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jueves, 30 de julio de 2026

TRIBUNA. Sinodalidad contra sacerdocio




León XIV acaba de confirmar que la sinodalidad sigue vigente y pujante. Lo ha hecho mediante unas nuevas notas dirigidas a los obispos y equipos sinodales para preparar las asambleas diocesanas de 2027. Por si alguien lo dudaba, Roma sigue expandiendo la maquinaria sinodal.

Pero toda expansión exige un espacio que ocupar. Y la sinodalidad necesita un vacío.

Como las infecciones oportunistas que se extienden cuando ceden las defensas de un cuerpo, solo prospera allí donde la autoridad sacerdotal ha sido debilitada. Un sacerdocio vigoroso sería su peor enemigo, porque la asamblea únicamente puede aspirar a discernirlo todo después de que el sacerdote haya sido persuadido de que apenas le corresponde decidir nada.

Porque ¿en qué consiste la operación sinodal, si no es en desplazar el centro de gravedad de la Iglesia? Tras toda esa escucha y corresponsabilidad se oculta una transferencia de autoridad desde el sacerdote hacia una comunidad organizada que acaba determinando la respuesta pastoral. Es una nueva revolución (en realidad la misma de siempre), y como todas las revoluciones, se vende desde abajo mientras se impone desde arriba.

El sacerdote es un obstáculo para el triunfo de la sinodalidad porque su potestad no procede de la comunidad. Celebra in persona Christi y conduce el rebaño que le ha sido confiado. Cristo llama a determinados hombres, los aparta y les confiere una potestad que los demás bautizados no poseemos. El sacerdocio solo se entiende desde la jerarquía, palabra clave que significa precisamente gobierno de origen sagrado.

Si la autoridad nace de Cristo, la asamblea no puede producirla; si se olvida ese origen, la jerarquía degenera en organigrama y el sacerdote en funcionario.

Para fortalecer la sinodalidad hay que debilitar el sacerdocio. La salud de uno y otra son inversamente proporcionales. Pero por consagrada que esté la Iglesia a la sinodalidad, y por más infiltrada que esté de masones, protestantes y carismáticos, el objetivo de sacrificar el sacerdocio se antoja hoy por hoy imposible. Además, es innecesario: la Iglesia sinodal cuenta con suficientes herramientas para eliminar ese obstáculo sin destruirlo.

Una de esas estrategias consiste en desacreditar el ejercicio de su autoridad. Para eso ha servido la campaña contra el «clericalismo», una palabra que designó abusos reales antes de convertirse en sospecha general contra todo sacerdote que se atreva a comportarse como tal. El párroco que decide puede parecer autoritario, o rígido si se resiste a entregar el gobierno a un equipo, y si recuerda la diferencia entre el sacerdocio ministerial y el común es que desprecia a los laicos.

Educado bajo esa vigilancia, intimidado, el sacerdote abandona un espacio que puede ser ocupado por toda una flora burocrático-carismática y sinodal.

Igual perversión se reconoce en ciertos movimientos eclesiales cuya estructura paralela acaba teniendo más peso que la parroquia. El Camino Neocatecumenal ofrece el ejemplo más visible: el sacerdote se incorpora como garante sacramental de una obra cuyo método y orientación han sido fijados por otros. Su fundador, Kiko Argüello, llegó a expresar su anhelo de que muriese Benedicto XVI como única salvación para el Camino y celebró con entusiasmo la llegada de Bergoglio. La vehemencia de su deseo revela hasta qué punto el cambio de pontificado propició un clima favorable a su organización laica.

Ciertamente, para alcanzar su plenitud a la sinodalidad le basta con difuminar la frontera que separa al sacerdote del laico. La pauta es siempre la misma: aproxima los ministerios seglares al orden, abre la posibilidad del diaconado femenino, presenta el sacerdocio casado como remedio para la escasez… El laico avanza hacia las funciones sacerdotales mientras el sacerdote retrocede hasta parecer un seglar con licencia para consagrar.

Si la revolución protestante negó el sacerdocio sacrificial y salió de la Iglesia; la revolución sinodal lo conserva dentro, progresivamente reducido a proveedor sacramental de una comunidad que pretende gobernarse por sí misma. Así la Iglesia puede seguir ordenando sacerdotes, cada vez menos, mientras aprende a vivir sin ellos y avanza en su autodisolución.

Y ¿qué efecto puede tener semejante operación sobre las vocaciones? La respuesta es obvia. La sinodalidad disuade el sacerdocio. El abandono del mundo solo se comprende ante una misión proporcionada al sacrificio que exige. Nadie renuncia a formar una familia para presidir reuniones ni acepta una obediencia de por vida con el propósito de gestionar consensos parroquiales. La crisis vocacional no cayó del cielo. Durante décadas se ha desdibujado la identidad sacerdotal y después se ha llorado la mengua de vocaciones. La sinodalidad agrava esa crisis, pero se nutre de ella: al reducir la función sacerdotal disminuye el atractivo sobrenatural de la vocación, esa escasez sirve para ampliar las estructuras del laicado y, una vez consolidadas estas, logra una Iglesia menos dependiente del sacerdote. El círculo vicioso es perfecto. El organismo sinodal ensancha la herida de la que se alimenta.

Aquí una comparación elocuente: la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, consagrada a una concepción plena y tradicional del sacerdocio, ha ordenado este año veinticinco sacerdotes, tantos como ordenaron juntas durante 2025 las veintisiete diócesis de la modernista y sinodal Alemania. ¿Tendrá algo que ver lo que cada una propone a quien siente la llamada?

Y otra pregunta clave: ¿qué mueve a León XIV a perseverar en una operación cuyos efectos nocivos sobre el sacerdocio resultan tan visibles?

La respuesta no comienza con su elección al pontificado, ni siquiera con la influencia de Bergoglio. Robert Prevost se formó en la modernista Catholic Theological Union de Chicago, dentro de un ambiente posconciliar que valoraba la preparación conjunta para distintos ministerios, y ejerció después su labor pastoral conforme a una concepción eclesial donde el trabajo en equipo, las estructuras territoriales confiadas a laicos —con una presencia muy destacada de mujeres en funciones de dirección— y la escucha comunitaria ocupaban ya un lugar decisivo. La sinodalidad no llegó a él como una consigna aprendida en Roma.

Pero fue ya en Perú donde Prevost obtuvo su Matrícula de Honor en sinodalidad. Los propios agustinos atribuyen a Prevost la promoción de un «ministerio en equipo» y de parroquias divididas en zonas pastorales dirigidas en buena medida por seglares, entre ellos mujeres investidas de amplias responsabilidades pastorales, dentro de una estructura que describen retrospectivamente como sinodal. Chiclayo prolongó el modelo mediante redes de animación pastoral y equipos mixtos de escucha, hasta merecer de uno de sus colaboradores la calificación de «laboratorio sinodal». Bergoglio no tuvo que convertir a Prevost, quizá incluso aprendió de él. Por eso lo colocó al frente del Dicasterio para los Obispos.

Ahora, con Prevost en Roma, el experimento pastoral de Perú está listo para convertirse en programa para la Iglesia universal.

Llegados aquí, la vieja pregunta cui prodest? resulta inevitable. ¿A quién beneficia desactivar al sacerdote, borrar la frontera que lo separa del laico y protestantizar la Iglesia hasta volverla irreconocible? Desde luego, no a Cristo ni a las almas. Pero hay alguien que conoce mejor que nadie el valor de unas manos consagradas.

Satanás es quien mejor conoce el poder de un sacerdote consciente de lo que es. Puede celebrar ante una catedral llena o él solo ante Dios, porque la eficacia de la misa no depende del aforo, y puede destruir años de paciente trabajo infernal con una sola absolución. Por eso el Enemigo quiere que los ordenados dejen de creer plenamente en aquello que recibieron. Un clero perseguido da mártires, pero uno avergonzado de su autoridad se desarma a sí mismo.

El sacerdote que recuerda Quién lo llamó y de Quién procede su potestad es el katechon de la disolución y una refutación viva de la Iglesia sinodal. Ahí reside la razón última del empeño satánico. Todo sacerdote consciente de su vocación es una afrenta al príncipe de este mundo. Que todavía haya hombres dispuestos a renunciar al mundo por algo que el mundo no puede ofrecer desmiente la autonomía satisfecha sobre la que se levanta nuestra época.

Cada sacerdote forma parte de ese cuerpo de élite de la humanidad que recogió el guante de Cristo y aceptó seguirlo dejando todo atrás. Su mera existencia es una bofetada al Malo, además de un estorbo grave para el éxito de la sinodalidad.


Por Pedro Gómez Carrizo

Las seis preguntas que el Sínodo plantea a los obispos para «moldear progresivamente el rostro de cada Iglesia local»




El documento Hacer memoria. Acompañar la preparación de la Asamblea de evaluación de la Iglesia local, publicado este lunes, 27, por la Secretaría General del Sínodo, no se limita a ofrecer instrucciones para organizar las asambleas diocesanas previstas para 2027. Su propósito es ayudar a cada Iglesia local a discernir hasta qué punto el camino sinodal está transformando su vida y su misión.

Las orientaciones están dirigidas a los obispos y a los equipos sinodales, llamados a conducir conjuntamente este proceso de discernimiento en cada Iglesia local.

A partir de una pregunta central, el documento desarrolla una serie de ejes de discernimiento que pueden resumirse en seis grandes cuestiones.

1. ¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en nuestra comunidad?

Esta es la pregunta que estructura todo el documento. No se trata de elaborar una memoria de actividades ni un balance administrativo, sino de reconocer qué frutos concretos ha dado el camino sinodal y qué cambios está suscitando en la vida de la Iglesia.

El texto explica que el objetivo es «hacer memoria del camino recorrido y tomar conciencia de sus frutos», reconociendo «cómo el Señor ha acompañado su camino y a qué pasos la llama». Asimismo, recuerda que las asambleas de evaluación son «un momento de verificación de un proceso que va moldeando progresivamente el rostro de cada Iglesia local».

2. ¿Cómo han cambiado nuestras relaciones dentro de la Iglesia?

El primer gran ámbito de discernimiento es la conversión de las relaciones. Roma invita a evaluar cómo están cambiando «los modos de escuchar, colaborar, valorar los carismas y ministerios, y vivir la fraternidad y la corresponsabilidad».

El documento insiste en que este examen debe incorporar una «atención especial» a quienes habitualmente tienen menos presencia en los procesos eclesiales: jóvenes, seminaristas, personas consagradas en formación, así como quienes viven situaciones de pobreza, vulnerabilidad o marginación.

3. ¿Ha cambiado la forma en que la comunidad discierne y toma decisiones?

La segunda gran cuestión corresponde a la conversión de los procesos eclesiales. El documento dirigido a los obispos propone analizar «cómo están cambiando las formas en que la comunidad discierne, toma decisiones, ejerce las responsabilidades, practica la cultura de la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación».

Entre los aspectos concretos que deberán revisarse figuran el funcionamiento de los organismos de participación, los procesos de discernimiento comunitario, la formación para la sinodalidad, la valoración de los ministerios y carismas y el acceso de los fieles laicos a responsabilidades que no requieren el sacramento del Orden.

Este discernimiento, indica el texto, debe realizarse mediante la «conversación en el Espíritu», presentada como el método propio tanto para la preparación del relato como para el desarrollo de la Asamblea de evaluación.

4. ¿Se están ampliando los vínculos de la Iglesia con el mundo?

El tercer eje de discernimiento es la conversión de los vínculos. Se trata de comprobar «cómo se están ampliando los horizontes de la comunión» con otras Iglesias locales, otras confesiones cristianas, creyentes de otras religiones y con la sociedad.

La Secretaria General del Sínodo propone revisar también el compromiso de la Iglesia con la paz, la justicia, el cuidado de la creación, la cultura, la educación y la promoción humana, así como el estilo de las relaciones ecuménicas e interreligiosas. El documento contempla incluso la posibilidad de invitar como observadores a representantes de otras Iglesias y comunidades cristianas o de otras confesiones religiosas durante el proceso de evaluación.

5. ¿Han crecido la corresponsabilidad y la participación de todo el Pueblo de Dios?

Otro de los aspectos que Roma pide examinar es si el proceso sinodal ha favorecido una mayor corresponsabilidad en la vida de la Iglesia. Entre los ámbitos concretos de evaluación aparecen la renovación misionera de parroquias y comunidades, la formación de los fieles, la valorización de los ministerios y carismas y el fortalecimiento de estructuras verdaderamente participativas.

6. ¿Es hoy la Iglesia más capaz de anunciar el Evangelio?

Finalmente el documento advierte que el discernimiento no puede centrarse únicamente en la vida interna de la comunidad, sino que debe mantener siempre una perspectiva misionera.

Por ello plantea expresamente la siguiente cuestión: «¿La experiencia de la implementación del Sínodo cómo ha contribuido, y puede contribuir, a que la Iglesia sea más capaz de proclamar el Evangelio en las situaciones concretas de la vida humana y social?».


Estas seis preguntas sintetizan los principales ejes de discernimiento que la Secretaría General del Sínodo propone a los obispos y a los equipos sinodales para preparar las asambleas de evaluación de 2027. El documento no las presenta como un listado, sino que desarrolla estos interrogantes a través de las tres grandes «conversiones» —de las relaciones, de los procesos y de los vínculos— y de diversos ámbitos concretos de evaluación, con el propósito de comprobar si el camino sinodal está dando frutos y si está «moldeando progresivamente el rostro de cada Iglesia local, sus relaciones y su estilo».

¿Por qué Covadonga?




¿Por qué Covadonga [ aquí ], qué sucedió en Covadonga? Fue la primera victoria cristiana contra los moros invasores, en el año 718. Los árabes musulmanes ya habían ocupado rápidamente una parte importante del país y avanzaban hacia el norte. En las zonas montañosas del norte, los príncipes locales organizaban pequeños ejércitos para defenderse y resistir. Los musulmanes lanzaron una ofensiva hacia un valle en el este de Asturias mientras las fuerzas cristianas se escondían en las cuevas de Covadonga, con vistas al mismo valle. Luego atacaron por sorpresa a los musulmanes acampados en el fondo del valle, junto a un río, y los aniquilaron. Algunos de los invasores se ahogaron en el río, crecido por una lluvia repentina.


En resumen, esta fue la batalla crucial para la moral cristiana y porque demostró la incapacidad de los árabes para ocupar todo el país. Sin embargo, en 719 ocuparon Narbona, en el sur de Francia, y comenzaron a lanzar poderosas ofensivas hacia el norte. Pero en 732 sufrieron una dura derrota a manos de Carlos Martel, rey de Francia. Su expansión se detuvo, aunque lograron consolidar su posición en el sur durante algún tiempo. En esos mismos años, los árabes musulmanes intentaron en vano tomar Constantinopla. Allí sufrieron duras derrotas a manos de los bizantinos, perdiendo repetidamente ejércitos y flotas, que fueron arrasadas por el letal «fuego griego» de los barcos bizantinos. La derrota en Constantinopla fue, en efecto, lo que salvó a Europa.


Al celebrar con esta peregrinación la primera victoria cristiana sobre el anticristo musulmán, esperamos que la Santísima Virgen nos asista para que podamos alcanzar una vez más la victoria sobre los enemigos de la fe que nos atacan por todos lados, incluso desde dentro de la Iglesia.

PD: En resumen, ésta es la historia que jamás debemos olvidar. Las imágenes incluidas datan de 2022 y muestran la Santa Misa aún en la Catedral. Hoy, lamentablemente, debido a las restricciones vigentes, veremos imágenes de celebraciones al aire libre. Las actualizaré en cuanto estén disponibles (MG).

La CHJ, dependiente del Gobierno, multa con hasta 300.000 euros a los municipios que limpien o desbrocen los cauces de vegetación


Limpieza de vegetación. Redes sociales

La Confederación Hidrográfica del Júcar, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, sigue pudiendo multar con hasta 300.000 euros a los municipios que limpien o desbrocen los cauces de vegetación sin la autorización preceptiva.

Más de un año y medio después de la DANA de octubre de 2024, la normativa del Reglamento del Dominio Público Hidráulico no ha cambiado: cualquier actuación que implique desbroce, poda, retirada de vegetación o alteración del cauce y de la zona de policía requiere permiso (o, en casos muy concretos, declaración responsable) de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ). Actuar sin él se considera una infracción administrativa y puede acarrear sanciones de hasta 300.000 euros, según la gravedad y los daños valorados.

La CHJ mantiene su criterio técnico de que la vegetación de ribera puede contribuir a ralentizar las avenidas y reducir el impacto de las crecidas aguas abajo. Por eso no favorece limpiezas masivas e indiscriminadas. Sin embargo, en la práctica sí autoriza de forma habitual trabajos de mantenimiento selectivo: desbroces, retirada de especies invasoras (especialmente la caña Arundo donax), poda y eliminación de elementos obstructivos. Entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025 concedió 179 autorizaciones de este tipo, y a finales de 2025 había vigentes más de 300 en toda su demarcación, la mayoría ejecutadas por ayuntamientos.

El asunto vuelve a cobrar relevancia en 2026 no sólo por el riesgo de inundaciones en invierno, sino también por el de incendios. La vegetación densa y seca que se acumula en muchos cauces, ramblas y barrancos —sobre todo las cañas invasoras— actúa como un auténtico corredor de fuego. En periodos de sequía y altas temperaturas, estos tramos se convierten en vías de propagación de incendios forestales que pueden saltar fácilmente a zonas urbanas o a masas forestales. Varios alcaldes y técnicos municipales insisten en que una limpieza autorizada y selectiva reduciría tanto el peligro de riadas como el de incendios, pero denuncian que los trámites siguen siendo lentos y burocráticos.

Algunos municipios, especialmente en Alicante y Valencia, han vuelto a solicitar permisos de forma reiterada o, en casos puntuales, a actuar por su cuenta alegando «urgencia» y «dejadez» de la Confederación. La CHJ responde que ya otorga centenares de autorizaciones al año y que las intervenciones deben respetar criterios ambientales y de continuidad fluvial.

Así, en pleno verano de 2026, el debate sigue abierto: la amenaza de multa de hasta 300.000 euros permanece intacta para quien limpie sin permiso, mientras el riesgo combinado de inundaciones e incendios mantiene la presión sobre un sistema de autorizaciones que muchos consideran demasiado rígido.

Roche asegura que León XIV no revertirá las restricciones a la Misa tradicional



El prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Arthur Roche, ha asegurado que el papa León XIV no modificará las restricciones a la celebración de la Misa tradicional establecidas por Traditionis custodes ni restaurará el régimen previsto por Benedicto XVI en Summorum Pontificum.

Las declaraciones fueron realizadas en una entrevista concedida al semanario británico The Tablet, en la que el purpurado inglés afirmó de manera categórica: «El papa León no va a cambiar Traditionis custodes y no va a volver a Summorum Pontificum.»

Se trata de la primera afirmación pública de Roche sobre la posición del Pontífice respecto a una de las cuestiones litúrgicas que más debate ha suscitado en la Iglesia durante los últimos años.

La unidad como argumento

Durante la entrevista, el prefecto defendió que la cuestión de la liturgia tradicional debe entenderse desde la perspectiva de la unidad eclesial. Recordó que la Eucaristía es «el sacramento de la unidad» y sostuvo que, si la celebración de la Misa se convierte en motivo de división, «algo va seriamente mal».

Roche también rechazó las denuncias de persecución formuladas por algunos fieles vinculados a la liturgia tradicional. Según explicó, cuando el Papa concede autorizaciones conforme a la normativa vigente y esos grupos continúan afirmando que son perseguidos, «no pueden responder cuál es realmente el problema».

Asimismo, lamentó el tono de algunas críticas dirigidas contra responsables de la Iglesia y llegó a preguntarse: «¿Se puede decir honestamente que uno es católico cuando escribe cosas tan llenas de odio sobre personas y sobre la Iglesia?».

Defensa de la reforma litúrgica

El prefecto precisó que no considera errónea la liturgia anterior al Concilio Vaticano II, pero sostuvo que la reforma impulsada tras el Concilio respondió a la necesidad de preparar a la Iglesia para una renovada tarea misionera.

Entre los cambios introducidos destacó la ampliación de las lecturas bíblicas en la liturgia y subrayó una comprensión distinta de la participación de los fieles en la celebración eucarística. Mientras que en la forma tradicional el sacerdote actúa en representación de la asamblea, afirmó, la reforma conciliar pone de relieve que todo el pueblo bautizado participa activamente en la celebración junto al sacerdote.

Las declaraciones del prefecto no constituyen un cambio de posición. Desde la publicación de Traditionis custodes, Arthur Roche ha sido uno de sus más firmes defensores.

Ya en enero, durante el consistorio extraordinario convocado por León XIV, el cardenal intentó situar la cuestión litúrgica en el centro del debate. Roche distribuyó entre los cardenales un extenso documento en el que defendía la reforma litúrgica posterior al Concilio Vaticano II y justificaba las restricciones impuestas por Francisco a la celebración según el Misal de 1962. Finalmente, el debate fue aplazado y la cuestión quedó fuera del orden del día del consistorio.

Un debate que sigue abierto

Las declaraciones de Roche llegan en un momento en que el futuro de la liturgia tradicional continúa siendo objeto de intenso debate dentro de la Iglesia. Desde la promulgación de Traditionis custodes en 2021, numerosas diócesis han restringido la celebración según los libros litúrgicos de 1962, mientras otras han buscado vías para mantener su continuidad pastoral.

Además, el debate litúrgico dio un giro con las consagraciones episcopales realizadas por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) en Ecône a principios de julio.

La consagración de cuatro nuevos obispos sin mandato pontificio desembocó en el decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe que calificó el acto como cismático y declaró la excomunión de los obispos consagrados y de quienes participan directamente con la FSSPX.

Este acontecimiento alteró profundamente el clima en torno a la cuestión litúrgica. El foco dejó de estar exclusivamente en Traditionis custodes para centrarse en la ruptura con la FSSPX y en las consecuencias que esa decisión podía tener para el conjunto del mundo tradicional.

Al mismo tiempo, numerosas comunidades vinculadas a la liturgia tradicional que permanecen en plena comunión con Roma manifestaron su preocupación por el riesgo de que se identificara su situación con la de la Fraternidad, insistiendo en que la inmensa mayoría de los fieles ligados al usus antiquior continúan viviendo plenamente integrados en la vida de la Iglesia.

Las palabras del prefecto del Dicasterio para el Culto Divino contrastan con esas posiciones y apuntan a la continuidad de la línea marcada por Traditionis custodes, aunque hasta el momento León XIV no se ha pronunciado personalmente sobre esta cuestión ni ha publicado documento alguno relativo a una eventual modificación de la normativa vigente.

Crecen las voces contra Traditionis custodes

Lejos de cerrarse, el debate se ha intensificado durante las últimas semanas. Algunas de las críticas más directas llegaron por parte del cardenal Gerhard Ludwig Müller, quien pidió recuperar la plena libertad para la celebración de la Misa tradicional y sostuvo que Traditionis custodes «no tuvo un efecto positivo», sino que terminó reforzando las posiciones de la FSSPX.

Asimismo, el arzobispo Georg Gänswein afirmó que Francisco «se equivocó» con Traditionis custodes y defendió que ese error debería corregirse. Además, reveló el profundo dolor que experimentó Benedicto XVI al conocer la publicación del motu proprio que limitaba el alcance de Summorum Pontificum.

En este contexto, las declaraciones de Roche parecen dirigidas a enfriar las expectativas de quienes confiaban en una revisión de la política litúrgica iniciada durante el pontificado de Francisco.

Los últimos recuerdos de Francisco

En la entrevista, Roche también evocó su último encuentro con el papa Francisco. Relató que estuvo con él el día anterior a su fallecimiento y recordó cómo el Pontífice insistió en salir a la plaza de San Pedro para saludar a los fieles a pesar de la oposición inicial de los médicos.

Según el cardenal, tras regresar al Vaticano y ser acostado nuevamente en su habitación, Francisco pronunció sus últimas palabras: «Gracias por llevarme hasta la gente».

Roche abordó además otras cuestiones relacionadas con la vida de la Iglesia, defendió la importancia de la asistencia dominical a la Misa como elemento esencial de la vida católica y expresó su preocupación por la evolución de la cultura contemporánea en materias como el aborto y la eutanasia, reivindicando la enseñanza de Humanae Vitae y la necesidad de preservar la dignidad de la vida humana hasta su fin natural.

Por el momento, la única certeza es que el propio León XIV no se ha pronunciado sobre esta cuestión. Las palabras de Arthur Roche reflejan la posición del prefecto del dicasterio encargado de la liturgia, pero cualquier eventual modificación —o confirmación— de Traditionis custodes dependerá, en último término, de una decisión del Papa.