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miércoles, 7 de octubre de 2026

No lo olvidemos nunca: éste es Pedro Sánchez





⏲ Tiempo estimado de lectura: 7 minutos

Balance caso por caso de la gestión de Sánchez ante la cita electoral del 29N

El panorama político español experimenta un vuelco decisivo tras el reciente anuncio de la convocatoria de elecciones generales anticipadas para el próximo 29 de noviembre. La posibilidad real de articular una alternativa política y desplazar a Pedro Sánchez de la presidencia del Gobierno activa los engranajes electorales de todo el país. Sin embargo, la inmediatez de la campaña y las promesas de futuro suelen actuar como un manto que diluye la memoria colectiva. Hoy, ante una encrucijada de tal magnitud, resulta imprescindible ejercer un ejercicio de memoria histórica reciente para analizar detalladamente la trayectoria, las decisiones y las consecuencias de la gestión de Sánchez durante estos ocho años, desglosando cada uno de los episodios que marcan este periodo. Sin ánimo de ser exhaustivos podemos señalar:

1. Ceuta y la vulnerabilidad de las fronteras nacionales

La situación de Ceuta tras la invasión de más de 80.000 marroquíes – y que aún permanecen más de 10.000- evidencia una quiebra en la seguridad social y de la unidad nacional.. Los invasores, la política de apoyo a la inmigración masiva, y la gestión de la frontera terrestre sostienen un escenario de vulnerabilidad, inestabilidad y caos. Los residentes denuncian la alarmante inseguridad ciudadana que altera por completo la vida cotidiana de las familias. Las mujeres ya no pueden ir solas por la calle debido al riesgo constante de agresiones sexuales, robos, etc.

2. Adamuz y la opacidad en las infraestructuras

El accidente ferroviario en las inmediaciones de Adamuz se saldó con la alarmante cifra de 46 muertos por una evidente falta de mantenimiento y seguridad en las infraestructuras del Estado y permanece como un episodio de profunda opacidad institucional. A pesar de saldarse con la trágica cifra de 46 personas muertas, la investigación oficial no ha derivado en la asunción de responsabilidades políticas ni técnicas en el Ministerio de Transportes en una vergonzosa muestra de cobardía política. Las pesquisas sobre los tramos de vía férrea sustraídos siguen sin arrojar resultados claros, diluyendo la rendición de cuentas ante las familias de las víctimas.

3. El apagón energético y sus consecuencias críticas

El colapso del suministro eléctrico dejó desprotegidos a miles de ciudadanos vulnerables por culpa de una caótica y sectaria política energética. Sánchez no asume la autoría del incidente y echa la culpa de manera cobarde a las centrales nucleares, a las que previamente su propio ministerio había mandado desconectar o trabajar al mínimo de su capacidad por puros prejuicios ideológicos. Debido a esta negligente falta de previsión, tras forzar la desconexión o el funcionamiento al mínimo de las centrales nucleares, las desconexiones masivas provocaron situaciones de desamparo absoluto, llegando a causar la muerte agónica de ciudadanos dependientes de respiradores artificiales en sus propios domicilios sin que ningún miembro del Consejo de Ministros asumiera responsabilidades por las directrices energéticas.

4. La catástrofe de la DANA y la omisión de auxilio

La gestión de las inundaciones provocadas por el temporal evidenció una cruel falta de empatía institucional por parte de la Moncloa, que prefirió el cálculo electoral a la salvación de vidas. El presidente del Gobierno central optó por inhibirse, bloquear el envío del Ejército y esperar la reacción de las administraciones locales con una frase literal que destila una soberbia inadmisible:

«Si quieren ayuda, que la pidan».

Esta postura supuso retrasos críticos en el despliegue del Ejército y los servicios de emergencia estatales en las zonas más afectadas.

5. El abandono de los damnificados en La Palma

La falsa compasión gubernamental hacia los damnificados por la erupción del volcán desapareció por completo en cuanto se apagaron los focos de las televisiones. El líder del Ejecutivo no ha vuelto por allí ni quiere saber nada de las promesas de reconstrucción económica que firmó ante los medios. Hoy en día, la Moncloa ignora el sufrimiento de las familias afectadas, que siguen malviviendo de forma indigna en barracones industriales y contenedores provisionales tras haberlo perdido todo a la espera de las ayudas económicas prometidas que no llegan.

6. La gestión del COVID-19 y el falso Comité de Expertos

La gestión de la crisis sanitaria de 2020 constituyó un fraude y un fracaso absoluto del Sistema Nacional de Salud, situando a España en los peores ratios de mortalidad de toda Europa. El Ejecutivo central justificó decisiones unilaterales, sectarias y que atentaban contra la libertad de las personas y el arresto domiciliario de la población basándose en las recomendaciones de un Comité de Expertos inventado, que realmente no existió nunca. Sanidad manipuló los datos oficiales y todavía hoy oculta el número real de víctimas mortales. El sectarismo político de Sánchez primó sobre la vida de los españoles al permitir de forma negligente la manifestación ideológica del 8M cuando los contagios ya se encontraban disparados de forma exponencial.

7. El fraude de la reforma de la Ley de Nietos

El Gobierno utiliza de forma fraudulenta la normativa de memoria democrática como una vía rápida para tramitar regularizaciones masivas en el extranjero con fines puramente electorales. La instrucción administrativa del Ministerio de Justicia rebajando los requisitos técnicos regaló la nacionalidad española a miles de ciudadanos sin la necesidad de que tengan que acreditar un parentesco real o consanguíneo con los exiliados históricos, adulterando gravemente el censo de votantes.

Múltiples municipios y pequeñas corporaciones locales del entorno rural se han visto desbordadas al constatar de forma repentina que su población censada se triplicaba en cuestión de meses. Es un fraude electoral.

8. Regularización masiva

El gobierno de Sánchez acelera los trámites para legalizar la situación administrativa de golpe a cerca de un millón de inmigrantes que residen de forma ilegal en el país. Esta maniobra constituye una estrategia clientelar para fabricar un nuevo electorado dependiente del subsidio estatal y la fidelización del voto. Esta medida genera además un destructivo e inmediato efecto llamada que beneficia de forma directa a todas las mafias y organizaciones no gubernamentales que se lucran con el tráfico ilegal de personas.

9. Pegasus y las contrapartidas diplomáticas con Marruecos

El hackeo masivo de los dispositivos móviles del presidente y de varios ministros mediante el software espía Pegasus coincidió temporalmente con un giro radical e inconsulto en la política internacional respecto al Sáhara Occidental. Con posterioridad, el Gobierno articuló la concesión de miles de millones de euros para subvencionar empresas y explotaciones agrícolas marroquíes, introduciendo productos que carecen de estrictos controles sanitarios y que compiten en desigualdad de condiciones con el sector primario español

10. Okupación

El marco legal que impulsan los socios separatistas y de extrema izquierda ampara abiertamente a los delincuentes que violan el derecho de propiedad privada. Con las leyes actuales del sanchismo, las trabas burocráticas y judiciales introducidas en la legislación de vivienda impiden los desalojos exprés, de forma que si se te mete una familia de okupas en tu casa, los plazos judiciales se alargan deliberadamente durante años y los intrusos te arruinarán la vida económica y familiar con total impunidad, mientras la policía contempla los hechos con las manos atadas.

11. Indultos a los golpistas separatistas

La sumisión de Pedro Sánchez ante las exigencias de los líderes separatistas dinamitó el Estado de derecho y desautorizó el trabajo del Tribunal Supremo. El Ejecutivo aplicó la medida de gracia de forma arbitraria y concedió indultos gubernamentales a casi todos los golpistas implicados de forma directa en los delitos de sedición y malversación, traicionando su promesa electoral explícita de no perdonar jamás a quienes quebrantaran la Constitución.

12. ETA

La supervivencia del Gobierno sanchista descansa sobre la indigna alianza parlamentaria con los herederos de la banda terrorista ETA. Como pago directo por los votos de EH Bildu, el Ejecutivo entregó de forma infame la transferencia de las competencias penitenciarias al Gobierno vasco. La coalición proetarra no tardó en utilizar este privilegio para vaciar las cárceles, aplicar terceros grados exprés y soltar a la calle a asesinos múltiples de la organización terrorista ETA antes de cumplir sus condenas.

13. Las excarcelaciones de la ley de protección a la mujer

La implantación de la conocida ley del «solo sí es sí» derivó en el mayor atentado de seguridad jurídica para las víctimas de violencia sexual en la historia contemporánea española. El sectarismo ideológico y los fallos en el diseño técnico de la norma penal permitieron la rebaja sistemática de condenas y la excarcelación imprevista de centenares de violadores. La protección se debilitó aún más ante los fallos logísticos de las pulseras de control telemático, un escenario crítico ante el cual ningún cargo político del Ministerio de Igualdad asumió la culpa.

14. El bloqueo sistemático de los Presupuestos Generales

El Ejecutivo de Pedro Sánchez ostenta el récord absoluto de incumplimiento del mandato constitucional recogido en el artículo 134, que obliga a presentar anualmente las cuentas del Estado. España encadena cuatro ejercicios consecutivos sin presupuestos aprobados, lo que obliga a gobernar mediante la prórroga sistemática y artificial de cuentas anteriores, un síntoma de debilidad parlamentaria que debilita el control económico de las instituciones.

15. Un sumario inabarcable de negligencias y despropósitos bajo sospecha

Para no extender en demasía este análisis y ante la ingente acumulación de causas pendientes, resulta obligado agrupar en este último apartado un compendio de escándalos que completan este demoledor balanceLa mordaza mediática
  1. El asalto implacable a las instituciones del Estado y al Poder Judicial
  2. Las presiones a los jueces y la quiebra de la separación de poderes
  3. Las sospechas de fraude en las primarias del PSOE
  4. La deuda y el descuadre contable de la SEPI
  5. El caso Tito Berni y la corrupción parlamentaria
  6. La trama Peugeot con Koldo, Ábalos y Cerdán
  7. El rol del expresidente Zapatero y el eje venezolano
  8. El fracaso de las políticas de vivienda
  9. La recaudación de la DGT mediante balizas obligatorias
  10. La subordinación política de la cúpula de la Policía Nacional
  11. El desmantelamiento de la Guardia Civil y OCON-Surr.
  12. El control de la Fiscalía a las órdenes de Bolaños
  13. El declive del sistema educativo en el Informe PISA
  14. La financiación singular y a la carta para Cataluña
  15. El caso de las cloacas de Leire Díez
  16. Las sospechas de fraude en las Elecciones Generales de 2023
  17. La imputación del Fiscal General del Estado por revelación de secretos
  18. La manipulación demoscópica del CIS de Tezanos
  19. La impunidad judicial del caso ERE en el Tribunal Constitucional

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1 comentario de Javier

… más:

1. Llamó cambios de opinión a sus mentiras.
2. Levantó un muro entre españoles.
3. Hizo del guerracivilismo su estrategia de supervivencia.
4. Compró la investidura con impunidad.
5. Quebró la igualdad entre españoles.
6. Indultó a los condenados del 1-O.
7. Borró el delito de sedición.
8. Rebajó la malversación.
9. Blanqueó a Otegi como socio de Gobierno.
10. Pactó con Bildu la memoria democrática.
11. Le entregó la alcaldía de Pamplona.
12. Impulsó la excarcelación masiva de etarras.
13. Colonizó todas las instituciones.
14. Extendió su injerencia a las empresas privadas.
15. Linchó a los jueces que investigaban a los suyos.
16. Intentó liquidar la independencia judicial.
17. Llamó fango a la prensa crítica.
18. Criminalizó la discrepancia.
19. Maniató al Parlamento.
20. Encadenó una legislatura entera sin presentar Presupuestos.
21. Pulverizó el principio de responsabilidad política.
22. Despreció la rendición de cuentas.
23. Asaltó la televisión pública.
24. Impuso un confinamiento inconstitucional.
25. Intentó manosear el censo electoral.
26. Su fiscal general fue condenado por revelación de secretos.
27. Su mano derecha fue condenado a 24 años por corrupción.
28. Su otra mano derecha espera juicio por corrupción.
29. Su hermano fue condenado por prevaricación.
30. Su mujer está procesada por corrupción.
31. Su entorno convirtió las mascarillas en negocio.
32. Predicó feminismo mientras enchufaban a prostitutas en empresas públicas.
33. Pagó a cloacas para intimidar a jueces, fiscales y policías.
34. Rebajó las penas a más de mil agresores sexuales.
35. Prometió vivienda asequible y dejó alquileres prohibitivos.
36. Hundió el mercado del alquiler.
37. Promovió la okupación.
38. Pulverizó las esperanzas de los jóvenes.
39. Impuso un infierno fiscal.
40. Descontroló la deuda pública.
41. Empobreció a los españoles.
42. Degradó los servicios públicos.
43. Erosionó las fronteras.
44. Aprobó una regularización masiva de inmigrantes.
45. Presidió el desplome de la Educación.
46. Abandonó a los castellanohablantes en Cataluña.
47. Convirtió la gestión ferroviaria en un caos.
48. Abandonó a las víctimas de la DANA.
49. Provocó con su dogmatismo un apagón masivo.
50. Se lavó las manos de los 46 muertos de Adamuz.
51. Medró con la corrupta dictadura venezolana.
52. Recibió a Delcy Rodríguez en Barajas.
53. Protegió a Zapatero a pesar de sus comisiones y joyas millonarias.
54. Provocó conflictos diplomáticos con los aliados naturales de España.
55. Entregó el Sáhara a Marruecos sin pasar por el Congreso.
56. Declaró que Ceuta había sufrido un ataque y se marchó un mes de vacaciones.
57. Degradó la vida pública.
58. Normalizó la indecencia.

Comentario personal

En realidad, se quedan cortos los que esto escriben:

La miseria y degradación de España, que ya está ocurriendo, y que pretende perpetuarse, como en Cuba y Venezuela, sin ir más lejos, va unida [... ¡no debemos de olvidarlo! ...] al abandono de Dios por parte de la sociedad española.

Sólo si se tiene en cuenta que la soberanía no reside en el pueblo sino en Dios, sólo entonces, esta sociedad progresará, en el sentido más genuino de la palabra progreso; un progreso que va unido siempre a la verdad; y una verdad que está encarnada en Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios. Sin el Señor Jesús nada podemos hacer (y no sólo la sociedad española sino toda la humanidad) y caminamos indefectiblemente hacia nuestra autodestrucción.

El arma más poderosa que tenemos los católicos para luchar contra estas fuerzas infernales es la oración, una oración ferviente y confiada. Dios nos escucha siempre y, si le somos fieles, no nos abandonará nunca. 

Por eso, no nos cansemos de rezar. Y en este caso concreto, recemos por España, tierra de María. El rezo del Santo Rosario tiene una eficacia que los enemigos de la fe desconocen por completo.

José Martí

domingo, 4 de octubre de 2026

Una serie de catastróficas desdichas. Cierto tradicionalismo y León XIV

EL WANDERER




“C’est pire qu’un crime, c’est une faute_”_
Atribuida a Talleyrand

Introducción

“Es peor que un crimen, es una estupidez”. En 1804 el Primer Cónsul Napoleón había dado por finiquitado los desmanes revolucionarios y ya se podía dar a conocer por toda Europa como un gobernante confiable y razonable. Sin embargo, en marzo de ese mismo año su ejercito secuestró al Borbón duque de Enghien en tierra extranjera, lo juzgó sumariamente e inmediatamente lo ejecutó en el paredón. Volvían los tiempos en que parecía que los franceses tenían patente del Corso, y podían romper a su sabor las soberanías de los reinos y países europeos a la buena usanza jacobina. Fue peor que un crimen, fue una estupidez porque el asesinato apenas le reportó beneficios —castigar una supuesta conspiración—, sino innumerable perjuicios ya que hizo que Napoleón jamás pudiera reconciliarse con los Borbones y le impidió ser aceptado por el resto de Europa como un igual. Esa sangre vertida levantó un muro formidable alrededor del gran Corso que finalmente lo destruyó. No es nada extraño que se la atribuyeran al gran diplomático y excelso superviviente Talleyrand.

Desde que salió León XIV al balcón de la basílica de San Pedro, casi todo el tradicionalismo ha entrado en un estado de histeria colectiva contra el nuevo Papa. Ni siquiera se había trasladado al Palacio Apostólico cuando ya recibía ataques feroces, exigencias desmesuradas, denuncias intempestivas, gritos ensordecedores e, incluso, chantajes como los de la Fraternidad de San Pio X. De hecho, los primeros problemas y dolores de cabeza no fueron los progresistas, desfondados, ni los neocones, hundidos, sino de algunos grupos tradicionalistas. Una insaciabilidad de Agujero Negro, que todo lo engulle en su negra oscuridad y nada le colma ni le calma. Ni un rayo de luz escapa de un agujero negro, ni un poco de esperanza sale de estas mentes. Maniqueísmo puro y suma estupidez.

No tengo ni idea de por qué ha ocurrido esto ni sé la causa profunda de ello, aunque tengo algunas sospechas e intuiciones pero, como ya hemos tenido la acusación de leer las consciencias, de falta de caridad y de juicio temerario, hemos decidido que intentaremos no meternos en juicios internos sino hacer un ejercicio de realismo político eclesiástico a la manera de Maquiavelo y Tácito para ver las oportunidades perdidas y los graves errores cometidos.

Estado de tradicionalismo durante de elección de León XIV

El Papa León fue elegido sumo pontífice el día 8 de mayo del 2025. Por primera vez en muchísimo tiempo el tradicionalismo y sus aliados jugaron bien sus cartas y formaron parte del bando ganador del cónclave. Por una vez y sin que sirva de precedente, viendo lo visto ahora, se actuó con perspicacia, prudencia e inteligencia. Además de esta gran ventaja de no ser enemigos ni opositores al pontífice desde el comienzo, en el momento de la aparición de Prevost en el balcon de San Pedro, se contaba con el siguiente capital locamente dilapidado en aspavientos:

En primer lugar, el capital simbólico de ser las principales víctimas del tiránico Francisco, Papa que llegó a ser odiado de forma universal por casi todas las facciones eclesiásticas, desde las más progresistas hasta las más conservadoras, por su desgobierno, injusticia, personalismo, delación e incompetencia. Este caos despótico hizo que todos los enemigos de Francisco vieran con simpatía al tradicionalismo, le dieran la razón en muchos de sus planteamientos y lo aceptaran como un jugador legítimo más.

En segundo lugar, con León XIV asciende una nueva generación muy distinta a las anteriores, donde el Vaticano II y sus consecuencias se vivían como algo personal y vital. La generación de Prevost es más pragmática y racional, y ha asumido el Concilio como un hecho de la historia, sin la carga polémica de los anteriores. Es el primer pontífice que no participó ni le afectó el gran suceso eclesiástico del siglo XX, ni sus luchas ni sus prejuicios. Podría estar abierto al debate constructivo de muchos aspectos importantes y fundamentales, incluido el encaje de la Misa Tradicional y sus movimientos.

En tercer lugar, el desfondamiento profundo de todo el progresismo. El progresismo realmente existente de Francisco ha sido tan letal como el soviético para sus defensores. Es una derrota en todos los frentes, moral, política, institucional. Como en 1989, sólo queda la nomenklatura en los mandos. Por otro lado, el clima político y social de los centros del progresismo, Europa y América del Norte, están virando en contra con profundidad. No habrá apoyos externos que presionen fuertemente desde fuera como con Benedicto XVI. El progresismo no iba a poner graves impedimentos pues está desfondado y disperso interna y externamente.

En cuarto lugar, el crecimiento del propio tradicionalismo tanto en número como en influencia, gracias al sacrificio muy poco correspondido y nada agradecido, de un Papa, del gran Benedicto XVI, que dio libertad, autoridad moral y prestigio da través de su figura humana e intelectual, para la recuperación de la Misa Tradicional. El tradicionalismo estaba más fuerte que nunca y con una imagen renovada sin las rémoras del pasado.

Este era el estado en que se encontraba el tradicionalismo en el momento de la proclamación de León XIV. El mejor desde la muerte de Pio XII en 1958 y con mayores posibilidades de renovación en todos los frentes y colaboración en la restauración de la Iglesia. En un año se fue todo al garete por soberbia, revanchismo, fariseísmo e insaciabilidad. Por mezquindad, idiocia y fatuidad.

Comienzo de la tragedia

Prevost fue elegido como Papa de consenso para devolver normalidad a la Iglesia y su gobierno cotidiano, poner algo de paz a las facciones que desgarraban la Iglesia y evitar las sucesivas imposiciones de los bandos. En la memoria de todos estaba el período terrible de la llamada “sede vacante” (2000-2005), los enfrentamientos cainitas del pontificado de Benedicto XVI (2005-2013) y la tiranía francisquista (2013-2025) Es decir, se eligió un administrador competente que devolviera un funcionamiento normal al Vaticano, y a un moderador que evitara el cisma después de 25 años de guerra civil. A eso se ha dedicado todo este tiempo con el acuerdo de todas las facciones, desde casi todos los francisquistas como Tucho o Parolin, hasta los más conservadores como Sarah o Müller, sea por interés desinteresado o muy personal. ¿Todos? No, sólo algunos grupos tradicionalistas se opusieron en una de las políticas más suicidas, contraproducentes y estúpidas que se recuerde.

De conscriptione modernistarum

Ya hablé en uno de los artículos más polémicos de la insaciabilidad, que es una muestra de la soberbia que nos corroe. Sólo se puede exigir legítimamente el mínimo pedido por Dios: el Credo, los Mandamientos y los Sacramentos lícita y válidamente celebrados con los ritos aprobados por la Iglesia. Todo lo demás, por muy bueno, santo y bonito que sea, está al servicio de estos fines y dentro del ámbito de la prudencia, por lo que debe haber libertad y reconocimiento de la licitud de otras opciones. 

Pero algunos no lo entendieron y empezaron a exigir una purga mayor de todos los francisquistas tras la acusación de que León XIV era un nuevo Francisco (¿Nadie ve la contradicción aquí?). Y estos mismos grupos exigentes eran sus clones más fieles pero invertidos; son Bergoglios tradis en miniatura. Es decir, piden volver a la guerra civil y con muy poco poder real en las manos, rompiendo la frágil tregua. Destruyeron la imagen de víctimas injustamente maltratadas, y se adjudicaron otra de futuros tiranos y revanchistas furibundos.

De Bello Titulaico

Primer error del pontificado fue la publicación del documento de los títulos de la Virgen y de la mano de quien sabemos, el Tucho. No obstante, el oponerse a esos títulos es tan legítimo como su defensa, puesto que no son dogmas, que nadie niega el fondo del asunto sino su formulación y que son muy recientes y para nada populares, sino devociones de grupos muy acotados. Este escrito se debería haber contestado con un debate profundo, dando razones teológicas, revisitando los Padres y los Santos, y con muestras de devoción mariana auténtica. Se contestó al documento con histeria digna de los Monthy Pitton, con ataques personales a León XIV, el Tucho y otros (¿dónde quedó el no juzgar consciencias?) y con violencia simbólica para acallar a los contrarios con acusaciones de herejía, blasfemia y sacrilegio por una disputa menor y legítima. Los defensores de la Fe y la Tradición se mostraron como censores y secuaces fanáticos, en vez de profundos teólogos y personas de piedad probada como los Padres y Santos de antaño .

De schisma êconistarum

Finalmente, el cisma de los econitas, la puntilla. Ante una petición de unidad y de colaboración con todos, se respondió con altivez y se ha mostrado de que, si no interesa, se hace rancho aparte, se chantajea a toda la Iglesia con excusas estrafalarias, y peor, se ha visto a un grupo, injustamente pero con algo de razón, que, en el fondo y calladamente, se creen la única iglesia verdadera con los únicos sacramentos verdaderos y la única espiritualidad verdadera que quiere imponerse al resto, ilegítimos leprosos de modernismo.

Esta son las tres desdichas que han hundido el tradicionalismo cuando tenía una oportunidad de oro, casi única en décadas, para poder prosperar, ofrecer sus tesoros y colaborar con el resto de grupos sanos en la restauración de la Iglesia. No ha sido así; ha faltado inteligencia, humildad y autocrítica, ha faltado amor a la Iglesia y a Cristo, ha faltado el espíritu crítico para diferenciar lo esencial y lo accesorio. Ha sobrado soberbia, fanatismo, fariseísmo; han sobrado ídolos a los que adorar, incensar y sacrificar y se ha exigido lo que no se podía exigir legítimamente. Se ha dilapidado alegremente el capital aportado por el sufrimiento y se ha demostrado que están tan enfermos como los demás y que, en el estado actual, si se hicieran con los mandos de la Iglesia y tuviesen las manos libres para imponer sus ideas, sobrevendría otra gran tragedia a la Iglesia. Justos juicios de Dios porque ningún -ismo salva, aún teniendo lo más bueno y santo, sino Él mismo y su insondable providencia

Conclusión

No conozco al papa León XIV ni nadie le conocía hasta su elección. No sé si será un Francisco II más presentable, un Benedicto XVII o un Pio XIII. Sí sé que los papas no heredan ni son heredados, quieran o no. Tampoco me importa mucho lo que digamos de él; lo que me importa es lo que hagamos nosotros, puesto que es esto lo que depende de nuestra mano. Quizás la mayor sorpresa que puede deparar su pontificado es que haga lo que le pidieron que hiciera. Además, no se sabía ni siquiera donde nació, no se había oído apenas su voz cuando se produjeron los primeros ataques y no había pasado ni un mes cuando se le atacó con furor por lo que nada me valen las excusas actuales de si nos gusta o no, lo que hace y lo que no hace. Se le condenó por adelantado cuando no se había recibido ni una mala palabra ni una mala acción, ni un insulto ni una condena, ni nada. Se le despreció cuando ofreció palabras y oportunidades de debate y negociación razonable y no se le apoyó cuando ejerció su labor de defensa de la unidad de Iglesia. ¿Qué esperaban que fuera la respuesta? ¿Flores, besos y sonrisas…?.

Nunca sabremos lo que se hubiera conseguido con otro comportamiento y actitud, quizás nada, pero sí que, por lo menos, se hubiera conseguido la autoridad, el prestigio y el honor ante toda la Iglesia, el reconocimiento de la justicia y razón de la Misa Tradicional, y la convicción de total lealtad, lealtad en el bien y la verdad, a la sede de Pedro y a toda la Iglesia Católica. Hoy no se hubieran visto los frutos pero mañana sí. Este era el camino del Divino Maestro durante su vida terrenal.

Por una vez están de acuerdo todos los moralistas, sean realistas o idealistas: stultitia est peccatum. Lo que se ha hecho ha sido un error gordísimo, un suicidio, unas larga serie de decisiones desdichadas. Han atado las manos al pontífice si éste tenía la intención de solucionar el problema de forma pacífica y razonable, y dado razones válidas para castigar. Ahora no puede otorgar nada sin parecer que abdica de su autoridad y sin que parezca que alimenta un cáncer que pone en peligro a la Iglesia. Los efectos los estamos viendo ya y el principal daño lo están recibiendo lo más inocentes. Todavía hay una oportunidad para enmendar el daño aunque se necesita un grado heroico de humildad, y es bajar del pedestal al que nos hemos subido, derribar los ídolos, cambiar de actitud, asumir responsabilidades y volver a lo esencial: buscar el Reino de Dios. Lo demás se dará por añadidura.

Termino con una frase, esta vez sí, pronunciada con certeza por Talleyrand, el mejor resumen de lo que ha pasado: “Nunca debe cometerse la imprudencia de exigir al presente lo que el porvenir nos aportará con menos esfuerzo.”

Eck

Cupich, McElroy, Tobin, Cobo, Hollerich, Fernández: León XIV elige a los suyos para el encuentro sobre Amoris laetitia






La lista de invitados personales del Papa al encuentro del 7 al 14 de octubre, publicada este viernes por la Sala de Prensa junto al programa de los trabajos, reúne a los nombres más señalados del ala progresista de la Iglesia y deja fuera a todos los críticos de la exhortación de Francisco.

Dentro de cuatro días, cardenales y obispos de todo el mundo se sentarán con León XIV en el Vaticano para hablar de la familia a la luz de Amoris laetitia. La convocatoria oficial habla de «discernimiento sinodal» y «escucha recíproca», pero la nómina de invitados que el Papa ha añadido de su puño y letra a los participantes de oficio dice algo más preciso. Cupich, McElroy, Tobin, Cobo, Hollerich, Fernández, Tagle, David: todos los nombres que marcaron la agenda del pontificado anterior en la cuestión matrimonial están. Ninguno de los que la discutieron ha sido llamado.

Un encuentro «que no es un sínodo»

León XIV anunció la cita el pasado 19 de marzo, fiesta de San José y décimo aniversario de la exhortación, mediante un mensaje en el que convocaba a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo y a los cabezas de las Iglesias orientales católicas para «proceder, en la escucha recíproca, a un discernimiento sinodal sobre los pasos a dar para anunciar el Evangelio a las familias hoy». El formato recuerda al de la cumbre sobre abusos de febrero de 2019, con la que Francisco reunió en Roma a los jefes de los episcopados de los cinco continentes.

La Sala de Prensa publicó el 6 de julio el itinerario temático elaborado por la Secretaría General del Sínodo y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida. Cinco bloques ordenan los trabajos: la realidad de las familias hoy, los jóvenes y la vocación matrimonial, los primeros años de matrimonio, la familia como sujeto evangelizador y el acompañamiento de quienes han vivido «el sufrimiento, el abandono, la separación y el divorcio». Este último epígrafe, el único que toca el nervio del capítulo octavo de la exhortación, es el que ha despertado la expectación de unos y la inquietud de otros.

Según el programa presentado este viernes en la Sala de Prensa, los trabajos se celebrarán a puerta cerrada en el Aula Pablo VI, con unos 190 participantes: los presidentes de las 115 conferencias episcopales, los cabezas de las Iglesias orientales, once matrimonios de los cinco continentes y una treintena de expertos y moderadores. El Papa estará presente solo en la apertura del día 7 y en la clausura del 14. Los participantes de oficio son, por tanto, los presidentes de conferencias episcopales, con la pluralidad que ello implica: episcopados africanos, polaco, húngaro o centroeuropeo que en su día recibieron Amoris laetitia con prudencia o con reservas públicas. A esa asamblea el Papa ha sumado veintidós invitados personales, y es en esa nómina, escogida nombre a nombre desde Santa Marta, donde se adivina el rumbo que Roma quiere dar al encuentro.

Diez años de una herida abierta

Amoris laetitia, firmada por Francisco el 19 de marzo de 2016 tras los dos sínodos sobre la familia de 2014 y 2015, es el documento pontificio más discutido del último medio siglo. La polémica se concentra en un puñado de párrafos y, sobre todo, en una nota a pie de página, la 351, que abre la puerta a la comunión sacramental de los divorciados vueltos a casar civilmente en «ciertos casos», tras un proceso de discernimiento en el fuero interno.

La recepción fue inmediatamente contradictoria. Los obispos de la región de Buenos Aires redactaron en septiembre de 2016 unos criterios que admitían esa comunión, y Francisco los avaló por carta diciendo que «no hay otras interpretaciones». Episcopados como el polaco o diócesis como Filadelfia, con Chaput al frente, mantuvieron la disciplina de Familiaris consortio: acceso a la comunión solo para quienes se comprometan a vivir como hermanos. Alemania, Malta y buena parte de la Iglesia centroeuropea abrazaron la lectura más abierta.

En septiembre de 2016 cuatro cardenales, Burke, Brandmüller, Caffarra y Meisner, presentaron al Papa cinco dubia sobre la compatibilidad de la exhortación con el magisterio anterior. Nunca recibieron respuesta. Dos de ellos murieron esperándola. En 2023 un segundo grupo, encabezado de nuevo por Burke y con Sarah, Zen, Sandoval y Brandmüller, repitió la operación en vísperas del Sínodo sobre la sinodalidad y obtuvo una contestación del propio Francisco y del recién nombrado prefecto de Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, tenido por redactor del polémico capítulo octavo. Semanas después, el 18 de diciembre de 2023, el mismo Fernández firmó Fiducia supplicans, la declaración que permite bendecir a parejas en situación irregular y a parejas del mismo sexo, y que África entera rechazó en bloque.

Con la elección de León XIV, buena parte del episcopado esperaba que el nuevo pontificado pusiera orden en esta diversidad de prácticas. Hay quien lee la convocatoria de octubre como la ocasión de hacerlo. Hay quien teme que sirva para consolidar, con el sello de la «sinodalidad», lo que hasta ahora era una interpretación entre varias.

Los invitados del Papa

La lista oficial de participantes recoge bajo el epígrafe «Invitati» a veintidós prelados que no participan por razón de su cargo sino por designación pontificia. La lectura del bloque norteamericano y europeo no deja lugar a dudas.

Por Estados Unidos acuden tres cardenales y un obispo. Blase Cupich, arzobispo de Chicago, fue el gran impulsor de Amoris laetitia en el episcopado norteamericano y el primero en afirmar que la conciencia de los divorciados vueltos a casar podía llevarles a la comunión. Robert McElroy, hoy en Washington, defendió desde San Diego la misma tesis y la extendió a las parejas homosexuales en un célebre artículo de 2023 en el que pedía una «inclusión radical». Joseph Tobin, arzobispo de Newark, es el tercer vértice del mismo triángulo, acogedor de peregrinaciones de católicos homosexuales en su catedral. Daniel Flores, obispo de Brownsville y hombre fuerte del Sínodo sobre la sinodalidad en Estados Unidos, completa la delegación.

Por Europa, el cardenal Jean-Claude Hollerich, jesuita y relator general del Sínodo sobre la sinodalidad, ha pedido abiertamente revisar la doctrina sobre la homosexualidad. Y por España, el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal, que se sentará junto a monseñor Argüello, presente de oficio como presidente. Que el Papa quiera a Cobo en la sala al margen de su cargo, cuando España ya tiene voz asegurada, es de por sí una indicación de a quién escucha Roma en el episcopado español.

De la Curia asisten el cardenal Fernández, prefecto de Doctrina de la Fe y autor material del texto que se celebra, y el cardenal Luis Antonio Tagle, pro-prefecto de Evangelización, que en 2016 pidió una aplicación de la exhortación «caso por caso». Desde Filipinas llega el cardenal Pablo Virgilio David, obispo de Kalookan, y desde Canadá el cardenal Gérald Lacroix, de Quebec, junto al obispo Joseph Dabrowski.

El resto de la nómina reúne perfiles menos marcados: Giuseppe Baturi, secretario general de la Conferencia Episcopal Italiana; el cardenal Ignace Bessi Dogbo, de Abiyán; el cardenal Protase Rugambwa, de Tabora; los obispos Jean Bondu (Francia), Jaime Calderón (Zacatecas), Robert Llanos (Antigua y Barbuda), Peter Machado (Vasai), Pierantonio Tremolada (Brescia) y Bruno Elizeu Versari (Brasil). Ninguno de ellos ha destacado nunca por discutir la exhortación.

Los que no están, y los dos obispos de Pekín

Tan elocuente como la lista es su reverso. Ni un solo firmante de los dubia de 2016 o de 2023 ha sido llamado: ni Burke, ni Brandmüller, ni Sarah, ni Zen. Tampoco el cardenal Gerhard Müller, prefecto de Doctrina de la Fe cuando se publicó la exhortación y crítico persistente de su aplicación, ni Charles Chaput, cuyas directrices de Filadelfia fueron el contrapeso más articulado a las de Buenos Aires. Ningún europeo del perfil de Péter Erdő, relator general de los sínodos de la familia y defensor de la disciplina tradicional, figura entre los invitados personales. Si la pluralidad existe en el aula, la aportarán los presidentes de conferencias por derecho propio, nunca por voluntad de quien ha confeccionado la lista.

El otro dato que salta a la vista es la presencia de dos obispos de la República Popular China: Giuseppe Huang Bingzhang, obispo de Shantou, ordenado sin mandato pontificio en 2011, excomulgado y reconciliado en 2018 al calor del acuerdo provisional con Pekín, y Matteo Zhen Xuebin, obispo de Pekín, elegido conforme a los mecanismos de ese mismo acuerdo. Su aportación pastoral a un debate sobre la familia resulta difícil de imaginar en un país que durante cuatro décadas impuso el hijo único y donde la Iglesia opera bajo la vigilancia de la Asociación Patriótica. Su invitación habla menos de Amoris laetitia que de la continuidad de la política china del pontificado anterior, renovada por León XIV sin alteraciones visibles.

La lista como mensaje

En Roma, las convocatorias se leen antes que los discursos. Francisco gobernó durante doce años a golpe de nombramientos y de invitaciones, y quien conocía la nómina de un sínodo conocía ya su documento final. León XIV, que ha cultivado desde mayo de 2025 una imagen de pontífice sereno, institucional y poco amigo de las guerras internas, acaba de firmar con esta lista su primera toma de posición inequívoca en la cuestión más divisiva heredada de su predecesor. Para fijar posición sobre la nota 351 le ha bastado con decidir quién se sienta a la mesa.

El encuentro se presenta como un ejercicio de escucha. La pregunta que queda abierta es a quién se ha invitado a hablar.

jueves, 10 de septiembre de 2026

La sinodalidad matará al catolicismo


El 
Juicio Final, de Jean Cousin, c. 1585 [Louvre, París]


La Iglesia católica siempre se ha distinguido de otros cuerpos cristianos por su pretensión de poseer, y de estar vinculada por, un depósito de la fe transmitido desde los Apóstoles. La Iglesia viene de Cristo, y la Iglesia no inventa, no revisa ni somete a votación su Magisterio, su aplicación autoritativa de ese depositum fidei. Lo recibe, lo guarda y transmite esa fe antigua. La doctrina puede desarrollarse en el sentido en que lo describió san John Henry Newman, creciendo en claridad y en aplicación, como una bellota se convierte en un roble. Pero no puede renegociarse —¡ni invertirse!— por el sentimiento mayoritario ni por el entusiasmo contemporáneo.

La pretensión de haber recibido la Verdad y de guardarla es toda la razón de ser de la Iglesia y la hace algo distinto de una asociación religiosa voluntaria. Pero la sinodalidad, digan lo que digan sus defensores, introduce un mecanismo capaz de disolver esa pretensión: un proceso permanente, indefinido y participativo para generar consensos eclesiales contemporáneos interminables que funcionan cada vez más como fuentes rivales de autoridad junto al depósito asentado de la fe y —desde el punto de vista de los innovadores— por delante de él y, por tanto, del Magisterio destinado a guardarlo.

La vaguedad que hemos visto hasta ahora en el proceso sinodal no ha sido incidental. Es una característica, no un defecto. Tras múltiples reuniones sinodales, la Iglesia sigue sin una definición fija de sinodalidad: solo descripciones de un «estilo», un «proceso», un «instinto»; y esta incapacidad de definir con claridad la sinodalidad no es una omisión menor.

Recuerda a la primera campaña de Barack Obama, que definía su agenda con una sola palabra: «Cambio». No significaba nada entonces; «caminar juntos» no significa nada ahora. ¿Dónde está nuestro punto fijo?

Tomás de Aquino y otros, incluidos los Padres de la Iglesia primitiva y varios concilios, han dado a la Iglesia un punto fijo y un vocabulario técnico compartido, lo bastante preciso para permitir la adjudicación de todas las disputas reales. La sinodalidad no tiene nada equivalente. Funciona con el «discernimiento individual» y el «sentido de los fieles»: categorías que son funcionalmente infalsables: ¡lo que el cuerpo reunido concluya se lee hacia atrás mediante la pretensión escandalosa de que cada nueva propuesta es lo que el Espíritu Santo estaba diciendo desde el principio! Por fin, nos dicen, estamos escuchando.

Pero un proceso sin criterios fijos de corrección no es discernimiento; es construcción de consenso con vocabulario teológico pegado, como las pegatinas que mis nietos golpean contra casi todo, incluida la cara del abuelo.

La historia muestra a dónde nos llevará esto. La Iglesia de Inglaterra es el analogado institucional más cercano que tenemos, y demuestra exactamente cómo se desarrolla el proceso con el tiempo: cuerpos sinodales que incorporan clero y laicos a la toma de decisiones, autonomía provincial bajo una autoridad central laxa, y una secuencia constante de cambios, cada uno presentado como una acomodación modesta y «pastoral» —el nuevo matrimonio después del divorcio, la ordenación de mujeres, las bendiciones a uniones del mismo sexo, la aprobación de la anticoncepción artificial, la ambigüedad sobre el aborto—, todos los cuales, con el tiempo, transforman las doctrinas del anglicanismo y fracturan su unidad.

Provincias enteras anglicanas y episcopalianas se niegan ahora a reconocer las posiciones de las demás sobre el «matrimonio» del mismo sexo y la ordenación de mujeres. La instalación de Sarah Mullally como arzobispo de Canterbury ha provocado un cisma dentro del anglicanismo.

Y, sin embargo, es el mecanismo, no ninguna decisión aislada, el que siempre fue y sigue siendo el verdadero y permanente peligro.

Y ese mismo mecanismo es inherente a cualquier versión católica de la sinodalidad. El Camino Sinodal de Alemania empuja hacia un Consejo Sinodal permanente que entregaría a los laicos una autoridad de gobierno compartida con los obispos sobre la doctrina y la disciplina. Roma ha intervenido directamente para detenerlo, pero varios obispos alemanes siguen resistiendo abiertamente las advertencias del Vaticano. ¿Quién sabe cuál será el resultado? Pero una Iglesia «nacional» que intenta institucionalizar exactamente el patrón anglicano dentro de las estructuras católicas ha sido contenida hasta ahora solo por una anulación romana directa. Ese es un freno frágil, no una garantía estructural. Y la «sinodalidad» sigue en labios del papa León XIV.

Mientras tanto, el filtro tradicional que solía proteger al Magisterio del ímpetu sinodal se ha debilitado desde dentro: bajo la reforma de 2018 del procedimiento sinodal, un papa puede ahora adoptar el documento final de un sínodo directamente como parte de su «magisterio ordinario», saltándose la exhortación postsinodal que históricamente permitía a los papas reencuadrar o declinar las propuestas sinodales. Ese filtro funcionó según su diseño cuando el papa Francisco declinó la propuesta del Sínodo de la Amazonia sobre sacerdotes casados. Pero no funcionó así para la asamblea sinodal de 2024, cuyo documento final se convirtió de inmediato en enseñanza magisterial, sin esa exhortación intermedia. La salvaguardia misma a la que apuntan los defensores de la sinodalidad como prueba de que el sistema no puede desbocarse es ahora opcional a discreción de un papa: lo cual significa que no es en absoluto una salvaguardia estructural, sino solo una personal, buena exactamente mientras el hombre que ocupa el oficio elija usarla… o no.

Y recordamos cómo respondió el papa Francisco a las inquietudes sobre la redacción de Amoris laetitia (2016) que permitía (con «discernimiento») la recepción de la Eucaristía por parejas divorciadas vueltas a casar por lo civil. Dijo a los obispos de Argentina, que buscaban claridad, que «no hay otras interpretaciones». Al hacerlo, abrogó el derecho canónico y nos dio un adelanto del proceso sinodal.

Y está la pasivo-agresiva Fiducia supplicans, el mecanismo pastoral innovador para bendecir a parejas del mismo sexo, extendido incluso mientras se sostiene que la definición inmemorial del matrimonio permanece inalterada. Y ahí tienen la secuencia precisa que ha precedido el cambio doctrinal en todo cuerpo protestante: la práctica se mueve primero, bajo cobertura pastoral, y se declara que la doctrina no ha cambiado… hasta que esa ficción se vuelve insostenible.
Por eso la amenaza sinodal es existencial. Lo que está en riesgo no es solo esta o aquella enseñanza, sino aquello que hace que la Iglesia católica sea la Iglesia católica: un depósito de la fe autoritativo e innegociable, guardado por un Magisterio cuyos principios vinculan a todos los creyentes.
Una Iglesia que se gobierna por consenso sinodal es un tipo distinto de institución de aquella que, durante dos milenios, ha existido para transmitir lo que ha recibido. Puede conservar su nombre, sus edificios e incluso su jerarquía estructural. Lo que necesariamente perderá es la pretensión que hacía que valiera la pena ser católico. Y esa pérdida, una vez que el mecanismo recorra su curso, probablemente no sería reversible con otra votación más.


Sobre el autor

Brad Miner, esposo y padre, es Senior Editor de The Catholic Thing y Senior Fellow del Faith & Reason Institute. Fue Literary Editor de National Review y tuvo una larga carrera en la industria editorial. Su libro más reciente es Sons of St. Patrick, escrito con George J. Marlin. Su The Compleat Gentleman, de gran éxito, está ahora disponible en una tercera edición revisada y también como edición de audio de Audible (leída por Bob Souer). El señor Miner ha servido como miembro del consejo de Aid to the Church In Need USA y también en la junta de reclutamiento del Selective Service System en el condado de Westchester, Nueva York.

Por Brad Miner

EXCLUSIVA: Monseñor Schneider pide caridad cristiana para con la FSSPX




Entrevista concedida a Niwa Limbu de Advaticanum

AV: En la declaración que publicó Vuestra Excelencia a raíz de las consagraciones de Écône del pasado 1º de julio describió el caso de la FSSPX como un extraño dilema: o mantener la integridad inequívoca de la Fe católica tal como la enseña el Magisterio desde hace siglos, o contar con el reconocimiento canónico del Sumo Pontífice. Lo comparó con el dilema que se le planteó a San Atanasio con el papa Liberio. ¿Hasta dónde quiere llevar esta analogía? ¿Quiere decir que las penalidades ocasionadas por las consagraciones están moralmente al mismo nivel que la censura de San Atanasio, o la comparación es meramente ilustrativa?

+AS: No hay comparaciones que sean ciento por ciento exactas. Con situaciones históricas complicadas, es más bien ilustrativa. Por supuesto, lo que comparo con lo de San Atanasio no es el acto de consagración en sí. Jamás he dicho que San Atanasio hiciera las consagraciones sin autorización del Papa, porque en aquella época no se daban. Cualquier obispo metropolitano tenía derecho a elegir y consagrar prelados con la ayuda de otros obispos sufragáneos.

Sea como sea, si se excomulgó a San Atanasio no fue por las consagraciones, sino por una cuestión más grave todavía. En ambos casos, lo que se compara no son las consagraciones en sí, sino que tanto en una como en otra situación hubo un acto de desobediencia a una orden concreta de un pontífice.

En el caso de la Fraternidad, se trata de las consagraciones sin mandato pontificio. En el de San Atanasio, desacató la orden del Papa de que estuviera en comunión con obispos orientales herejes y semiherejes. San Atanasio se negó a obedecer. No quiso obedecer al Papa en un asunto de gran importancia, porque el Sumo Pontífice había dicho: «Yo, el Papa, estoy en comunión con estos obispos. Atanasio, ¿cómo te atreves a rechazar la comunión con unos prelados con los que yo, el Romano Pontífice estoy en comunión?» A mí me parece que, desde el punto de vista eclesiástico, esto es mucho más grave.

En ese sentido, lo de San Atanasio en su tiempo fue mucho más serio que la desobediencia material de la Fraternidad con las consagraciones. En todo caso, se lo excomulgó por desobediencia y por las alteraciones que causó en la Iglesia al rechazar la comunión con obispos reconocidos por el Papa.

Hay más motivos por los que comparo el caso con el de San Atanasio. Entre otros, que lo que hizo fue un acto de desobediencia. Si San Atanasio hubiera obedecido al Romano Pontífice, habría transigido en su conciencia y menoscabado la integridad de la Fe, porque en cierta forma habría reconocido a prelados como mínimo semiheréticos. No podía hacer una cosa así. Otro motivo, que una vez excomulgado no hizo caso de la excomunión pontificia y siguió gobernando su diócesis. Eso es más que la simple consagración de un obispo. Siendo obispo excomulgado, ejerció plena jurisdicción sobre su diócesis y otras sedes metropolitanas a su cargo: no se limitaba a celebrar los sacramentos, ejercía plena jurisdicción. Hizo caso omiso de la excomunión pontificia.

La Fraternidad ha hecho algo por el estilo: ha desestimado la excomunión que se le impuso el pasado mes de julio por considerarla injusta e inválida, pues le impediría continuar la obra que realiza por amor a la Iglesia. Con San Atanasio fue igual; cuando desestimó la excomunión de que le hizo objeto Liberio. En la práctica fue como si dijera: «Tengo que seguir al frente de mi diócesis de Egipto por el bien de la Iglesia, por amor a la Iglesia». O sea, que en ese sentido es lo mismo.

Hay otro elemento más de comparación entre los dos casos. La Fraternidad no ha reaccionado con resentimiento; sigue rezando por el Papa y considerándolo su padre. Como con un padre que da una paliza a su hijo, éste sigue también queriéndolo y llevando a cabo su labor por amor a la Santa Sede y a toda la Iglesia. Ésa es la intención. San Atanasio también recibió un buen vapuleo del papa Liberio, y no reaccionó con rencor. Incluso en alguno de sus escritos llegó a hablar con mucha delicadeza de la flaqueza de Liberio. Lo hizo con mucho tacto, sin juzgarlo, y hasta se puede decir que disculpándolo, porque –decía– actuó presionado. Aquí vemos mucha delicadeza. En estos elementos me baso para comparar. Aunque no al cien por cien, pueden servir. Esa fue, diría yo, la esencia de lo que escribí.

AV: En su texto afirmaba que si la Santa Sede adoptase en serio la postura de la Fraternidad y reconociera que hay ambigüedades en algunas declaraciones del Concilio y en el rito nuevo de la Misa se iniciaría «el fin de la campaña modernista que se está llevando a cabo en la Iglesia». ¿Qué tendría que decir ese reconocimiento para ser algo más que una mera fórmula de cortesía? ¿Ha observado además V.E. alguna señal de que Roma esté dispuesta a reconocer esas ambigüedades como lo que son?

+AS: Todo lo contrario. La declaración que hizo el cardenal Fernández en febrero tras reunirse con el P. Pagliarini volvió a recalcar que el Concilio no se debe poner en tela de juicio, y añadió que no se pueden corregir los textos conciliares. Pero no son enseñanzas definidas; como declaró Pablo VI en enero de 1966, los textos conciliares no son doctrinas infalibles ni enseñanzas definidas de la Iglesia. Las enseñanzas del propio Concilio. Claro que cuando el Concilio cita un dogma –y citó muchos– no deja de ser dogma. No es ésa la cuestión. La cuestión son las enseñanzas del propio Concilio.

Entonces, cuando esos textos no están definidos, no son ex cathedra, ¿por qué no van a ser susceptibles de enmienda o mejora, de corrección? Hay precedentes en la historia de la Iglesia. En el Concilio de Florencia se promulgaron declaraciones doctrinales no estrictamente disciplinarias que no se proponían como infalibles. Entre otras la de que la materia del sacramento de la ordenación era la entrega de los cálices en vez de la imposición de manos.

Pero eso iba contra la larga tradición de la Iglesia, porque a lo largo de todo el primer milenio, tanto en Oriente como en Occidente, todavía no se transmitían los objetos. Durante mucho tiempo la Iglesia sólo utilizó la imposición de manos. Pero luego, cuando el concilio florentino, casi la mitad de la Iglesia –la de Oriente– siguió con la mera imposición de manos. Y es una misma Iglesia y un mismo sacramento. Por tanto, a algunos teólogos les extrañó que aquel concilio afirmara tal cosa. Había un desequilibrio. Objetivamente fue un error. Pero en aquella época la Santa Sede era muy tolerante y no prohibió a los teólogos hablar del asunto, ni siquiera plantear objeciones.

A lo largo de los siglos la mayoría de los teólogos ha sostenido que la materia consiste en la mera imposición de manos. La cosa maduró, y un día Pío XII, en un documento solemne, zanjó definitivamente la cuestión insistiendo en que la materia consiste en la imposición de las manos. Como vemos, corrigió formalmente una cuestión doctrinal promulgada por un concilio ecuménico.

En aquellos siglos la Santa Sede era mucho más tolerante que hoy. Actualmente prohíbe debatir, modificar o corregir ciertas declaraciones pastorales; cuestiones como libertad de cultos, ecumenismo o colegialidad. Esas cuestiones que tanto critica la Fraternidad San Pío X. Hay que aceptarlas sin más, hacer un esfuerzo intelectual, gimnasia mental, y no importa. No es una actitud correcta.

El citado concilio declaró también que toda persona no bautizada, niño o adulto, que muere sin bautizar se va derecho al Infierno. Es una declaración muy desequilibrada. Más adelante algunos teólogos se dieron cuenta de que algo faltaba. No era tan correcto. La Iglesia permitió el debate hasta el siglo XIX. Pío IX promulgó dos documentos, encíclicas, en los que trató el tema y corrigió la declaración doctrinal de Florencia, afirmando que una persona no bautizada que muera en ignorancia invencible se puede salvar por medios que sólo Dios conoce.

Así pues, se han dado otros casos. ¿Por qué no ser más tolerantes y decir: «Hablemos del asunto. Estos tres puntos pueden tener más importancia. Concedamos libertad de debate»? ¿Por qué no proponer enmiendas, y hasta modificaciones o correcciones, para que esos textos no resulten tan ambiguos?

Otro caso histórico fue el del papa Honorio I, en el siglo VII. Escribió dos cartas, que no forman parte de su magisterio pontificio auténtico al Patriarca de Constantinopla hablando de cristología. Son unas epístolas muy ambiguas y faltas de claridad. No son abiertamente heréticas, ni erróneas, pero son bastante confusas. Pero esas equívocas cartas incentivaron al patriarca hereje de Constantinopla y a la Iglesia de Oriente a seguir propagando la herejía. Divulgaban la herejía citando al papa Honorio.

El sucesor inmediato de Honorio –porque el primero sólo estuvo allí unos meses– fue Juan IV, que intentó resolver la situación y defender a Honorio, con lo que hoy llamaríamos hermenéutica de la continuidad. Pero ni los siguientes sucesores de Honorio del mismo siglo ni el Tercer Concilio de Constantinopla aceptaron la hermenéutica de Juan IV. Le dijeron que su explicación no era aceptable. Y no porque fuera herética, sino porque le faltaba claridad; era equívoca. Por tal razón, la condenaron solemnemente. San León II corroboró el concilio ecuménico junto con su predecesor a causa de una ambigüidad.

Por consiguiente, no podemos seguir con textos ambiguos del Concilio. Es preciso corregirlos para que quede una claridad diáfana en lo relativo al ecumenismo y la libertad religiosa sin dar pábulo a interpretaciones ambiguas como las que venimos soportando desde hace seis décadas, sesenta años. Hemos visto los frutos de la ambigüedad de esos textos en un falso ecumenismo, un diálogo errado, que en el fondo es relativismo. Socava la única verdad y la única religión verdadera, que es la Iglesia Católica fundada por Dios. La ha socavado hasta los cimientos.

Desde hace sesenta años, si se va a un seminario o una facultad de teología y se habla con los sacerdotes y seminaristas, la mayoría –que son del Novus Ordo– dicen: «Es que todas las comunidades cristianas van por el mismo camino hacia Dios, hacia Cristo, y podemos coexistir unas con otras. No es imprescindible que se conviertan». Y lo aplican también a los que no son cristianos. Cada vez está más extendido eso, lo enseñan y predican en seminarios sacerdotes y hasta obispos.

AV: Excelencia, ha descrito las consagraciones de Écône como una alternativa entre mantener la Fe clara y ser reconocidos por el Papa, porque Roma exigiría a la Fraternidad aceptar ciertas ambigüedades novedosas y la legitimidad de la nueva Misa. Vuestra Excelencia es un prelado en plena comunión, y desde hace mucho señala estos mismos problemas. ¿Ha aceptado esas condiciones? Si no, ¿por qué es un dilema para la Fraternidad?

+AS: Cuando me consagraron obispo no era plenamente consciente de eso. Tengo que reconocerlo. Ya llevo veinte años de obispado. Soy especialista en patrística. He estudiado la situación más a fondo: los textos del Concilio, su historia, sus debates. Me los he leído detenidamente. Por eso soy más consciente de la ambigüedad de los textos. No podemos aceptar esas ambigüedades.

Con respecto al Novus Ordo, a medida que voy estudiando textos y testimonios me doy dando más cuenta de que no es correcto. No podemos seguir con un rito tan equívoco que socava la claridad del carácter propiciatorio de la Misa. Ya lo tengo más claro. Por eso, entiendo a la Fraternidad, que no es capaz de aceptar esas declaraciones conciliares ni que la nueva Misa sea correcta.

Hace diez años me nombraron visitador apostólico para la Fraternidad, y lo tengo claro. En uno de los documentos, en 2017, el cardenal Müller les planteó el problema. Tengo el texto, y no sólo les pide que reconozcan la validez de la Misa nueva y los nuevos ritos de los sacramentos, que están dispuestos a admitir. Para que se haga una idea: nada más con eso la Santa Sede tendría que estar contenta. Entonces, cuando me tocó, hablé con la Santa Sede y le dije que se quedaran satisfechos si estaban dispuestos a reconocer la validez. «Por razones pastorales e históricas –dije–, tengan una actitud de mínimos».

La Fraternidad rechazó la propuesta de aceptar que la nueva Misa era buena, legítima y correcta, ni siquiera que fuera válida. Ni que, en conjunto, las enseñanzas del Concilio formen parte de la Tradición de la Iglesia.

En febrero de este año, el cardenal Fernández volvió a dejarles claras las condiciones. Si quieren obispos, acepten estas condiciones. Es necesario que haya debates teológicos, pero la Fraternidad ya sabe cuáles serán las conclusiones del debate, y la Santa Sede también: aceptar las declaraciones ambiguas, y que la nueva Misa es buena.

AV: Una última pregunta sobre la Fraternidad: si tuviera oportunidad de reunirse otra vez con Su Santidad y con el cardenal Fernández del Santo Oficio, ¿qué les diría? ¿Cómo les plantearía el caso de la Fraternidad?

+AS: Les diría: «No cometan un error histórico del que la Iglesia tenga que arrepentirse después de la muerte de ustedes. Que los próximos pontífices no tengan que pedir perdón». ¿Por qué? Porque en este momento, en 2026, la Iglesia fue tan rígida e incapaz de resolver un problema pastoral. Por supuesto, también hay elementos doctrinales, pero aquí no se trata de debatir directamente un dogma de fe. Hablamos de las explicaciones pastorales del Concilio.

Necesitamos una actitud y una solución muy generosas, muy pastorales, e incluso sinodales. Un poco más de apertura y espíritu sinodal, o reconocer a los obispos una vez consagrados, para crear un clima de mutua confianza.

Como la Santa Sede es más fuerte, los más fuertes necesitan una actitud más abierta que los más débiles, que no tienen tanta autoridad. Los poderosos frente a los impotentes. Desde el punto de vista canónico, la Fraternidad es impotente. Y el Vaticano muy poderoso. Tiene toda la autoridad. Entonces, ¿por qué no ceden un poco los poderosos, hacen concesiones pastorales, y crean un clima de mutua confianza, haciendo uso de más psicología? Que los integren en cierta medida en la vida normal de la Iglesia, y así habrá elementos más positivos y fructíferos y un marco operativo para las conversaciones que sean necesarias.

Pero para eso puede hacer falta tiempo. Y mucho. La Iglesia siempre ha dado tiempo al tiempo y manifestado tolerancia al hablar de ciertos temas durante muchísimos años. Para empezar, hay que integrarlos un poco.

Yo al Santo Padre le diría: «Vuestra Santidad es el único que puede resolver esta situación con gran caridad y magnanimidad fraternas».

AV: El pasado día 26, León XIV clausuró la catequesis sobre Sacrosanctum Concilium. Dijo que la reforma postconciliar hundía sus raíces en la Tradición y tenía por objeto una participación consciente y más activa de los fieles para que no se contentaran con ser espectadores silenciosos. Vuestra Excelencia ha hablado de la vaguedad doctrinal y ritual de la nueva Misa y afirmado que supone una ruptura con el Rito Romano tradicional. ¿Qué oyó V.E. en esa última catequesis? Tal como se celebra habitualmente, ¿puede el Novus Ordo reconciliarse con lo que en realidad pidió el Concilio, o sólo con un espíritu reformista posterior que se excedió de lo que pedía el texto?

+AS: No fue capaz de captar lo que es en realidad el Novus Ordo ni cómo lo celebra una abrumadora mayoría por todo el mundo. No declara, no acepta, no ve la realidad. Fue más bien un discurso teórico que no se ajustó a la práctica real.

El Novus Ordo no se amolda a las intenciones de los Padres del Concilio. El Papa tiene que reconocerlo, porque tenemos a muchos testigos de aquel tiempo. En primer lugar, el cardenal Ratzinger, el profesor Ratzinger. En 1976 escribió una célebre carta al profesor Waldstein en la que le decía –porque Ratzinger había participado en todos los debates conciliares; era perito–: «Por mi participación y mi presencia en los debates litúrgicos del Concilio, puedo declarar con certeza que el Novus Ordo que tenemos en la actualidad no es lo que querían los padres del Concilio». Aquí tenemos un testimonio importante, un testimonio de peso.

Tenemos también el del cardenal Antonelli, que participó igualmente en el Concilio y más tarde en la comisión de Bugnini. En sus memorias, monseñor Antonelli critica lo que hizo Bugnini con el Novus Ordo, que fue más allá de lo que pedía el Concilio.

Está también el conocido liturgista y teólogo Louis Bouyer. Participó como perito en el Concilio, y más tarde en la comisión de Bugnini. En sus memorias critica bastante la ideología que embutió Bugnini en el Novus Ordo. Por último, tenemos un libro reciente del archimandrita Boniface Luykx, A Wider View of Vatican II, en el que corrobora a partir de su propia participación en el Concilio y en la comisión que la Misa de Pablo VI no se corresponde realmente con las intenciones de los padres.

Esa es la realidad. No se puede negar. A mí me parece que hacen la vista gorda y siguen repitiendo frases retóricas, que pueden ser ciertas, pero no se ajustan a la realidad ni a la historia.

Veamos otro aspecto: recomendaría encarecidamente al Santo Padre y sus consejeros que se leyeran con detenimiento todos los debates del Concilio sobre la liturgia. Hace muchos años se publicó un libro en Roma que los compilaba todos. Me lo leí dos veces, pero está en latín. Es muy revelador. Uno lo lee y piensa: «Los padres del Concilio se andaban con pies de plomo, ponían mucha cautela para evitar cambios bruscos». En esencia, el debate se centraba en la cuestión del idioma, vernáculo o latín.

Pero en la misma declaración conciliar Sacrosanctum Concilium –y me sorprende que León no se diera cuenta– hay dos numerales en los que se afirma que el latín se tiene que mantener. No que se podría, sino que se debe mantener el rito en latín. Es obligatorio. Y en otro apartado dice que los obispos tienen que velar por que los fieles conozcan el Ordinario de la Misa en latín. O sea, el Kyrie, el Gloria, el Credo, el Agnus Dei, el Sanctus…

En realidad, en más del 90% de las celebraciones del Novus Ordo no se ha aplicado. Es decir, que se contraviene un mandato explícito del Concilio que el Santo Padre debería tener en cuenta al hablar del tema.

Recordemos también que durante el Concilio, en el debate sobre la liturgia, un obispo habló y dijo: «Yo no propongo eso. Me opongo a que se amplíe el uso de las lenguas vernáculas porque en ese caso a la larga la Misa terminaría celebrándose en su totalidad en vernáculo». Casi todos los presentes prorrumpieron en carcajadas, porque tal cosa era impensable.

El presidente de la comisión habló entonces y dijo: «Le garantizo que eso no es posible, Excelencia. La totalidad de la Misa nunca se celebrará en la lengua vulgar». Ese era el ambiente, la mentalidad que reinaba en el Concilio: la mayoría de los padres no podía imaginar que la Misa terminaría diciéndose totalmente en lenguas modernas.

Sin embargo, hoy en día, más del 90% de las misas Novus Ordo se dicen en lengua vernácula. Hay incluso diócesis en las que los sacerdotes quieren celebrar el Novus Ordo en latín, y se les prohíbe y se les sanciona por hacerlo. Es absurdo.

Hay personas que desean estar en silencio durante la Misa, buscan la contemplación interior. La contemplación también es posible durante la Misa. Claro que eso no quiere decir que toda la congregación esté callada en todo momento y no diga ni pío. No es lo ideal. Lo ideal es responder al celebrante. Pero tenemos que estar abiertos a la posibilidad de que haya quienes deseen la contemplación.

También hay participación activa que no lleva fruto porque no hay la menor participación interior.

Y otra cosa: el primer misal conforme a la normativa de Sacrosanctum Concilium lo publicó la Santa Sede en 1965. No olvidemos el Misal de 1965, que fue la primera reforma litúrgica del Concilio. No fue la del año 69. Fue a comienzos del 65.

Cuando los padres conciliares terminaron la última sesión en septiembre de 1965, ya celebraban la Misa reformada. Y dijeron muy satisfechos: «Esto era lo que queríamos. ¿Y en qué consistía aquella reforma? En esencia se trataba de una reforma orgánica y muy cuidadosa, como pedía el Concilio, de modo que se mantenía toda la Misa de siempre, con dos modificaciones: se habían eliminado el Salmo 42 y el Último Evangelio. Pero por ejemplo, en el rito antiguo, el Salmo 42 también se omitía en todas las misas de difuntos. Y en las últimas dos semanas antes de Semana Santa dicho salmo también se omitía. No había ninguna novedad.

¿Cuál fue la tremenda reforma visible del 65? Tal como habían propuesto los padres, un uso más amplio de las lenguas vernáculas. Y así, la primera parte de la Misa, hasta el Prefacio, se celebraba en lengua moderna. Y después del Canon, otra vez en vernáculo. Era obligatorio que las partes intermedias fueran en latín.

En la Misa del 65, el Canon se rezaba en silencio. La reforma había sido muy cuidadosa, y los padres del Concilio estaban contentos. Más tarde, en año 67, durante el primer sínodo de obispos, Bugnini presentó el esbozo de la nueva Misa, que entró en vigor en 1969. Ya la tenía redactada en 1967, pero la mayoría de los padres del sínodo rechazó el borrador.
Como vemos, la mayoría de los padres sinodales de 1967, que dos años antes habían sido padres del Concilio, no aprobaron la Misa de 1969.
Me habría gustado que el papa León hubiera estudiado el tema antes de pronunciar su discurso. Que hubiera leído todos los elementos de la historia, tal como fue en realidad, leído los debates y prestado atención a los testigos.