El Valle de los Caídos es, en primer lugar, una cuestión de Derecho Internacional público. Está protegido por los Acuerdos Iglesia Estado de 1979 que el Tribunal Constitucional dijo que tenían rango de Tratado internacional. El rango de la norma es importante porque la Constitución española en su artículo 9.3 garantiza el principio de jerarquía normativa. La jerarquía normativa en España es: 1. Constitución; 2. Tratados Internacionales. 3. Normas con rango de Ley. 4 Reglamentos… Una norma con rango de Ley -la Ley de memoria democrática-, no puede ir contra un Tratado ni contra la Constitución porque es jerárquicamente inferior al Tratado y a la Constitución. Por decirlo de manera gráfica: donde manda Capitán no manda marinero. Aquí el marinero está contradiciendo al Capitán y, que yo sepa, soy de las pocas personas que empezó a decirlo. Es más, hay algún Obispo que ha olvidado que las relaciones de la Iglesia Católica con el Estado se rigen por varios Tratados internacionales, en concreto seis; no por una norma con rango de Ley como dijo. Las confesiones cuyas relaciones con el Estado se rigen por Leyes, todas del año 1992, son la judía, la evangelista y la musulmana.

Además, la Ley de memoria democrática de 2022 carece de lo que el Tribunal Supremo denomina “legitimidad democrática”, porque fue aprobada solo por 173 votos a favor. 176 parlamentarios no la votaron: unos porque votaron en contra (159), otros se abstuvieron (14) o no votaron (3). Por tanto, lo que las matemáticas dicen es que el número de representantes que votaron a favor de la Ley de memoria democrática (173) es inferior al número de representantes que no la votaron (159+14+3= 176). No tiene el apoyo de la mayoría de los españoles.

El segundo nivel de ataque o en el que se ha creado confusión es el de la Administración. El artículo 103 de la Constitución obliga a la Administración Pública -y al gobierno-, a actuar con sometimiento pleno a la ley y al Derecho. A mi el TS me ha dado en el expediente administrativo la certificación del acuerdo del Consejo de Ministros de creación de la Comisión Interministerial para la resignificación del Valle de Cuelgamuros (CIRVC) creada por el Consejo de Ministros y, lógicamente, respaldada por el Gobierno.. Fue creada al amparo del artículo 22.3 de la Ley 40/2015 de régimen jurídico del sector público. Ese artículo dice textualmente que los acuerdos de ese tipo de Comisión Interministerial “NO PODRAN TENER EFECTOS DIRECTOS FRENTE A TERCEROS”. Y aquí ha habido efectos directos frente a muchos terceros: Arquitectos, etc.

Personalmente pienso que la Comisión Interministerial ha actuado por vía de hecho como una Comisión Delegada del Gobierno, lo que es contrario a Derecho y produce la nulidad radical de todo lo que ha actuado.

Además, según el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno -que le abrió expediente-, tiene obligación de publicar las actas de todas sus reuniones (al menos una al mes desde su creación); no se ha publicado ni una: todas las reuniones de la Comisión Interministerial para la resignificación del Valle de Cuelgamuros han sido “secretas”.

Por otra parte, dado que el Valle de los Caídos es una obligación internacional contraída por España ante la Congregación Benedictina de Solesmes sita en Francia y la Santa Sede, protegida por normas con rango de Tratado internacional y otras resoluciones de la Santa Sede, el competente para negociar si fuere posible sostengo que es el Ministro de Asuntos Exteriores; y, precisamente él no forma parte de la Comisión Interministerial para la Resignificación del Valle de Cuelgamuros.

A nivel de Administración, pero en este caso Administración de Justicia, el Tribunal Supremo ha sembrado confusión, dicho sea con el debido respeto. En la segunda sentencia de la exhumación de Franco (STS 954/2020 de 08/07/2020 ha declarado que el Valle de los Caídos es un conjunto monumental de titularidad pública estatal. Y lo cierto es que la titular de la finca y todos los edificios del Valle de los Caídos es la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Así obra registrada en el Registro de la Propiedad de San Lorenzo del Escorial.

Por su parte el Gobierno de Aragón que ha intervenido en temas de traslado de restos de fallecidos al Valle de los Caídos declaraba correctamente en su página web que la Titular del Valle de los Caídos es la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Y añadía que su estatuto jurídico es “fundación” “privada”. Aporté en mi recurso esta información pero ya ha sido borrada de la web del gobierno de Aragón.

El tercer nivel de ataque ha sido el concurso que ha finalizado en un proyecto arquitectónico de resignificación ganador; proyecto promovido por la referida Comisión Interministerial. Vd. se preguntará: - ¿ pero si no podían pasar de la verja cómo es que se han metido hasta la cámara nupcial, el altar?. Eso mismo me pregunto yo. Nunca debería haberse llegado a donde se ha llegado. Pero el hecho es que se ha llegado. Creo que ha sido por confusión, por dejación, por desidia y pereza a la hora de estudiar bien un tema que, como dice Vd. es complejo.

Yo combatí inicialmente el Concurso pero reparé en que sólo están legitimados quienes son licitadores y, también, lógicamente, los monjes porque en el Valle de los Caídos está la Abadía que es su residencia, la Basílica es el templo de su Abadía, el Colegio Escolanía que crearon es de su propiedad y tienen firmados dos convenios que están vigentes. Me retiré de esa línea de defensa en vía administrativa (por no ser licitadora). Pero puedo decirle que el concurso no ha respetado la ley ni una parte esencial del entramado jurídico que se creó para hacer posible la petición que España hizo a la Santa Sede en los años mil novecientos cincuenta y dos (creo que fue cuando comenzaron las gestiones aprovechando la firma del Concordato).

Cuando examiné el pliego de prescripciones técnicas comprobé que el Ministerio de la Vivienda olvidó tener en cuenta un reglamento que desarrolló el Decreto Ley de agosto de 1957 y un convenio con los monjes: no los incluyó en el pliego de prescripciones técnicas. El único convenio que cita lo cita mal porque confunde una de las partes que firmaron: dice que los monjes firmaron con el gobierno cuando en realidad el Abad en representación de la Abadía firmó con la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Se dejan tanto en el tintero que cualquier parecido del cuadro que dibujan con la realidad es pura coincidencia.

Considero que todo lo actuado a este nivel es nulo triplemente, porque lo actuado en los dos niveles anteriores es nulo.

¿Por qué ha dicho “si fuere posible negociar? ¿Qué opina de las negociaciones que ha habido o las que se proponen? ¿Acaso no es usted partidaria de una negociación?

Soy partidaria de negociar los asuntos o cuestiones negociables. Pero si algo no es negociable, no cabe negociar nada; y hacerlo con negociadores que carecen de competencia es perder tiempo, dinero y confundir. Respecto del Valle de los Caídos no cabe negociación.

Como he recordado antes el Valle de los Caídos es la respuesta de la Santa Sede a una petición que hizo España a la Abadía de Solesmes ( a través de la Abadía de Silos) y a la Santa Sede para que se erigiera una nueva Abadía benedictina, independiente, en el conjunto monumental sito en el Valle de Cuelgamuros, a la que se iban a encargar unos fines espirituales: el culto a Dios con la mayor solemnidad, impetrar por la paz en España…. España ofreció a la nueva Abadía para residir y cumplir los fines que se le solicitaban el conjunto monumental construido en el Valle y el propio Valle de Cuelgamuros. La Abadía de Solesmes aceptó y la Santa Sede aceptó los términos de dicho acuerdo internacional que cabe resumirlos en lo siguiente: por parte de España cesión indefinida de unos bienes demaniales a cambio de cumplimiento de fines espirituales y de estudio por parte de la Abadía.

El compromiso de España a nivel interno se plasmó en el Decreto Ley de 23 de agosto de 1957 de creación de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos que en su artículo primero crea la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Y define sus fines: “Sus fines serán rogar a Dios por las almas de los muertos en la Cruzada nacional, impetrar las bendiciones del Altísimo para España y laborar por el conocimiento e implantación de la paz entre los hombres, sobre la base de la justicia social cristiana.”

Para la realización de dichos fines se dotó a la Fundación de los siguientes bienes:

Artículo tercero.-Se dota a la Fundación con los siguientes bienes:

a. El Valle de Cuelgamuros con todos sus edificios (incluidos los mobiliarios y ajuares), terrenos y derechos accesorios. Serán bienes de dominio público y tendrán, por consiguiente, el carácter de inalienables, imprescriptibles e inembargables y no estarán sujetos a tributación.

b. Los beneficios de la lotería de 5 de mayo (…)

c. Las aportaciones o donativos que puedan recibir de Corporaciones o particulares
Es evidente que los fines de la Fundación son fines espirituales católicos. Tan es así que en diversos documentos aparece citada como Fundación piadosa de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

Ese Decreto Ley se desarrolló en el CONVENIO ENTRE LA FUNDACIÓN DE LA SANTA CRUZ DEL VALLE DE LOS CAÍDOS Y LA ABADÍA BENEDICTINA DE SILOS, que en su artículo primero declara que la Abadía Benedictina independiente -Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos-, “residirá en el Valle de los Caídos de Cuelgamuros y se encargará del cumplimiento de los fines de la Fundación, en los términos y condiciones que se expresan en el Decreto Ley de 23 de agosto de 1957 y en el presente Convenio” . En su artículo segundo declara que la duración de este Convenio “será indefinida”. Tras enumerar en el artículo 3 todas las obligaciones de la Abadía, se declara que “en lo que se refiere al culto y al régimen interior de la Comunidad ésta tendrá la libertad plena conforme a las prescripciones de sus Reglas y Constituciones y al Derecho Canónico, sin injerencia alguna del Patronato de la Fundación o de cualquier autoridad civil”. El artículo sexto declara: La Fundación entregará, previo inventario, a la Abadía, la Basílica y edificios, incluidos enseres y muebles, y la Abadía se obliga a conservarlos en perfecto estado, para lo cual se fijará la cantidad necesaria en el presupuesto fundacional. En fin, podría extenderme pero creo que queda claro a qué se obligó España ante la Santa Sede.

Y, atendiendo a esta petición respaldada por el Decreto Ley de 1957 de Creación de la Fundación pía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, y el Convenio que iba a firmarse entre la Fundación y la Abadía, el 27 de mayo de 1958 el Papa Pio XII erigió la Abadía de la Santa Cruz del Valle de Los Caídos como Abadía exenta para que se estableciera en el Valle y Edificios del Valle de los Caídos (Cfr. Carta Apostólica STAT CRUX). Después de referirse a todos los edificios que con esplendidez España cedía a los monjes para cumplir los fines espirituales que se les encomendaban dijo en la Carta Apostólica STAT CRUX:
“erigimos y constituimos para siempre a la nueva Abadía exenta, que ha de ser nombrada con el título de Santa Cruz del Valle de los Caídos a la cual, como perteneciente a la Congregación Solesmense de la Orden de San Benito, la hacemos participe de todos los derechos y a privilegios concedidos a los Abades de tal Familia religiosa. Sin que obste nada en contra.
Esto promulgamos y establecemos, decretando que las presentes Letras sean y permanezcan siempre firmes, válidas y eficaces: que produzcan y conserven íntegros sus plenos derechos, que plenamente favorezcan, ahora y después, a los prelados y monjes, presentes y futuros, de la mencionada Abadía establecida de esta forma por Nos. Conforme a esto se ha de interpretar y definir; desde ahora se ha de tener sin efecto y sin valor cuanto atentare contra ellas, a sabiendas o por ignorancia, por quienquiera o en nombre de cualquier autoridad”.
“Para siempre” en español significa “para siempre”.

Yo tampoco dudo de la interpretación en español del significado de se ha de tener sin efecto y sin valor cuanto atentare contra ellas, a sabiendas o por ignorancia, por quienquiera o en nombre de cualquier autoridad.

Cuando San Juan XXIII erigió la Iglesia de la Abadía en Basílica Pontificia repitió la misma declaración.

Por tanto, con los antecedentes citados: un convenio de cesión de bienes demaniales indefinido con un entramado jurídico de desarrollo correcto con otro convenio firmado entre la Fundación y la Abadía para desarrollar el Reglamento de Régimen Interior y los dos documentos papales con los párrafos que acabo de reproducir…, en mi opinión, no hay nada que negociar por ninguna autoridad. La protección de los Tratados Internaciones es a más a más, porque como en el Derecho Internacional rige el principio Pacta sunt Servanda. El pacto es indefinido y no puede modificarse por ninguna autoridad: Roma locuta causa finita.

Lo dicho: es definitivo. Estamos ante una obligación internacional indefinida protegida, además, por un Tratado Internacional con la Santa Sede. Ante algo no negociable. Pero, o esto no se recuerda por quien debe recordarlo, o no sé qué sucede. Y, en su lugar, se incrementa la confusión y se insiste en que hay que negociar.

Respecto de esto quiero aclarar que también se confunde. Porque si lo que se quiere negociar es una modificación del Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos Reino de España- Santa Sede (uno de los Tratados Internacionales), no cabe sentarse a negociar como si de la renegociación de un contrato de arrendamiento se tratara.

Cuando Trump dijo la primera vez en 2017 que EEUU salía del Acuerdo de Paris de Cambio Climático -que tiene rango de Tratado Internacional-, muchísimos analistas se quejaron de inmediato: -¡no puede!. Tiene que cumplir la legislación de los Tratados: la Convención de Viena.

Aquí nadie, que yo sepa, ha dicho nada. Pero es que, además, entramos en un ámbito en el que están afectados derechos fundamentales (el derecho a la libertad religiosa, el derecho al culto por citar sólo dos) y otras cuestiones respecto de las que, según el artículo 94 de la Constitución ha de intervenir el Parlamento. Y, hasta donde sé, este tema no se ha tratado con la seriedad que merece en el Parlamento.

De todas formas, aunque se reformaran los Acuerdos Reino de España Santa Sede, en Derecho Internacional rige el principio Pacta Sunt Servanda y respecto del Valle de los Caídos como ya he dicho, no cabe modificación. La Abadía es la beneficiaria de una concesión de bienes demaniales -todo el conjunto monumental y en mi opinión también el Valle de Cuelgamuros-, indefinida, para siempre, salvo que incumplan las obligaciones que les imponen: celebrar el culto con la mayor solemnidad, crear una Escolanía…. que lo están haciendo. Quien está incumpliendo aquí es la Fundación, que no dota de fondos para mantener los edificios.

Y, aunque se deduce de lo dicho, no cabe extinguir la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y repartir sus bienes -que es uno de los objetivos para los que se creó la Comisión Interministerial para la Resignificación del Valle de Cuelgamuros-, porque forma parte inescindible del pacto internacional alcanzado con la Santa Sede. La situación no es comparable a la del Hotel Santa María del Paularsito al lado de la Abadía benedictina del Paular. Permítame recordarla. En el año 2014 la Comisión de Patrimonio del Ministerio de Cultura provocó el cierre del Hotel Santa María de El Paular donde los jóvenes que contraían matrimonio en la Iglesia del Real Monasterio del Paular de dicha Abadía Benedictina celebraban su boda. Tras el cierre, determinadas personas se llevaron tapices, otras arrancaron apliques y hasta grifos. Fue un dolor contemplar aquel expolio. El mobiliario y objetos de mayor valor fueron subastados. Cincuenta familias perdieron sus ingresos. Sólo dos fueron reubicadas con trabajo en hoteles de Barcelona. Eso es lo que se pretende hacer con todo el ajuar y los bienes de la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Pero no es posible porque que se cedieron a la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Desconozco qué planes de reparto de bienes -que incluye la hospedería-, y ajuares ha hecho la Comisión Interministerial para la Resignificación del Valle de Cuelgamuros, que recuerdo, tiene prohibido por Ley adoptar acuerdos que afecten directamente a terceros. Pero, insisto, la extinción de la Fundación de la Santa Cruz no es posible; y el reparto de sus bienes, tampoco, aunque sea uno de los objetivos de una Comisión Interministerial creada por el Consejo de Ministros para ejecutar una Ley. No son cuestiones negociables porque la Fundación y todos los bienes de la que es titular forman parte de ese pacto internacional con la Santa Sede; y, además, gozan de la protección del Tratado Internacional como inviolables: todo en el Valle de los Caídos está ordenado al culto a Dios con la mayor solemnidad.

Entonces, siendo realistas, ¿hay alguna posibilidad real de parar todo el infame proceso de resignificación?

Si se aplica la Ley y el Derecho no cabe resignificar nada. Ahora que hay nuevo Abad es él la máxima autoridad de una Abadía que es “exenta” y “territorial” ostentando una concesión administrativa indefinida sobre el territorio especificado en el Decreto Ley de 23 de agosto de 1957 y normas y convenios posteriores de desarrollo -que no cabe derogarlos por ser una obligación internacional ante la Santa Sede para siempre-, cuya titular es la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos.

¿Cuáles son las siguientes acciones que espera realizar y qué resultados espera?

El Tribunal Supremo considera que no estoy legitimada. Pero debe interpretar los derechos fundamentales de acuerdo con la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos humanos. Voy a recurrir el Auto de inadmisión. Y espero no se asuste y sea estimado. Digo con el debido respeto que no se asuste porque cuando pedí que se completara el expediente administrativo no exigió que se completara. Y la ley le dota de medios para exigir que se complete.

¿Cuál sería su plan B en caso de que no prospere esta vía?

Rezar. En realidad este plan B llevo ejecutándolo de forma paralela. Rezar por la paz y rezar para que los pastores defiendan a la Iglesia como debe ser defendida.

Los católicos no somos un grupo de creyentes novatos de una nueva confesión que ha alcanzado el número de cien personas para que sea reconocida por el Estado, como algunos pretenden hacernos creer. No se nos puede tratar como a pordioseros; y al Señor, menos. El estado de alguno de los techos, barandillas, etc. de algunas zonas del Valle de los Caídos es propio de pordioseros, porque no se mantienen. No puede ser que con nuestros impuestos se estén realizando donativos a Organizaciones Internacionales mientras se deja que el Valle de los Caídos se deteriore.

La Santísima Virgen María vino a Zaragoza el dos de enero del año cuarenta y nos regaló el Pilar. Desde entonces la fe se estableció en España con especial arraigo y la difundimos por todo el mundo; somos la nación predilecta de la Virgen, pero, también, una de las que más dolor le está causando.

Mi recurso debería prosperar en un Estado de Derecho. Si no prosperara espero haber despertado a algunas personas que hasta el momento no han actuado, o han actuado confundidas, para que ejerzan la defensa de la Iglesia Católica como el Señor, la Santísima Virgen María y los católicos nos merecemos.

Por Javier Navascués

La visita del Papa a España: luces y sombras de un acontecimiento mayor



Las visitas papales nunca son acontecimientos neutros. En ellas convergen, de forma casi inseparable, la dimensión espiritual, el impacto mediático, la lectura política y la movilización social. Son momentos de alta intensidad simbólica donde la fe se expone ante el mundo y el mundo intenta apropiarse del símbolo. El viaje de León XIV a España participa plenamente de esa lógica: puede dejar frutos profundos de conversión, esperanza y revitalización eclesial, pero también corre el riesgo de quedar atrapado en el ruido ideológico, la instrumentalización política y ciertos excesos emocionales que conviene observar con serenidad y sentido crítico.


Aspectos positivos


Una puerta abierta a la fe

La visita papal opera como umbral simbólico: muchos que se acercan por curiosidad inicial terminan rozando algo que dormía en ellos. La gracia actúa también en los márgenes, y un acontecimiento de esta envergadura puede ser el primer eslabón de un regreso a los sacramentos para quienes llevaban años alejados.

El alejado, interpelado

El practicante tibio, el bautizado que vive de espaldas a la Iglesia, encuentra en este momento una presencia difícilmente ignorable. No es proselitismo mediático, sino el peso propio de lo sagrado irrumpiendo en la cotidianeidad. Ese contacto puede ser semilla.

Dinamismo eclesial en las diócesis

Las peregrinaciones organizadas, los actos paralelos y los encuentros interdiocesanos generan un tejido de comunidad que raramente se activa en tiempos ordinarios. La Iglesia se mueve, se ve a sí misma y es vista. Ese movimiento tiene valor propio más allá del evento central.

Semilla de vocaciones

No es anecdótico: una proporción significativa de quienes hoy son sacerdotes, religiosas o laicos comprometidos señalan una Jornada Mundial de la Juventud, una beatificación o una visita papal como momento bisagra en su discernimiento. La movilización masiva puede ser, para muchos jóvenes, el inicio de algo definitivo.


Aspectos de riesgo


El contexto político envenena el ambiente

La visita llega en uno de los momentos de mayor crispación institucional de la democracia española. Con el gobierno en la cuerda floja, el presidente Sánchez en posición de némesis performativa frente a Trump, y toda una familia presidencial bajo escrutinio judicial, cualquier imagen de acercamiento entre el Papa y el poder puede ser instrumentalizada en ambas direcciones.

La fe no debería ser moneda de cambio electoral, pero el riesgo es real.

El discurso que obvia el drama moral

Existe una distancia creciente entre los palacios episcopales y la angustia real de los fieles: inseguridad, delincuencia, acceso deteriorado a los servicios públicos, y una inmigración descontrolada que genera tensiones sociales que nadie en las cúpulas eclesiales parece querer nombrar.

Si el discurso papal ante el Congreso pasa de puntillas sobre el aborto, la eutanasia y la destrucción de la familia para centrarse en narrativas más agendistas políticamente, el mensaje llegará partido —interpretado como alineamiento con la visión migratoria del progresismo woke— y los fieles más lúcidos no lo pasarán por alto.

El efecto llamada en Canarias

La visita anunciada a un puerto receptor de pateras y cayucos no es un gesto sencillo. Con los ojos del mundo enfocados en ese punto concreto, las mafias de tráfico de personas y los desesperados de la otra orilla pueden leer el momento como una ventana de impunidad.

Un incremento de salidas podría derivar en un drama humano de enorme magnitud —muertes en el mar, imágenes devastadoras— y en una crisis de imagen sin precedentes para la propia visita. El riesgo, desgraciadamente, no es hipotético.

La papolatría y sus peligros

Circulan ya, en podcasts de la archidiócesis de Madrid, expresiones del calibre de «es Jesús en la tierra», «vi al Papa y vi a Dios» o «voy a respirar el mismo aire que el Papa». Esto es confusión teológica con potencial para causar daño real.

Vivimos en una era de huella digital permanente: los papas futuros arrastrarán huellas digitales que les humanicen tanto en virtudes como en defectos y que seguramente desmitifiquen su figura. La divinización de una persona de carne y hueso es siempre una trampa. El centro es Cristo y la Iglesia, no el fenómeno mediático o emocional del momento. La sede Petrina tiene un valor inmenso per se, independientemente de quien la ocupe en cada tiempo. Hay que cuidar mucho el enfoque y el relato para evitar confusión.

domingo, 17 de mayo de 2026

Clamor ciudadano para pedir la dimisión inmediata de Sánchez: la sociedad civil saldrá a la calle el 23 de mayo en Madrid




Este es un momento de emergencia nacional. Lo que nos jugamos el próximo sábado 23 de mayo no es el éxito de unas siglas políticas ni el ascenso de un candidato específico. Lo que está en juego en las calles de Madrid es la supervivencia de España como nación soberana, como Estado de derecho y como una comunidad de ciudadanos libres e iguales. La cita, convocada por la plataforma Sociedad Civil Española —que aglutina a más de 150 asociaciones—, no es una opción; es un deber moral para todo aquel que contemple con horror cómo se desmoronan los cimientos de nuestra convivencia.

La marcha partirá a las 10:30 horas desde la Plaza de Colón y recorrerá el corazón de la capital hasta el Arco de la Victoria en Moncloa. Es hora de que el clamor de la calle llegue hasta el despacho de quien ha hecho de la mentira su forma de gobierno y de la traición su herramienta de supervivencia.

El fin de la paciencia: Por qué debemos echar a Sánchez

Pedro Sánchez no es un gobernante al uso; es el arquitecto de un proceso de demolición controlada. Desde su llegada al poder, hemos asistido a una aceleración de la hoja de ruta iniciada hace años para liquidar la nación española. Su gestión no se mide en leyes de progreso, sino en escándalos de corrupción, asaltos a la independencia judicial y pactos con quienes tienen como único objetivo destruir España.

La indignación ya no es un sentimiento de partido; es un clamor transversal. Los españoles están cansados de ver cómo su futuro se negocia en despachos oscuros fuera de nuestras fronteras, cómo la igualdad ante la ley desaparece para beneficiar a delincuentes con pedigrí político y cómo las instituciones del Estado —desde el CIS hasta la Fiscalía— han sido colonizadas para servir a la voluntad de un solo hombre. El daño que Sánchez está haciendo a los españoles es profundo, sistemático y, si no reaccionamos ahora, será irreversible.

Un país asediado por la corrupción y el desgobierno

El contexto en el que llegamos a este 23 de mayo es dantesco. El cerco judicial se estrecha sobre el entorno más íntimo del presidente. La sombra de la corrupción ya no solo planea sobre su gobierno, sino que ha entrado en su propia casa. Declaraciones ante el Tribunal Supremo, empresarios señalando tramas de influencias y una sensación de impunidad que ofende a cualquier ciudadano que madruga para cumplir con sus obligaciones.

Mientras la economía de las familias se asfixia bajo una presión fiscal insoportable y un gasto público ineficiente que solo sirve para alimentar una red clientelar, el Gobierno se dedica a la ingeniería social. La manipulación del censo electoral mediante regularizaciones masivas y la concesión exprés de nacionalidades son pruebas de que Sánchez busca un «pueblo a medida», despreciando la voluntad soberana de quienes llevan generaciones construyendo este país.

Por encima de las siglas: Una cuestión de dignidad

Uno de los mayores errores que podríamos cometer este sábado es mirar quién lleva la pancarta de al lado. 
Esta marcha no es de nadie y es de todos. La plataforma convocante ha sido clara: se pide «generosidad política». No importa si tu sensibilidad es conservadora, liberal o simplemente democrática. No importa si votaste a un partido u otro en las últimas elecciones.
El objetivo común es superior a cualquier diferencia táctica: exigir la dimisión inmediata de Pedro Sánchez y la convocatoria de elecciones generales.

Es el momento de la sociedad civil. Una sociedad que ha estado aletargada y que ahora despierta ante una «amenaza existencial». El apoyo de formaciones como Vox, o el llamamiento a la movilización de otros sectores, debe entenderse como un refuerzo, no como un límite. Cada español debe acudir con sus propias razones, sus propios símbolos y su propia indignación, pero con una sola voz.

El itinerario de la rebelión cívica

La logística de la marcha está diseñada para ser un testimonio visual de la fuerza de los españoles.

Inicio (10:30h): Plaza de Colón. El punto de partida simbólico de la unidad nacional.

Recorrido: Avanzaremos por las calles de Génova, Sagasta, Carranza, Alberto Aguilera y Princesa.

Final (12:30h): Arco de la Victoria en Moncloa. 

Concluiremos a las puertas del poder, allí donde reside la soberanía secuestrada.

Este recorrido no es solo un trayecto físico; es una declaración de intenciones. Estamos reclamando cada metro de nuestra capital y de nuestro país. El Arco de la Victoria será el escenario donde la sociedad civil diga «basta» a un gobierno que busca sustituir nuestro sistema político por una república confederal que segrega a los ciudadanos en categorías de primera y segunda.

La deriva autoritaria de Sánchez nos ha llevado a un punto donde el Estado de derecho es una cáscara vacía si no se protege desde la calle. La amnistía fue el aviso definitivo: el Gobierno está dispuesto a romper el pacto constitucional de 1978 con tal de no perder el poder. Por eso, el 23 de mayo es también una marcha por la libertad.

El sábado 23: La última frontera

Si no salimos ahora, ¿cuándo lo haremos? No podemos permitirnos la apatía. Los organizadores de la «Marcha por la Dignidad» nos recuerdan que aún estamos a tiempo de revertir este proceso de ruptura. La derogación de leyes infames, la regeneración democrática y la vuelta al respeto internacional solo empezarán el día que Sánchez abandone la Moncloa.

Sánchez confía en nuestro cansancio. Confía en que el ruido de los escándalos diarios nos sature y nos haga desistir. Pero se equivoca. España es mucho más que un gobierno accidental y un presidente narcisista. España es su gente, su historia y su voluntad de seguir existiendo.
El próximo sábado no te quedes en casa. No dejes que la historia diga que, cuando España se asomó al abismo, sus hijos se quedaron mirando. 
A las 10:30 en Colón, trae tu bandera, trae tu voz y, sobre todo, trae tu determinación. Porque echar a Sánchez es el primer paso necesario para que España vuelva a ser de los españoles.

📍 Sábado 23 de mayo. 10:30h. 
Plaza de Colón, Madrid. 
¡Por la dignidad! ¡Sánchez dimisión!

La fe en los jóvenes (Bruno Moreno)

 INFOCATÓLICA




Hace un rato, leí en algún lugar del vasto mundo virtual a alguien que decía: “estas cosas te hacen recuperar la fe en los jóvenes”. No sé qué reacción suscitará la frase en los lectores, pero yo inmediatamente pensé: “yo nunca la he tenido”.

Conviene señalar que el comentario original era bienintencionado e incluso piadoso. A fin de cuentas, lo que supuestamente hacía recuperar la fe en la juventud era un hecho estupendo: después de que anticatólicos furiosos destruyeran la cruz de la cumbre del Aneto, un muchacho francés talló una nueva cruz y, a pesar de su gran peso, la cargó a hombros, subió el monte y la colocó de nuevo en la cima. Sin duda, para quitarse el sombrero.

Al margen de este admirable caso concreto, la idea de tener “fe en la juventud” nunca ha dejado de chirriarme en los oídos, porque es una de las ideas difusas de nuestra época que se dan de tortas con el catolicismo.

Por supuesto, sobrenaturalmente hablando y en sentido estricto, solo Dios es digno de fe y no se puede tener fe en ninguna criatura. Incluso si tomamos fe en sentido amplio de confianza, sin embargo, la frasecita sigue chirriando, por la sencilla razón de que existe el pecado original, quizá el dogma más evidente de la Iglesia y extrañamente uno de los menos creídos hoy.

Como sabemos por la doctrina católica y por la experiencia, los jóvenes sufren los efectos del pecado original igual que los viejos, los bebés, los cuarentones y los matusalenes que han pasado ya el siglo. Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, como enseña San Pablo. No hay nada que haga a la juventud más digna de confianza que cualquier otra etapa de la vida, especialmente en estos tiempos, en los que los jóvenes son a menudo adolescentes perpetuos. La juventud, igual que la ancianidad, la adolescencia, la mediana edad o la niñez, está herida por el pecado original y necesita ser redimida por Cristo.

En ese sentido, tener fe en los jóvenes es una afirmación tan vacía como tenerla en los ancianos, en los malagueños o en los pelirrojos. Peino canas, pero también cuando era joven me molestaban ese tipo de frases, porque me parecía obvio que o bien no tenían contenido real más allá de la retórica o bien eran un disparate. Maldito quien confía en un hombre, dice el profeta. Sea ese hombre viejo, joven o de la edad que sea, podríamos añadir.

Con el tiempo, he ido intuyendo que el fundamento de esas afirmaciones sobre los jóvenes no es racional. Son, más bien, una manifestación de segunda mano de la efebolatría o idolatría de la juventud propia de nuestra época. Al haber apostatado de la fe, el mundo ha perdido también la esperanza de la vida eterna. Abandonado a su suerte, vive aherrojado por el miedo a la muerte y no le queda otro recurso que añorar, imitar y envidiar la pasajera juventud, en la que parece que uno no se va a morir nunca.

Por eso, cuando se dice que la juventud es el futuro, que hay que tener fe en la juventud, que los jóvenes son la esperanza de la Iglesia, que es la hora de los jóvenes y cosas similares, aunque sea con la mejor intención, me parece estar oyendo al mundo moderno gritar: “que nadie me hable de la muerte, que no se mencione siquiera en mi presencia. Dejadme en mi ilusión de que la vida en este mundo no se acaba, aunque sepa en mis huesos que no es cierto y tiemble al pasar frente al camposanto”.

Quizás esté exagerando, pero no mucho.

BRUNO MORENO

¿Valores evangélicos? La Conferencia Episcopal premia a Rosalía en los ¡Bravo! 2025



La Conferencia Episcopal Española entregará este lunes, 18 de mayo, los Premios ¡Bravo! 2025, los galardones promovidos por la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (CECS) que, según explican sus propias normas, buscan reconocer «la labor meritoria de todos aquellos profesionales de la comunicación […] que se hayan distinguido por el servicio a la dignidad del hombre, los derechos humanos o los valores evangélicos».


Precisamente por ello, la decisión de conceder el Premio ¡Bravo! de Música a Rosalía por Lux, después de ver el despliegue de su tour, resulta a lo menos confuso. La crítica no nace únicamente del estilo artístico de la cantante catalana, sino del profundo contraste entre el contenido simbólico de su espectáculo y aquello que la Iglesia afirma querer premiar.

Una estética religiosa convertida en espectáculo

Las crónicas sobre el Lux Tour describen una gira atravesada de principio a fin por referencias explícitas al cristianismo: confesionario, pecado, redención, santidad, Virgen María, penitencia, ángeles, velos, cruces, procesiones e incluso un botafumeiro inspirado en el de Santiago de Compostela.

Sin embargo, esas referencias aparecen integradas dentro de una propuesta escénica que mezcla sensualidad, erotización, cultura de club, provocación sexual y «reinterpretaciones» de la fe cristiana. De hecho, una de las crónicas sobre la gira afirma expresamente que Rosalía “se apropia de los códigos de la fe para volverlos más libres, ambiguos y carnales”.

Ahí está el núcleo de la cuestión.

La tradición católica nunca ha considerado irrelevante el uso del lenguaje religioso o de los símbolos sagrados. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la blasfemia consiste en pronunciar contra Dios —interior o exteriormente— palabras de odio, reproche o desafío, así como abusar del nombre de Dios y faltar al respeto debido a las realidades sagradas.

Y aunque no toda utilización artística de elementos religiosos constituye formalmente una blasfemia, resulta difícil ignorar la banalización que supone convertir signos vinculados al arrepentimiento, la santidad o la liturgia en elementos de entretenimiento pop.

El confesionario como recurso viral

Uno de los elementos más comentados del espectáculo es precisamente el “confesionario” que Rosalía incorpora en sus conciertos. Según distintas crónicas, este espacio se ha convertido en una sección viral donde famosos e influencers relatan experiencias sentimentales, sexuales o íntimas ante el público.

El problema no es simplemente estético. El confesionario no es un objeto decorativo ni un símbolo vacío dentro de la tradición católica. Es el lugar sacramental donde el pecador se reconcilia con Dios.

Transformarlo en un recurso teatral para anécdotas románticas o relatos virales refleja precisamente esa deriva contemporánea que trivializa lo sagrado hasta convertirlo en mera escenografía cultural.

Y, sin embargo, es precisamente esta propuesta la que la Conferencia Episcopal ha decidido premiar en nombre de los “valores evangélicos”.

La incoherencia de una Iglesia acomplejada

La cuestión de fondo no es Rosalía. Rosalía hace aquello que el mundo del espectáculo lleva años haciendo: utilizar símbolos religiosos, reinterpretarlos y mezclarlos con narrativas contemporáneas donde lo espiritual queda subordinado a la experiencia individual, la estética y la provocación.

La verdadera pregunta es otra: ¿qué lleva a una institución eclesial a bendecir culturalmente este tipo de propuestas?

Porque los Premios ¡Bravo! no son unos galardones civiles cualquiera. Son premios otorgados “por parte de la Iglesia”. Y eso implica inevitablemente un juicio moral y cultural. Cuando la Conferencia Episcopal distingue una obra concreta, está enviando un mensaje sobre qué considera compatible con el Evangelio y qué entiende hoy por “valores evangélicos”.

El problema es que muchos fieles difícilmente pueden reconocer esos valores en una propuesta artística donde lo religioso aparece constantemente mezclado con sensualidad explícita, ambigüedad moral y una utilización estética de símbolos sagrados.

Cuando la relevancia sustituye al criterio católico

Da la impresión de que ciertos organismos eclesiales llevan años atrapados en la necesidad de resultar culturalmente aceptables ante el mundo contemporáneo. Y en ese intento por parecer modernos, dialogantes y cercanos a la cultura dominante, terminan desdibujando los criterios específicamente católicos.

Premiar a Rosalía puede generar titulares, simpatía mediática y conversación en redes sociales. Pero también transmite otra idea: que la Iglesia institucional ya no considera problemático el uso ambiguo, frívolo o sensualizado de elementos profundamente vinculados a la fe cristiana.

Y eso sí tiene consecuencias.

Porque mientras muchos católicos ven cómo se ridiculizan símbolos religiosos en espacios culturales y mediáticos, descubren ahora que parte de la propia estructura eclesial no solo evita denunciar esa banalización, sino que la premia públicamente.

La pregunta, por tanto, sigue en pie: si estos galardones existen para reconocer el servicio a los “valores evangélicos”, ¿qué entiende hoy exactamente la Conferencia Episcopal por Evangelio?

sábado, 16 de mayo de 2026

¿Hacia un nuevo cisma? De los lefebvristas al camino sinodal



Leí hace poco que el cardenal Reinhard Marx dice que permitirá la bendición de uniones del mismo sexo, en contra de las directivas del Vaticano. El P. Davide Pagliarani, superior general de la Fraternidad San Pío X, dice que tiene la intención de ordenar nuevos obispos sin mandato papal. 

Y el cardenal de Luxemburgo, Jean-Claude Hollerich, dice que la ordenación de mujeres es esencial para el futuro de la Iglesia: «A largo plazo, no me puedo imaginar cómo puede sobrevivir una Iglesia si la mitad del pueblo de Dios sufre porque no tiene acceso al ministerio ordenado».Bueno, como laico casado que «no tiene acceso al ministerio ordenado», yo sí puedo imaginármelo. Siempre he pensado que el sacerdocio es una llamada especial al servicio, no una posición de prestigio especial a la que la gente merezca tener «acceso». Pero el cardenal Hollerich parece tener un punto de vista diferente, tal vez porque es agasajado como cardenal.

Sin embargo, la declaración del cardenal Hollerich no es realmente una novedad. El difunto cardenal Pell advirtió poco antes de morir, en un artículo en The Spectator, que Hollerich había «rechazado públicamente las enseñanzas básicas de la Iglesia sobre la sexualidad, el aborto, la anticoncepción, la ordenación de mujeres al sacerdocio y la actividad homosexual, así como la poligamia, el divorcio y las segundas nupcias». Por lo tanto, la ordenación de mujeres no es lo único sin lo que el cardenal piensa que la Iglesia no puede salir adelante.

Estoy convencido de que la Iglesia puede salir adelante sin esas cosas —bastante bien, de hecho— al igual que la mayoría de las personas que conozco. Puede que el cardenal Hollerich conozca a personas con una opinión diferente, pero hay un viejo refrán que dice que cuando un hombre se convierte en obispo, nunca más vuelve a pagar la cena y nunca más vuelve a escuchar la verdad. La gente le dice lo que cree que él quiere oír. La gente no hace eso conmigo.

And yet, las personas con las que hablo no parecen contar de la misma manera que Hollerich o los «expertos» del Grupo Sinodal 9 que anunciaron recientemente que la Iglesia ha estado totalmente equivocada en asuntos sexuales. Yo interactúo con jóvenes todos los días y, desde esa perspectiva, les habría dicho que la enseñanza de la Iglesia es un regalo de Dios, mucho más sabia que cualquier otra cosa que se ofrezca hoy en día. Pero esa opinión no parece contar tanto, o en absoluto.

Lo que me hace preguntar cómo se llega a ser una persona como el P. James Martin, S. J., que vuela a Roma para consultar con el Papa y es citado como una autoridad con regularidad.

Supongo que una de las razones por las que el P. Martin y otros como él gozan del «acceso» que disfrutan es porque él es clérigo y yo no. ¿Pero no es eso clericalismo? Pensaba que el clericalismo era algo malo, algo a lo que la Iglesia necesita poner fin. Muchos clérigos dicen esto. Algunos de ellos culpan de todo el escándalo de la pedofilia al clericalismo y no, como se podría haber pensado, a la laxitud de las normas sobre el sexo entre algunos miembros del clero de orientación homosexual.

Entonces, si hay que resistirse al clericalismo, ¿por qué es especialmente relevante lo que Jean-Claude Hollerich piense sobre la ordenación de mujeres, la actividad homosexual o el divorcio y las segundas nupcias? La respuesta, cabe suponer, es que es cardenal. Es justo. Pero los cardenales no tienen  autoridad para dictar la doctrina. Ellos mismos son hombres bajo autoridad. Y si no respetan la autoridad bajo la que están, ¿por qué debería alguien respetar la suya?

Mis alumnos vienen a la universidad católica donde enseño no porque quieran escucharme a mí. Vienen porque quieren aprender lo que enseña la Iglesia. La única «autoridad» que tengo es la autoridad que se deriva de la enseñanza de la Iglesia. La clase no es «Teología de Randall Smith». ¿Quién la tomaría? La clase es teología católica.

Por lo tanto, cuando un obispo o cardenal proclama algo que es contrario a la autoridad de la Iglesia, es como si estuviera serruchando la rama sobre la que está sentado. La única razón por la que alguien escucharía a un obispo o cardenal es porque esa persona acepta la autoridad de su cargo eclesiástico basándose en la Escritura, la Tradición y el Magisterio. De lo contrario, un cardenal es sólo un anciano estrafalario con un curioso solideo rojo.

Sé que la gente de un bando u otro dirá que su hombre está «haciendo lo mejor para la Iglesia», mientras que los del otro bando son herejes que desvían a la gente. No tengo ninguna duda de que la gente de la FSSPX está horrorizada por los cardenales Marx y Hollerich y está convencida de que absolutamente debe ordenar nuevos obispos, del mismo modo que es probable que Marx y Hollerich estén consternados por la FSSPX y convencidos de que la Iglesia absolutamente debe bendecir las uniones homosexuales y ordenar mujeres.

Lo extraño de todos estos hombres es su presunción de que lo que ellos piensan debería gobernar a toda la Iglesia. Yo no asumo que lo que yo pienso deba gobernarlo todo ni siquiera en mi propia casa. Qué delirio de grandeza se le mete a un hombre en la cabeza para que piense: «La Iglesia soy yo. Puede que cause un cisma, pero será mejor para todos».

¿En serio? ¿Cuándo ha hecho el cisma que las cosas sean «mejores»? ¿Y cuándo se ha detenido un cisma en uno solo? Prescíndase de la autoridad de la Iglesia, ¿y qué impide que haya más divisiones? Sólo pregúntenles a los protestantes. ¿Creen que guiar a la gente al cisma es bueno para la salvación de sus almas? ¿Prenderle fuego a una iglesia sería bueno para el edificio?

Algunos dirán: «No es herejía; es cisma». Pero el cisma es herejía. El término «herejía» proviene de una raíz griega (haiereo) que significa «elegir». Cuando un grupo decide que puede elegir un conjunto de doctrinas o concilios de la Iglesia que quiere obedecer y cuáles no, eso es herético. Esas personas simplemente se han convertido en otro grupo de protestantes.

Algunos de mis mejores amigos son protestantes. Una cosa que me gusta de mis amigos protestantes es que no pretenden ser católicos. Así que, si ciertas personas quieren separarse de la Iglesia católica, está bien. Ya se ha hecho antes. Es triste, pero la Iglesia siempre sobrevive. Pero no pueden quedarse con los edificios de las iglesias construidos por y para los católicos. Si crean su propia iglesia, que construyan sus propios edificios.

Pueden volver para el café.
Randall Smith


Sobre el autor

Randall Smith ocupa la Cátedra de Teología J. Michael Miller en la Universidad de St. Thomas en Houston. Entre sus libros se encuentran Bonaventure’s Journey of the Soul into God: Context and Commentary, From Here to Eternity: Reflections on Death, Immortality, and the Resurrection of the Body, Aquinas, Bonaventure, and the Scholastic Culture of Medieval Paris: Preaching, Prologues, and Biblical Commentary, Reading the Sermons of Thomas Aquinas: A Beginner’s Guide. Su próximo libro, Mapping Bonaventure’s Itinerarium: Context and Commentary, se publicará en Emmaus Press este verano. Sus artículos se pueden encontrar aquí.

Atacan al Papa León XIV: La Doble Rebelión Contra la Doctrina y Magisterio | P. Santiago Martín FM



DURACIÓN 10:20 MINUTOS

¿QUÉ PASA EN LA IGLESIA? #117 PADRE JORGE GONZÁLEZ GUADALIX.




DURACIÓN 33:36 MINUTOS



EMPEZAMOS EN ROMA   ESPAÑA
1. El Valle de los Caídos vuelve a tener abad
2. Curas incordiantes
3. Jornada pro orantibus 2026
MUNDO
4. Buenos datos desde la banca vaticana
5. Música sacra
6. Courage contra el sínodo
7. Puntos fuertes de la New age
8. Más de 400.000 peregrinos en Fátima

viernes, 15 de mayo de 2026

No sabía que Jesús está vivo y esperándome en la Eucaristía | Samuel Clavijo, ¿futuro sacerdote?




DURACIÓN 34:25 MINUTOS

Problemas con el rito de consagración del Novus Ordo


Uno de los elementos significativos relacionados con la polémica decisión de la FSSPX. Aprovecho esta oportunidad para compartir un recuerdo. Hace años, cuando expresé mis inquietudes sobre los cambios en la fórmula de ordenación sacerdotal al entonces superior de la FSSP, me respondió lacónicamente: « No somos columnistas ». Aquí está el índice de artículos sobre la liturgia en la época de León XIII. Problemas con el rito de consagración del Novus Ordo:

Una carta abierta


En estos tiempos difíciles para la Iglesia, no podemos permanecer en silencio mientras se tambalean los cimientos del sacerdocio y del Santo Sacrificio. Las reformas introducidas bajo el pontificado de Pablo VI no fueron ajustes menores, sino una reconstrucción radical de los ritos sagrados de la Iglesia, llevada a cabo, como es bien sabido, con la ayuda de seis observadores protestantes, hombres que no compartían la fe católica en la Misa como verdadero sacrificio ni en el sacerdocio como realidad sacramental.

Desde el principio, se plantearon serias objeciones. Los cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci advirtieron que el nuevo rito de la Misa, el llamado Novus Ordo Missae , estaba plagado de peligrosas ambigüedades —insinuaciones contra la fe misma— . Señalaron que la doctrina de la Presencia Real ya no se expresaba con claridad, que la naturaleza sacrificial de la Misa se oscurecía y que el papel del sacerdote se reducía a algo parecido al de un ministro protestante. Estas advertencias quedaron sin respuesta. Fueron ignoradas.

Poco después, en 1968 y 1969, se aplicó el mismo espíritu de reforma a los ritos de ordenación.(1) En su constitución Pontificalis Romani Recognitio , Pablo VI argumentó que los cambios tenían como objetivo clarificar y restaurar. Pero lo que vemos, en cambio, no es claridad: es omisión, dilución y, en algunos casos, un silencio peligroso donde la precisión es absolutamente necesaria.

Consideremos la ordenación sacerdotal. En el rito tradicional, la Iglesia habla inequívocamente: el sacerdote es ordenado para ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa, perdonar los pecados y bendecir en el nombre de Cristo. Estos no son detalles secundarios; son la esencia misma del sacerdocio. Sin embargo, en el nuevo rito, estas facultades esenciales ya no se expresan claramente en la forma sacramental. En el mejor de los casos, se mencionan vagamente, e incluso entonces en partes opcionales de la ceremonia.

Peor aún, la forma definida por el Papa Pío XII en Sacramentum Ordinis ha sido modificada de tal manera que oscurece la conexión entre la gracia del Espíritu Santo y la investidura sacerdotal. Se ha suprimido una sola palabra — «ut» —, y con ella, la clara relación entre causa y efecto. Este cambio no es trivial. Afecta la validez y el significado mismo del sacramento.

Al abordar la consagración de obispos, la situación se torna aún más alarmante. El rito tradicional no deja lugar a dudas sobre la naturaleza del obispo: sucesor de los Apóstoles, poseedor de la plenitud del sacerdocio, investido con la autoridad para enseñar, santificar y gobernar. Esto se expresa claramente en oraciones, votos y símbolos.

En el nuevo rito, esta claridad desaparece.

El solemne juramento de fidelidad a la Sede Apostólica se sustituye por un lenguaje vago. Los votos firmes se convierten en meras «resoluciones». La profesión explícita de la fe católica se reduce a una simple pregunta. Incluso las atribuciones de un obispo, antes proclamadas abiertamente, ya no se enuncian explícitamente.

En cambio, encontramos expresiones ambiguas: el obispo como alguien que «sirve» más que que gobierna, cuya autoridad parece derivar más de la comunidad que de Dios. El énfasis se desplaza sutilmente de la institución divina a la función humana.

La oración de consagración en sí misma también suscita serias dudas. Pablo VI afirmó que provenía de fuentes antiguas, específicamente de la llamada Tradición Apostólica atribuida a Hipólito de Roma. Sin embargo, los estudiosos cuestionan tanto el origen como la fiabilidad de este texto. Aún más preocupante es que, en comparación con los auténticos ritos orientales, la nueva versión omite expresiones clave que claramente denotan el poder episcopal.

Esta ambigüedad no ha pasado desapercibida. El hecho de que la Iglesia Episcopal Protestante de Estados Unidos haya podido adoptar una forma similar en sus ritos debería justificar la preocupación católica. Un rito aceptable para quienes niegan el sacerdocio sacrificial no puede celebrarse fácilmente para salvaguardarlo.

Aquí debemos recordar el juicio del Papa León XIII en Apostolicae Curae , donde declaró nulas y sin efecto las órdenes anglicanas precisamente por defectos de forma e intención, defectos sorprendentemente similares a los que vemos ahora: ambigüedad, omisión y falta de expresión de la verdadera naturaleza del sacerdocio.

Otros cambios refuerzan el mismo patrón. Los elementos ricos y solemnes del rito tradicional —la detallada Profesión de Fe, la Letanía de los Santos completa, la clara concesión de autoridad— se reducen o se vuelven opcionales. Incluso los símbolos de autoridad, como el báculo pastoral, pierden su poderoso significado.

Todo esto se presenta bajo el pretexto de una «simplificación» y un «retorno a las prácticas antiguas». Pero este supuesto retorno a la antigüedad —lo que el Papa Pío XII condenó como arqueología en Mediator Dei— no es una verdadera restauración. Es una reconstrucción guiada por ideas modernas, no por el desarrollo orgánico de la Tradición.

Cabe preguntarse: ¿qué clase de sacerdocio se está formando? ¿Qué clase de obispos se están consagrando? Cuando se silencia el lenguaje del sacrificio, cuando se oscurece la autoridad, cuando la doctrina se da por implícita en lugar de proclamarse, el resultado es, en el mejor de los casos, confusión; y, en el peor, una erosión gradual de la fe misma.

Se nos dice que estas reformas eran necesarias. ¿Pero necesarias para qué? No para preservar lo que la Iglesia siempre ha enseñado. No para fortalecer la fe en la Presencia Real. No para salvaguardar el sacerdocio sacramental.

La verdad es difícil, pero hay que afrontarla: estos nuevos ritos no llevan las marcas de la continuidad, sino de la ruptura. Guardan un parecido inquietante con las mismas reformas protestantes que la Iglesia condenó.

En una crisis como esta, los fieles no pueden permitirse la indiferencia. No nos corresponde a nosotros redefinir el sacerdocio. No nos corresponde a nosotros vivir los sacramentos. Son realidades divinas confiadas a la Iglesia, para ser transmitidas intactas.

Lo sagrado no puede volverse repentinamente dudoso. Lo claro no puede volverse repentinamente oscuro.

El deber sigue siendo el mismo: mantenernos firmes en lo que la Iglesia siempre ha hecho, enseñado y creído.

Tradicional católico en Facebook
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Nota de la Iglesia y posconciliar

Fórmula preconciliar :

« Accipe potestatem offerre sacrificium Deo, Missasque celebrate, tam pro vivis, quam pro defunctis in nominate Domini .» (https://introibo.net/download/buecher/pontificale_romanum.pdf)

Recibe el poder de ofrecer sacrificios a Dios , celebra misas por los vivos y los difuntos en el nombre del Señor.

Nueva fórmula :

« Accipe oblationem plebis sanctae Deo offerendam. Agnosce quod ages, imitare quod tractabis, et vitam tuam mysterio dominicae crucis conforma .»

Recibe las ofrendas del pueblo santo (para ofrecer a Dios). La traducción que transcribo aquí, a la que se hace referencia en el enlace, dice: 

Para el sacrificio eucarístico . Sé consciente de lo que harás, imita lo que celebrarás, conforma tu vida al misterio de la cruz de Cristo. (https://sangaspare.it/riti-straordinari/rito-dellordinazione-presbiterale/)

Es emblemático que en la Carta Apostólica Apostolicae Curae (13 de septiembre de 1896), en la que León XIII trata sobre las ordenaciones anglicanas, las considere inválidas debido a un defecto de forma. 

Si la materia de este sacramento se considera la imposición de manos, la forma consiste en la fórmula de ordenación, que, para los anglicanos, está aún más diluida: 

«Recibe el Espíritu Santo». 

Para el Papa León XIII, tales palabras «no significan en absoluto con precisión el Orden del sacerdocio ni su gracia y poder, que en particular es el poder de “consagrar y ofrecer el verdadero Cuerpo y Sangre del Señor”» [cita del Concilio de Trento: DS 1771].

Tracemos un paralelismo...

Simios y humanos: el evolucionismo a juicio

 



Recuperando la verdadera historia y cronología de la humanidad.



Pieter Brueghel el Viejo (1526/1530–1569), Dos monos encadenados.



Historia falsificada.

Si hoy abrimos cualquier libro dedicado a la historia y los orígenes de la humanidad, encontraremos la misma tesis evolutiva caracterizada por dos ideas principales: que el hombre desciende de una familia de primates (es decir, simios) y que la cronología de su "evolución" se extiende a lo largo de millones de años. Manteniendo la fachada de la cultura latina, se habla de Homo ergaster y Homo erectus , que supuestamente aparecieron hace entre 1,5 y 2 millones de años.(1) Antes que ellos, su antepasado simiesco, el (infame) Australopithecus, vivió en África. Se dice que hace unos 200.000 años —con variaciones entre 50.000 y 100.000 años— apareció el verdadero ser humano: Homo sapiens . Los científicos debaten preguntas como: "¿Los humanos tienen un origen único o múltiple?". Si la respuesta es un origen único, entonces nos enfrentamos a la llamada "hipótesis del origen único" o la "teoría de la salida de África". Si se prefiere esta última opción, entonces estamos ante una "evolución multirregional". En ambos casos, los científicos mantienen una creencia inquebrantable: que los humanos descendemos de una "especie de primates".

Si quieres ver cómo están las cosas, lee el artículo escrito por el Sr. Chris Stringer del Museo de Historia Natural de Londres, publicado en la revista Nature , titulado " Fuera de Etiopía ".(2) Desde el principio se nos dice lo siguiente:
La idea de que los humanos modernos se originaron en África, y que desde allí se extendieron poblaciones al resto del mundo, ha seguido ganando adeptos en los últimos tiempos.
Interesante. Primero surgió la idea, y solo después se confirmó. Sin embargo, no crean que el Dr. Stringer pretende sugerir que la filosofía y la doctrina preceden a la observación y los hechos. En absoluto. La "idea" es simplemente una hipótesis de trabajo que ha sido "probada" por los hechos. En su artículo, apoya la hipótesis de un único origen africano para la humanidad. Las cifras que presenta siempre son impresionantes: fósiles pertenecientes a Homo sapiens han sido datados "entre aproximadamente 260.000 y 130.000 años atrás". Y los "argumentos científicos" a favor de estas cronologías siempre suenan así:
Los fósiles están lo suficientemente completos como para mostrar una serie de características típicas de los humanos modernos y, utilizando el método de isótopos de argón, se ha datado en torno a los 160.000 años de antigüedad.
Como era de esperar, también hay un diagrama (en la página 693) que sistematiza estas cronologías. Se dice que Homo ergaster , el primer homínido en cocinar, tiene alrededor de 1,5 millones de años; Homo erectus , el que empezó a preferir la bipedestación, también tiene la venerable edad de unos 1,2 millones de años; mientras que se dice que el joven Homo sapiens tiene solo unos 100.000 (o 200.000) años. Podemos sonreír cuando el autor se refiere a fósiles de cierta región (Herto, Etiopía), que datan de hace más de 100.000 años, como " Homo sapiens moderno ".

No es necesario citar múltiples fuentes. Estoy seguro de que ya han captado la idea principal, que muchos conocen gracias a los libros de texto escolares, las enciclopedias y los diccionarios modernos: según la "ciencia" convencional, los orígenes del mundo y de la humanidad se pierden en algún lugar del túnel del tiempo que se extiende millones y millones de años.

Cronologías indefinidas y el comienzo del mundo

Hoy en día, para muchos católicos, estos datos se aceptan sin reservas. De hecho, hubo algunos debates en los siglos XIX y principios del XX. Sin embargo, antes de eso, las cosas eran muy diferentes. Lo entendemos sobre todo al leer crónicas históricas antiguas, como la de Miron Costin (1633-1691). En Letopisețul Țărâi Moldovei [de la Aron Vodă încoace] (La crónica de la tierra de Moldavia [desde el reinado de Aron Vodă en adelante]), escribe en la portada:
Crónica de la tierra de Moldavia desde Aaron Vodă en adelante, desde donde fue interrumpida por Ureche, voivoda de la región baja, en la ciudad de Iași, en el año 7183 de la creación del mundo y 1675 de la Natividad del Salvador del mundo, Jesucristo… (3)
El autor, educado por su padre, el hetman Iancu Costin, en el colegio jesuita de Bar (entonces Kamienec Podolski), también escribió una historia en verso polaco de Moldavia y Valaquia. Como sugiere la cita anterior, conocía con gran precisión la duración de la historia universal: 7182 años. De hecho, la mayoría de las crónicas medievales y renacentistas contienen datos similares. De su lectura se desprende que los orígenes de la humanidad no se remontan a cientos de miles o millones de años, sino a tan solo unos pocos miles. El punto de referencia siempre fue el año del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Por lo tanto, los autores cristianos primero calcularon el período desde la creación del mundo hasta el nacimiento del Niño divino, y luego fueron sumando progresivamente los años hasta la fecha de su escritura. No es de extrañar, pues, encontrar algunas discrepancias en estas cronologías.

Teófilo de Antioquía, que vivió en el siglo II d. C., y Julio Africano, basándose en la Septuaginta ( la versión griega tradicional del Antiguo Testamento), propusieron un período de 5530 años entre la creación del mundo y el nacimiento de Jesucristo. Un monje alejandrino llamado Panodoro calculó aproximadamente 5900 años. Un famoso texto histórico del Imperio Romano de Oriente, el Chronicon Paschale , hablaba de 5507 años, después de que varios Santos Padres expresaran opiniones diversas sobre los 5000 años para la edad del mundo: San Juan Crisóstomo y San Isaac el Sirio. San Hipólito de Roma (c. 170-c. 235 d. C.) propuso 5500 años. Curiosamente, el famoso historiador eclesiástico bizantino Eusebio de Cesarea (c. 260/265–339 d. C.) estimó un período de 5199 años, que coincide con el que se recoge en la fascinante obra La Ciudad Mística de Dios, de la visionaria abadesa María de Ágreda (1602–1665). A pesar de las imprecisiones de varios cientos de años, es evidente que la tradición cristiana, al igual que la judía, concebía la historia del mundo antes de Nuestro Señor Jesucristo como de un período máximo de 6000 años.

El artículo titulado « Cronología bíblica », escrito por J. Howlett y publicado en 1908 en la Enciclopedia Católica , afirma con realismo que la enorme cantidad de cronologías propuestas —alrededor de doscientas— demuestra que no podemos pretender la exactitud en un asunto tan delicado. Esto se debe a que «los libros de la Sagrada Escritura (...) no son mera historia». Al mismo tiempo, se cita con aprobación al padre Mangenot, quien afirma que «algunos defensores de la arqueología prehistórica han abusado de esta libertad y han atribuido a la raza humana una antigüedad extremadamente remota».(4)

A continuación se citan autores que ya habían propuesto, en la segunda mitad del siglo XIX y a principios del siglo XX, cifras similares a las popularizadas por los científicos actuales: Haeckel – más de 100.000 años; Burmeister – más de 72.000 años; Draper – 250.000 años; G. de Mortillet – 240.000 años, etc. La opinión de Guibert, que critica estas cifras descomunales – "no hay nada que nos obligue a extender la existencia humana más allá de los 10.000 años" – es secundada por Driver, quien afirma: Según la estimación más conservadora, no puede ser inferior a 20.000 años.

Las enseñanzas de las jerarquías católicas preconciliares.

Todas las opiniones que leemos en el artículo de la Enciclopedia Católica demuestran que los debates sobre la cronología de la historia universal ya eran muy intensos a principios del siglo XX. Sin embargo, en el mundo católico, nadie aceptaba una historia que abarcara cientos de miles o millones de años, sino más bien una de 20 000 o 30 000 años como máximo, y más probablemente de 10 000 años. Si bien los debates sobre la duración de la historia universal son importantes, el debate sobre el origen de los humanos a partir de los simios lo es aún más. Desde el principio, se han ofrecido varias respuestas muy importantes a esta idea, las cuales me gustaría repasar aquí.

En primer lugar, existe una condena explícita del evolucionismo por parte de los obispos alemanes. En un documento de un concilio local celebrado en Colonia en 1860, declararon lo siguiente:

Nuestros primeros padres fueron formados directamente por Dios. Por lo tanto, declaramos que la opinión de quienes no temen afirmar que este ser humano, el hombre en cuanto a su cuerpo, surgió finalmente del cambio espontáneo y continuo de la naturaleza imperfecta hacia una más perfecta, es claramente contraria a la Sagrada Escritura y a la Fe.(5)

El fundamento bíblico revelado se expone de forma concisa y clara, sin ambigüedad alguna. La doctrina en nombre de la cual reaccionaron los obispos alemanes es la de la creación del hombre por Dios. Por lo tanto, el hombre, si bien aún no había alcanzado la perfección de la visión beatífica, fue creado completo desde el principio, cuerpo y alma. Los cuerpos de los primeros humanos, Adán y Eva, no podían experimentar ninguna «evolución» de una naturaleza imperfecta a una perfecta, descartando así cualquier intento de separar la dimensión corporal del hombre de la espiritual para justificar la evolución humana a partir de los simios. Además, la idea de un simio con alma humana es metafísicamente imposible. Asimismo, no debe olvidarse que el dogma del pecado original implica una «involución» del hombre, no una «evolución».

Siguiendo el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, la Iglesia ha adoptado la concepción —de origen platónico-aristotélico— del alma entendida como la «forma sustancial» del cuerpo (la «materia» del hombre). Para todos los principales pensadores católicos posteriores al Doctor Angélico, el hilemorfismo (la teoría según la cual «todo objeto físico es compuesto de materia y forma») excluye cualquier hipótesis evolutiva. ¿Por qué? Porque las «formas sustanciales» que subyacen a todas las criaturas y objetos de nuestro mundo físico son entidades inteligibles creadas directamente por Dios. Estas entidades —también llamadas «esencias», «sustancias» o «ideas» de seres y cosas— no pueden experimentar «evolución». Tampoco el hombre puede manipularlas ni transformarlas de ninguna manera. Una «forma sustancial» no puede transformarse en otra forma. Solo Dios puede hacer esto, como se desprende de la enseñanza de la Iglesia sobre la Sagrada Eucaristía, que afirma que en el momento en que el sacerdote pronuncia las palabras de Nuestro Señor Jesucristo en la noche de la Última Cena, las "formas" del pan y el vino son sustituidas por Dios mismo por las sustancias de su Cuerpo y Sangre.

Obviamente, el rechazo de la evolución presupone la existencia de un marco filosófico que permite, en la medida de lo posible con nuestro nivel de conocimiento actual (posterior a la caída), explicar la existencia de seres y cosas en nuestro mundo. Sin embargo, si se rechaza este marco, la humanidad y el mundo se explican en términos estrictamente materiales, en los que partículas invisibles —como los átomos— son los «bloques de construcción» de los que todo se compone. Quizás sorprenda a algunos lectores al afirmar que, desde la perspectiva de la metafísica aristotélico-tomista clásica, la transformación de las formas es tan inaceptable como el modelo atómico moderno. Con esta afirmación, simplemente deseo señalar que, sin una sólida base filosófica, las discusiones sobre los orígenes de la humanidad y del mundo solo pueden conducir a un número infinito de errores.

Robert Lazu Kmita
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1. Bernard Wood, Human Evolution: A Very Brief Introducción , Oxford University Press, 2005.
2. Aquí están los datos bibliográficos precisos del artículo: Chris Stinger, “ Out of Etiopía ” Nature, Volumen 423, 12 de junio de 2003, pp. 692-693 y 695.
3. El texto original: “Letopisețul Țărâi Moldovei de la Aaron Vodă încoace, de unde este părăsit de Ureche Vornicul de țara de Gios în oraș în Iași, în anul de la creaa lumii 7183, iar de la de la Nașțeria Mântuitoriului lumii, he Iisus Christos, 1675 meseța… dni.” En Marii Cronicari ai Moldovei (Los grandes cronistas de Moldavia), edición, estudio introductorio, glosario, puntos de referencia histórico-literarios por Gabriel Ștrempel, Bucarest: Editorial de la Academia Rumana, 2003, pág. 171.
4. “ Cronología bíblica ”, en Enciclopedia Católica: https://www.newadvent.org/cathen/03731a.htm [Consultado el 5 de mayo de 2026].
5. El texto latino original, citado en EC Messenger, Evolution and Theology (Nueva York: Macmillan, 1932, pág. 226, n. 1), es el siguiente:
Primi parentes a Deo immediate conditi sunt. Itaque Scripturæ sanctæ fideique plane adversantem illorum declaramus sententiam, qui afirmar no verantur, espontánea naturæ imperfectioris in Perfectiorem continuo ultimaque humanam hanc immutatione hominem, si corpus quidem speci, prodidisse.
La traducción que cito es del artículo de Brian W. Harrison, " Early Vatican Responses to Evolutionist Theology ", accesible en línea aquí: https://www.rtforum.org/lt/lt93.html [consultado el 5 de mayo de 2026]. El señor Harrison, a su vez, ha retomado la traducción de Patrick O'Connell de Science of Today and the Problems of Genesis (segunda edición, 1968, reimpresa por TAN Books [Rockford, Illinois, 1993], p. 187). Refiriéndose tanto al artículo de los obispos alemanes como a las traducciones al inglés, Harrison afirma lo siguiente:
Al incluir la palabra «espontáneo», este juicio contra la evolución se abstiene de condenar la hipótesis del «transformismo especial».
6. El artículo « Forma versus materia » de la Enciclopedia de Filosofía de Stanford: https://plato.stanford.edu/entries/form-matter/ [Consultado el 5 de mayo de 2026].

Declaración de la FSSPX: «En esta fe inmutable deseamos vivir y morir, en espera de que ceda su lugar a la visión directa de la inmutable Verdad eterna»



El Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), el padre Davide Pagliarani, ha hecho pública este jueves 14 de mayo, fiesta de la Ascensión, una Declaración de Fe católica dirigida al Papa León XIV, fechada en Menzingen (Suiza), sede general de la Fraternidad.

El documento, redactado en tono filial pero doctrinalmente firme, se presenta como «el mínimo indispensable» exigido por la FSSPX para estar en comunión con la Iglesia y, en palabras de su Superior, poder llamarse verdaderamente católicos e «hijos» del Romano Pontífice. Pagliarani lamenta que, tras más de cincuenta años de conversaciones con la Santa Sede, los planteamientos de la Fraternidad «no han recibido ninguna respuesta verdaderamente satisfactoria» y denuncia que el derecho canónico haya sido empleado, a su juicio, «no para confirmar en la fe, sino para alejar de ella».

La Declaración reafirma puntos clásicos del magisterio preconciliar —unicidad de la verdadera religión, necesidad de la Iglesia católica para la salvación, carácter propiciatorio del Santo Sacrificio de la Misa, realeza social de Cristo, condena de la laicidad y rechazo a cualquier «bendición» a parejas del mismo sexo— y plantea implícitamente al nuevo Pontífice una hoja de ruta doctrinal para una eventual normalización canónica.

A continuación reproducimos íntegramente la traducción al español del texto remitido a León XIV.

Declaración de Fe católica dirigida a Su Santidad el Papa León XIV por el abate Davide Pagliarani, Superior General de la FSSPX



Santísimo Padre:

Desde hace más de cincuenta años, la FSSPX se esfuerza por exponer a la Santa Sede su caso de conciencia frente a los errores que destruyen la fe y la moral católicas. Lamentablemente, todas las conversaciones entabladas han quedado sin resultado, y todas las preocupaciones expresadas no han recibido ninguna respuesta verdaderamente satisfactoria.

Desde hace más de cincuenta años, la única solución realmente contemplada por la Santa Sede parece ser la de las sanciones canónicas. Con gran pesar nuestro, nos parece que el derecho canónico se utiliza, por tanto, no para confirmar en la fe, sino para alejar de ella.

Por medio del texto que sigue, la FSSPX se complace en expresar a Vuestra Santidad, filial y sinceramente, en las presentes circunstancias, su adhesión a la fe católica, sin ocultar nada ni a Vuestra Santidad ni a la Iglesia universal.

La Fraternidad pone esta sencilla Declaración de Fe en Vuestras manos. Nos parece corresponder al mínimo indispensable para poder estar en comunión con la Iglesia, llamarnos verdaderamente católicos y, por consiguiente, hijos Vuestros.

No tenemos otro deseo que el de vivir y ser confirmados en la fe católica romana.

«Así, permaneciendo firmemente arraigados y establecidos en la verdadera fe católica, esforzaos por ser siempre dignos ministros del sacrificio divino y de la Iglesia de Dios, que es el Cuerpo de Cristo. Pues, como dice el Apóstol: ‘Todo lo que no procede de la fe es pecado’ (Rom 14, 23), cismático y fuera de la unidad de la Iglesia.» (Pontifical Romano, Monición a los ordenandos al subdiaconado)

DECLARACIÓN DE FE CATÓLICA

En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, Sabiduría divina, Verbo encarnado, que ha querido una sola religión, que ha dejado definitivamente caduca la Antigua Alianza, que ha fundado una sola Iglesia, que ha triunfado sobre Satanás, que ha vencido al mundo, que permanece con nosotros hasta el fin de los tiempos y que volverá a juzgar a vivos y muertos.

Él, Imagen perfecta del Padre, Hijo de Dios hecho hombre, ha sido constituido único Redentor y Salvador del mundo por la Encarnación y por la ofrenda voluntaria del sacrificio de la Cruz. Nuestro Señor satisface a la justicia divina derramando su preciosísima Sangre, y es en esta Sangre donde establece la Nueva y Eterna Alianza, aboliendo la Antigua. Es, por consiguiente, el único Mediador entre Dios y los hombres y el único camino para llegar al Padre. Sólo quien le conoce, conoce al Padre.

Por un decreto divino, la Santísima Virgen María ha sido asociada directa e íntimamente a toda la obra de la Redención; por tanto, negar esta asociación —en los términos recibidos de la Tradición— equivale a alterar la noción misma de Redención tal como la Divina Providencia la ha querido.

No existe sino una sola fe y una sola Iglesia por las cuales podamos ser salvados. Fuera de la Iglesia católica romana, y sin la profesión de la fe que ella ha enseñado siempre, no hay ni salvación ni remisión de los pecados.

Por consiguiente, todo hombre debe ser miembro de la Iglesia católica para salvar su alma, y no existe sino un solo bautismo como medio para incorporarse a ella. Esta necesidad concierne a toda la humanidad sin excepción e incluye indistintamente a cristianos, judíos, musulmanes, paganos y ateos.

El mandato recibido por los Apóstoles, de predicar el Evangelio a todo hombre y de convertir a todo hombre a la fe católica, permanece válido hasta el fin de los tiempos y responde a la necesidad más absoluta e imperiosa que existe en el mundo. «El que creyere y fuere bautizado, se salvará; el que no creyere, se condenará» (Mc 16, 16). Por consiguiente, renunciar a cumplir este mandato constituye el más grave de los crímenes contra la humanidad.

La Iglesia romana es la única que posee simultáneamente las cuatro notas que caracterizan a la Iglesia fundada por Jesucristo: la Unidad, la Santidad, la Catolicidad y la Apostolicidad.

Su unidad se deriva esencialmente de la adhesión de todos sus miembros a la única verdadera fe, fielmente conservada, enseñada y transmitida por la jerarquía católica a lo largo de los siglos.

La negación de una sola verdad de fe destruye la fe misma y hace radicalmente imposible toda comunión con la Iglesia católica.

El único camino posible para restablecer la unidad entre cristianos de confesiones diversas consiste en la apremiante y caritativa llamada dirigida a los no católicos a profesar la única verdadera fe en el seno de la única verdadera Iglesia.

En modo alguno la Iglesia católica puede ser considerada o tratada en pie de igualdad con un culto falso o con una iglesia falsa.

El Romano Pontífice, Vicario de Cristo, es el único sujeto detentor de la autoridad suprema sobre toda la Iglesia. Es él solo quien confiere directamente a los demás miembros de la jerarquía católica la jurisdicción sobre las almas.

«El Espíritu Santo no ha sido prometido a los sucesores de Pedro para que, bajo su revelación, dieran a conocer una doctrina nueva, sino para que, con su asistencia, guardasen santamente y expusieran fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe.» (Pastor Aeternus, cap. 4.)

A una fe única corresponde un culto único, expresión suprema, auténtica y perfecta de esa misma fe.

La Santa Misa es la perpetuación en el tiempo del sacrificio de la Cruz, ofrecido por muchos y renovado sobre el altar. Aunque ofrecido de manera incruenta, el santo sacrificio de la Misa es esencialmente expiatorio y propiciatorio. Ningún otro culto procura la adoración perfecta. Ningún otro culto que no esté en relación con él es agradable a Dios. Ningún otro medio es suficiente para la santificación de las almas.

Por consiguiente, el santo sacrificio de la Misa no puede en modo alguno reducirse a una simple conmemoración, a una comida espiritual, a una asamblea sagrada celebrada por el pueblo, a la celebración del misterio pascual sin sacrificio, sin satisfacción de la justicia divina, sin expiación de los pecados, sin propiciación y sin Cruz.

El auxilio prestado a las almas por los sacramentos de la Iglesia católica es suficiente en toda circunstancia y época para permitir a los fieles vivir en estado de gracia.

La ley moral contenida en el Decálogo y perfeccionada en el Sermón de la Montaña es la única practicable para obtener la salvación de las almas. Cualquier otro código moral —por ejemplo, fundado en el respeto a la creación o en los derechos de la persona humana— es radicalmente insuficiente para santificar y salvar un alma. En modo alguno puede sustituir a la única verdadera ley moral.

A ejemplo de san Juan Bautista, la verdadera caridad nos obliga a advertir a los pecadores y a no renunciar jamás a tomar los medios necesarios para salvar sus almas.

Quien come el Cuerpo de Nuestro Señor y bebe su Sangre en estado de pecado come y bebe su propia condenación, y ninguna autoridad puede modificar esta ley contenida en la enseñanza de san Pablo y en la Tradición.

El pecado impuro contra naturaleza es de tal gravedad que clama siempre y en toda circunstancia venganza ante Dios, y es radicalmente incompatible con toda forma de amor auténtico y cristiano. Por tanto, semejante «modo de vida» no puede en modo alguno ser reconocido como un don de Dios. Una pareja que practique este vicio debe ser ayudada a liberarse de él, y no puede en modo alguno ser bendecida —formal o informalmente— por los ministros de la Iglesia.

La sumisión de las instituciones y de las naciones en cuanto tales a la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo se deriva directamente de la Encarnación y de la Redención. Por consiguiente, la laicidad de las instituciones y de las naciones constituye una negación implícita de la divinidad y de la realeza universal de Nuestro Señor.

La cristiandad no es un simple fenómeno histórico, sino el único orden querido por Dios entre los hombres. No es la Iglesia la que ha de conformarse al mundo, sino el mundo el que debe ser transformado por la Iglesia.

Es en esta fe y en estos principios donde pedimos ser instruidos y confirmados por Aquel que ha recibido el carisma para hacerlo. Con la ayuda de Nuestro Señor, preferimos la muerte antes que renunciar a ellos. Es en esta fe inmutable donde deseamos vivir y morir, en espera de que ceda su lugar a la visión directa de la inmutable Verdad eterna.

Menzingen, 14 de mayo de 2026, en la fiesta de la Ascensión de Nuestro Señor.

Davide Pagliarani