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lunes, 3 de agosto de 2026

Roche en campaña para arrastrar a León XIV a su tesis anti Misa tradicional




En tres días, dos publicaciones han lanzado un mismo mensaje: que la línea restrictiva sobre la Misa tradicional no es del cardenal Roche, sino del Papa. El 29 de julio, The Tablet publicaba una entrevista en la que el todavía prefecto del Dicasterio para el Culto Divino afirmaba: «No, el Papa León no va a cambiar Traditionis custodes, y no va a volver a Summorum Pontificum». El 2 de agosto, La Razón añadía, citando fuentes vaticanas anónimas, que el documento sobre liturgia repartido por Roche a los cardenales en el consistorio de enero fue redactado a petición de León XIV, que lo supervisó y «no cambió ni una coma», y que se distribuyó por indicación papal.

Del encargo institucional a la adhesión papal hay un salto que nadie ha probado

Que el Papa encargó a Roche la ponencia es verosímil y cuenta con corroboración: Austen Ivereigh, cercano al progresismo curial, escribió ya en enero que Roche fue uno de los cuatro cardenales a los que se pidió preparar informes sobre los cuatro temas del consistorio.

Pero que un Papa pida al prefecto del Culto Divino un informe sobre liturgia —materia propia de su dicasterio y de su función— y respete el texto sin enmendarlo no significa adhesión a su contenido. Significa, sencillamente, que León XIV dejó que cada prefecto expusiera su visión dentro de su ámbito de competencia, como hizo con los otros tres ponentes. Un gobernante que respeta la independencia de sus colaboradores no suscribe por ello cada palabra que estos escriben. El «no cambió ni una coma» que las fuentes anónimas presentan como prueba de aval papal admite una lectura mucho más sobria: el Papa no quiso corregir a su prefecto, que es exactamente lo que cabe esperar de quien encarga una ponencia, no un magisterio. Convertir ese respeto institucional en compromiso doctrinal del Pontífice es el salto lógico sobre el que descansa toda la operación.

Los hechos posteriores tampoco acompañan la tesis del respaldo total. Los cardenales descartaron por amplia mayoría debatir la cuestión litúrgica y el texto quedó repartido sin discutirse. Y los gestos documentados de León XIV apuntan en dirección más matizada: la instrucción transmitida por Parolin a los obispos franceses en marzo pidiendo «soluciones concretas que permitan la generosa inclusión de quienes están sinceramente apegados al Vetus Ordo»; la carta a la FSSPX antes de Écône reconociendo su «deseo de fidelidad a la Tradición»; el nombramiento de monseñor Cordileone para la Signatura. Quince meses después de su elección, el Papa no ha firmado documento alguno sobre esta materia. Todo lo que se afirma sobre su voluntad procede de terceros.

Filtraciones imprudentes y orientadas

Tenga Roche más o menos razón en el fondo, la secuencia Tablet–La Razón es, ante todo, imprudente y orientada. Imprudente, porque atribuye públicamente al Papa una decisión que el Papa no ha tomado ni comunicado, cerrándole en apariencia un espacio de discernimiento que solo a él corresponde. Orientada, porque procede de fuentes anónimas del entorno del prefecto, en el momento preciso en que Roche, con 76 años y el quinquenio vencido desde mayo, suena con insistencia para el relevo. La entrevista de The Tablet —vacía de contenido salvo la frase sobre Traditionis custodes, que el propio entrevistador admitió haber introducido casi al final— se lee como la de un cargo saliente que intenta comprometer al sucesor de Pedro con su propia tesis, elevando el coste de cualquier rectificación futura. Como dijo esta semana monseñor Cordileone: «No sé hasta qué punto él conoce la mente del Santo Padre».

Un texto con problemas propios

El documento repartido en enero, además, no resiste bien el examen. Invoca Quo primum —la bula que garantizó a perpetuidad el misal tradicional— para justificar su supresión. Sugiere que la tradición sin reforma queda reducida a «cosas muertas, no siempre sanas», calificación que ningún magisterio ha aplicado al Misal Romano y que choca con Benedicto XVI: «Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece sagrado y grande» (2007). Identifica sin matices la reforma de 1969 con la voluntad de los Padres conciliares, cuando Sacrosanctum Concilium ordenó una revisión conforme a criterios (SC 23, 25, 36) cuyo cumplimiento es objeto de debate académico desde hace décadas. Y en su pasaje más revelador, afirma que el uso de los libros antiguos fue «desde San Juan Pablo II hasta Francisco, una concesión»: dieciséis años de Summorum Pontificum, que reconoció el misal de 1962 como derecho de todo sacerdote y no como concesión, simplemente desaparecen del relato. La omisión no es casual: es la premisa necesaria para presentar la línea restrictiva como continuidad ininterrumpida.

Nerviosismo en el sector más anti-tradicional heredero de Bugnini

Lo verificable es poco y claro: hubo encargo papal de una ponencia, no hubo debate, y el Papa no ha hablado. Lo demás —la supervisión «sin cambiar ni una coma», el aval al contenido, la voluntad decidida de León XIV— son atribuciones anónimas en medio de una batalla por definir el pontificado. Respetar el trabajo de un prefecto no es respaldarlo; y quien necesita filtraciones para poner su tesis en boca del Papa, probablemente sabe que el Papa aún no la ha hecho suya.

¿Hay que creer al cardenal Roche en lo que respecta a la misa tradicional?





[Excelente y juicio artículo del corresponsal del Catholic Herald y periodista acreditado ante la Santa Sede, Michael Haynes ].

CIUDAD DEL VATICANO (PerMariam) — El jueves por la mañana, The Tablet publicó su entrevista con el cardenal Arthur Roche, que ya ha tenido una amplia difusión, en la que el cardenal afirmó que el papa León XIV no tiene intención alguna de levantar ninguna restricción sobre la misa tradicional. Ahora que se ha apagado el revuelo inicial, la pregunta clave sigue siendo: ¿qué importancia debemos dar al comentario de Roche?

Para empezar, las palabras de Roche son, en sí mismas, muy claras. A diferencia de muchos cardenales de la Curia que dan rodeos sin cesar, el prefecto del Dicasterio para el Culto Divino (DDW) fue directo al grano.

«Es un ámbito muy importante porque la Eucaristía es el sacramento de la unidad: es el lugar donde todos deberíamos poder estar juntos para celebrar la misa. Así que, si empieza a dividirnos, es que hay algo que falla gravemente. No, el papa León no va a cambiar Traditionis Custodes, ni va a volver a Summorum Pontificum».

Roche continuó:

«Es interesante. Cuando me reúno con grupos que quieren la liturgia anterior y les digo: “Bueno, el Santo Padre os lo ha concedido, ¿cuál es el problema?”, no saben qué responder. Pero luego se van y dicen: “Seguimos siendo perseguidos”. ¿En qué sentido perseguidos? ¿Por qué la orquesta sigue tocando una melodía que está en desacuerdo con la vida de la Iglesia?»

Los columnistas apocalípticos se han lanzado sobre la entrevista como prueba de que sus temores se confirman y de que León es, en esencia, Francisco II. Los medios liberales que siempre han alabado Traditionis Custodes han acogido la intervención de Roche como las palabras de un sabio funcionario del Vaticano.

Pero existe una tercera opción muy plausible que ninguna de las partes ha tenido en cuenta, una teoría «rebelde» a falta de un título mejor, a saber, que la entrevista de Roche no es, en realidad, más que palabras vacías. Algunos criticarán esto como una interminable «excusa», pero hay muchos elementos en la entrevista que justifican la teoría «rebelde».

Las pistas de León

Desde su elección, León ha mantenido un cuidadoso silencio sobre la misa tradicional. Cuando Crux le preguntó al respecto una sola vez el verano pasado —en una entrevista que, al parecer, concedió por cortesía y amistad hacia viejos amigos—, Leo demostró desconocer los detalles del asunto. Afirmó:

«No estoy seguro de cómo va a acabar esto. Obviamente, es muy complicado. Lo que sí sé es que, por desgracia, parte de esa cuestión se ha convertido —una vez más, como parte de un proceso de polarización— en que la gente ha utilizado la liturgia como excusa para impulsar otros temas. Se ha convertido en una herramienta política, y eso es muy lamentable».

Aparte de eso, el Papa ha guardado silencio. Pero, al mismo tiempo, se ha mostrado más abierto a la misa tradicional que su predecesor. Para juzgar lo que el propio León piensa sobre la misa tradicional, debemos mirar más allá de las apariencias y profundizar un poco más.

Tomemos, por ejemplo, sus audiencias.

Se ha reunido con destacados defensores de la misa en latín, como los cardenales Raymond Burke, Robert Sarah, Gerhard Müller y Ernest Simoni. Al obispo Athanasius Schneider también se le concedió una audiencia, en la que instó a León a «elaborar un documento más solemne, no solo un Motu Proprio como hizo Benedicto XVI y luego el anti-Motu Proprio del papa Francisco, Traditionis Custodes». Con la excepción de Schneider en las últimas semanas de Francisco, se trataba de hombres a quienes el papa Francisco les cerró la puerta en las narices.

Leo también ha mantenido cordiales encuentros con los superiores de las dos órdenes sacerdotales de rito tradicional más destacadas —el Instituto de Cristo Rey Soberano Sacerdote y la Fraternidad de San Pedro—, confirmándolos en su apostolado.

En cierta medida relacionado con esto está el permiso que concedió al cardenal Burke para celebrar una misa pontifical en el Vaticano con motivo de la peregrinación anual Ad Petri Sedem del año pasado —permiso que se había denegado rotundamente en los últimos años bajo el pontificado de Francisco—. El acto cobró aún más relevancia debido a que el celebrante era el propio cardenal Burke, un prelado que se consideraba blanco de numerosas críticas mordaces por parte de Francisco. La repercusión en aquel momento fue trascendental en Roma.

A continuación, hay que recordar las instrucciones de León al episcopado francés en marzo. En una carta dirigida en nombre de León a los obispos durante su reunión plenaria, el cardenal Pietro Parolin afirmó que el Papa estaba «especialmente atento, en el contexto del crecimiento de las comunidades vinculadas al Vetus Ordo».

Parolin añadió que León instó a los obispos franceses a sanar la «herida dolorosa» relacionada con la liturgia mostrándose más abiertos al rito tradicional:

«Que el Espíritu Santo os sugiera soluciones concretas que permitan la generosa inclusión de quienes están sinceramente apegados al Vetus Ordo, de acuerdo con las directrices establecidas por el Concilio Vaticano II en materia de liturgia».

Otro elemento a tener en cuenta es la carta de León a la FSSPX —enviada justo en vísperas de las consagraciones episcopales— en la que afirmaba lo siguiente:

«La Iglesia reconoce la devoción por la vida litúrgica, el compromiso con la formación sacerdotal, el celo apostólico y el deseo de fidelidad a la Tradición que caracterizan a muchas personas y comunidades vinculadas a vuestra Fraternidad».

A esto hay que añadir el hecho de que numerosos cardenales y obispos han pedido ahora a León que revoque las restricciones impuestas por Traditionis Custodes a la luz de las consagraciones de la FSSPX. Le han advertido de que, si no lo hace, estará animando a los católicos a acudir a la FSSPX, algo que el Vaticano desea evitar.

Una de esas personas, el arzobispo Salvatore Cordileone, acaba de ser nombrado por el Papa para formar parte de la Signatura Apostólica, lo que indica que, como mínimo, León confía en sus opiniones y las respeta. Cordileone ha declarado que ya comunicó al Vaticano que imponer restricciones al rito antiguo solo conduciría a la división, y, reiterando esa idea esta semana, añadió que el crecimiento del rito antiguo es «imparable».

León ha dejado claro que su papado gira en torno a la unidad, tanto dentro como fuera de la Iglesia. En estos momentos, se le está advirtiendo de que mantener las restricciones sobre el rito antiguo socavaría ese tema central de su pontificado.

¿Qué hay de Roche?

A continuación debemos centrarnos en el cardenal Roche. A sus 76 años, el cardenal inglés concluyó en mayo su mandato de cinco años como prefecto del Dicasterio del Culto Divino. Abundan los rumores de que pronto será sustituido, un factor importante en todo este asunto.

En muchos sentidos, la entrevista que Roche concedió a The Tablet se leía como la de un cargo saliente. Aparte de los llamativos comentarios sobre la liturgia —algo que el entrevistador añadió a la conversación, según admitió, casi como una idea de última hora—, el cardenal no dijo nada digno de mención. La conversación en su conjunto no pareció aportar nada de valor al debate en la Iglesia, salvo presentar a Roche como una figura anciana y afable que podría ser el tío favorito de cualquiera.

Esto resulta extraño teniendo en cuenta que, como señala el entrevistador, la entrevista se realizó poco antes de que Roche se marchara de Roma para sus vacaciones de verano. Aquellos fueron días realmente ajetreados. Tenía previsto marcharse poco después de la clausura del consistorio del 29 de junio, tal y como me dijo directamente. El hecho de que el cardenal hiciera un hueco en su apretada agenda para una conversación tan vacía huele más a un intento de presentar a Roche bajo una luz positiva que a otra cosa.

¿Decidiría el siempre cauteloso León permitir que Roche revelara noticias sobre su plan para el futuro litúrgico de la Iglesia de una forma tan extraña y desordenada? Parece muy poco probable.

Como comentó esta semana el arzobispo Cordileone: «No sé hasta qué punto él [Roche] conoce la mente del Santo Padre». Hay quienes sospechan que, en este asunto, Roche solo conoce su propia mente y su propia oposición al rito antiguo.

A esto hay que añadir el historial de Roche en lo que respecta a su pericia en materia litúrgica. Durante la entrevista, repitió afirmaciones anteriores sobre que el Novus Ordo ofrece un mejor acceso a las Escrituras, algo que los liturgistas han desmentido.

También repitió su argumento anterior de que el Novus Ordo permite al pueblo participar en el sacrificio sacerdotal, mientras que el rito antiguo no lo hace, un argumento que la encíclica Mediator Dei del papa Pío XII rechazó rotundamente y que muchos estudiosos han destacado.

En su última entrevista con The Tablet en 2022, Roche afirmó que el resurgimiento de la misa tradicional «no podía tolerarse porque el Concilio había cambiado la forma en que avanzamos. «Es una cuestión muy sencilla». Además, afirmó que los obispos le habían expresado su «alivio» cuando se publicó Traditionis Custodes, algo que ahora resulta sumamente cuestionable, después de que los resultados de la encuesta en la que se basó TC demostraran que la mayoría no quería ninguna restricción.

Los canonistas también han argumentado que la propia TC, que Roche ha aplicado con firmeza en todo el mundo, es cuestionable en cuanto a su licitud debido a cuestiones jurídicas. Y cuando Roche dijo a los obispos que no tenían autoridad para eximir a sus sacerdotes de la TC, los canonistas me dijeron que la orden del cardenal violaba el Derecho Canónico.

En resumen, en los últimos cinco años, desde la publicación de la TC, Roche ha sido objeto de un escrutinio mayor que nunca por parte de liturgistas y estudiosos, y no ha salido indemne de ello. Roche declaró a The Tablet que «nunca me he sentido a la altura de ninguna de las tareas que se me han encomendado», y muchos liturgistas y canonistas estarían totalmente de acuerdo con él.

La cuestión ahora es cuánta credibilidad se debe otorgar a un prefecto litúrgicamente inepto, que pronto dejará el cargo, en una declaración sobre Traditionis Custodes que parece contradecir en gran medida el estilo del actual pontificado. Algunos podrían argumentar que la respuesta es «muy poca».

Fuente: Per Mariam