Páginas

miércoles, 25 de marzo de 2026

Si quiero oír hablar de Jesucristo, ¿a quién debo acudir?



Seguramente muchos de ustedes han visto esta imagen circulando en las redes sociales. Yo también la leí y debo confesar que me entristeció profundamente.

En esa breve carta hay una pregunta que, si nos detenemos a pensarla detenidamente, resulta profundamente inquietante: «Si quiero oír hablar de Jesucristo, ¿a quién debo acudir?».

Esta pregunta me impactó porque significa que, entre nosotros, todavía hay personas que buscan a Jesús. Personas que quieren oír hablar de Él, que tienen sed de Él… pero que ya no pueden encontrarlo.
Y es una realidad que duele reconocer.

No porque Jesús ya no esté presente, sino porque poco a poco lo hemos apartado del centro de nuestras vidas. Hemos llenado ese vacío con tantas otras cosas: opiniones, ideologías, debates, posturas políticas, discusiones interminables... mientras que Cristo, que debería ser el corazón de todo, a menudo permanece en un segundo plano.

A menudo hablamos de una crisis de fe, y es cierto. Pero quizás también estemos experimentando otra crisis, igualmente grave: la crisis de lugares auténticos donde aún podemos escuchar hablar de Jesús con amor, con verdad, con la pasión de quienes lo aman de verdad.

La Iglesia no nació para opinar sobre el mundo ni para seguir las tendencias de la época. La Iglesia nació para proclamar a Jesucristo, para darlo a conocer, para guiar a las almas hacia Él.

Sin embargo, ante esa pregunta, persiste una inquietud que no podemos ignorar.

¿Cómo hemos llegado al punto en que alguien tenga que preguntarse adónde ir para oír hablar de Jesús?

A pesar de todo, aún existe una fuente donde Cristo sigue siendo proclamado y entregado: la Santa Misa. En la Palabra proclamada, en el sacrificio del altar, en la Eucaristía, Jesús sigue presente, vivo, real, hablando a los corazones de quienes están dispuestos a escuchar.
Pero la pregunta persiste, y no debería dejarnos tranquilos.

Porque si todavía hay personas que buscan a Jesús y no pueden encontrarlo, entonces tal vez sea hora de detenernos y preguntarnos honestamente:

¿Qué hemos hecho con nuestra fe? ¿Qué hemos hecho con la Iglesia? Y sobre todo… ¿qué hemos hecho con Cristo, que debería ser el centro de todo?

Zarish Imelda Neno