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martes, 22 de diciembre de 2020

El deplorable pesebre de la plaza de San Pedro



El Papa Francisco no deja de sorprender, chocar y escandalizar. El Pesebre 2020 de la plaza San Pedro en cerámica de los Abruzos, tan horrible como irreverente de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, indignó un mar de gente, que se han desatado en las redes sociales con un mar de comentarios desconcertados y a veces airados contra una “obra” horribilísima e indigna. El fuerte despertar de las opiniones negativas, muchas de las cuales han vinculado sus consideraciones religioso-artísticas con la tendencia destructiva de la Iglesia, hizo que gran parte de los mass media haya puesto la atención en aquel horrible “pesebre” donado al Papa Francisco e inaugurado el 11 de diciembre ppdo. por el Cardenal Giuseppe Bertello y Monseñor Fernando Vérgez Alzaga, respectivamente Presidente y Secretario General del Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Sin embargo, las manifestaciones negativas, que casi cotidianamente llegan del Vaticano, conviven con iniciativas positivas, que no han hecho sino crear confusión y desconcierto. Para seguir con el tema, tomemos el ejemplo del Pesebre de la Plaza de San Pedro: en la misma plaza, pero bajo el baldaquín de Bernini, puede visitarse, del 13 de diciembre al 10 de enero, la Muestra internacional de los «Cien pesebres en el Vaticano», este año excepcionalmente al aire libre, por causa de la emergencia sanitaria. La exposición, que está en su tercera edición, está formada por piezas artesanales únicas y procedentes de todos los continentes, obras grandes y pequeñas, estáticas o en movimiento y hechas con diferentes materiales. En el comunicado del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, que se encargó de la iniciativa, se lee: «todos podrán detenerse para admirar la belleza de tantos pesebres provenientes de diferentes partes del mundo, y comprender cuanto amor e imaginación se puso en la realización del pesebre». En su mayoría se trata de pesebres tradicionales y, por lo tanto, bellos, catequísticos, auténticos en su mensaje natalicio. ¿Por qué, entonces, el pesebre más visible, el monumental, el papal, el acatólico debe convivir con los otros verdaderos pesebres?

¿Frente a todo el mundo son propuestos sarcófagos egipcios, marcianos, extraterrestres o bien monstruos? Los “artistas” abruzos dieron lo mejor de sí para crear el indecente espíritu que mueve el arte contemporáneo. Las horribles figuras fueron realizadas por alumnos y docentes del Instituto de Arte «F.A. Grue», actual liceo artístico estatal de diseño que, en la década 1965-1975, dedicó la actividad didáctica al tema navideño. Así, de Castelli, en la provincia de Teramo, llegó este pseudo-pesebre que, si San Francisco viviera, él, creador del pesebre católico, se quedaría no solo dolorido sino conmocionado y exigiría su inmediata retirada.

En la plaza del corazón de la Catolicidad fueron expuestas solo algunas piezas de la colección compuesta por 54 estatuas y fueron colocadas sobre una tarima luminosa de unos 125 metros cuadrados, que circunda levemente inclinada parte del obelisco. En el centro, en la parte más alta de la plataforma, está posicionado de un modo blasfemo e indecoroso el grupo de lo que se define como la navidad: se trata, en realidad, de la tremenda contrafigura de la Sagrada Familia, del Ángel y de los Reyes Magos. Todo esto aparece ensalzado en «Vatican news» como «Un signo de esperanza y de confianza para el mundo en la certeza de que Jesús vino a su pueblo para salvarlo y consolarlo». Es verdad: el Divino Niño vino a nosotros para salvarnos, ¿pero de qué? De los pecados, de los errores, de las mentiras, de los engaños y de las burlas de la fe católica, como las indigestas figuras donadas este año al Papa Francisco y expuestas al ludibrio público de muchos que todavía razonan y que aún saben qué es el Pesebre.

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Feliz Navidad | P. Santiago Martín FM | Franciscanos de María |

 Magnificat TV - Franciscanos de María

Duración 4:40 minutos

domingo, 20 de diciembre de 2020

Acerca del libro "La Poesía olvidada", de José Martí Florenciano


Haciéndome propaganda: 

Éste puede ser un buen libro para regalar esta Navidad. Se encuentra disponible en Murcia, en la librerías González Palencia y en la Librería Diocesana. Precio irrisorio: sólo 10 euros.



Puesto que la honradez exige la conformidad de la propia vida con lo que se escribe o, al menos, una cierta conformidad. Y, además, el amor no puede ser comprendido si no se experimenta ... lo propio, en buena lógica, habría sido no escribir nada, pues es demasiado atrevido pretender en mí esa honradez y esa experiencia ... cuando se trata, nada menos, que del amor divino-humano.

Claro que a las personas no siempre nos mueve la lógica. Y dado que este mundo en el que vivimos se está alejando de Dios, a marchas aceleradas, pienso que es razonable -e incluso necesario – hablar (o escribir) aunque sea torpemente, del amor de Dios, para colmar el vacío en el que se encuentra tanta gente que nunca ha oído hablar de que es posible un amor de intimidad con Dios, y que eso es, precisamente, lo único que podría dar sentido a sus vidas. De ahí que me haya decidido por escribir.

Como digo, el libro parte de la idea (que más que idea, es una realidad) de que este mundo, que se ha vuelto completamente loco, cambiando el verdadero sentido de las palabras, es un mundo que ha renegado de Dios y ha optado por la mentira, la maldad y la fealdad.

Sabemos, como dice san Pablo, que “el mal se vence con la abundancia de bien” (Rom 12, 21) y que la mentira se combate con la verdad; pero aquí vamos a tener en cuenta un aspecto, en el que se insiste poco y que es, sin embargo, muy importante ... y es la Belleza, una belleza que suele plasmarse en las diversas artes: pintura, escultura, arquitectura, música sacra (el canto gregoriano sería un buen ejemplo), etc ...

Yo hago uso, en el libro, de la belleza de la poesía. Como escribo en el prólogo del libro y en la contraportada: “la razón que me lleva a escribir este libro es el convencimiento de que, en un mundo prosaico, como el nuestro, que se ha olvidado de Dios, la lectura lenta y reposada de buena poesía es un camino que puede llevar hasta Dios ... probablemente, con más facilidad -y seguridad, incluso- que la lectura de varios tochos de teología”.

Se han dado muchas definiciones acerca de la poesía, siendo ésta, de Gustavo Adolfo Bécquer (1836 – 1870), en su rima XXI, la más conocida:

¿Qué es poesía? -dices mientras clavas 
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? 
Poesía ... eres tú.

Si prestamos atención nos encontramos con el hecho -sorprendente- de que la poesía no es tanto “algo” sino alguien: “Poesía ... eres tú”. Para ser exactos, diríamos que “el enamoramiento es poesía”, pues la respuesta que da Bécquer acerca de lo que se entiende por poesía tiene lugar “mientras siente clavada en su pupila la pupila azul de su amada”. Es sólo en ese ambiente amoroso, donde la poesía se muestra en toda su profundidad y belleza. Todo esto se refiere, como vemos, al puro amor humano. La poesía es un intento de expresar la belleza de esa tremenda y maravillosa realidad que es el amor. Un amor que supone el encuentro con el otro; y un encuentro que, para ser auténtico, ha de serlo en mutua reciprocidad.

Y todo esto, que es cierto en un plano meramente humano, adquiere unas dimensiones extraordinarias y sublimes, cuando de lo que se trata es del amor divino humano. No existen palabras. Podríamos decir, con el poeta mexicano Amado Nervo (1870 – 1919):

Pobres páginas, que ansiaron, 

con la mayor de las ansias, 

decir tan hermosas cosas ...

¡y al final no dijeron nada!

Por lo tanto, si tan maravilloso es el amor humano, tan indescriptible, tan real, tan hermoso, ¿qué no será la fuente de ese amor, que es Dios mismo?

Y si la poesía es el mejor modo que tenemos para expresar la realidad del amor humano, entonces la expresión del Amor divino va a requerir también de la Poesía ... aunque, en este caso, se tratará de una Poesía mucho más elevada y mucho más hermosa, pues hace referencia al amor íntimo y personal que Dios, origen de todo amor, profesa a cada ser humano. Ésta es la Poesía olvidada, la que se refiere al amor divino humano, tan cantado por los poetas de todos los tiempos. Por eso, la Biblia, que nos habla del Amor que Dios nos tiene y del amor que desea que le tengamos, resulta ser el Libro Poético por excelencia. Y Dios, que es el Sumo Hacedor y Creador, por Amor, de todo cuanto existe, es el Poeta por antonomasia: es la propia Poesía, como dice el poeta:

Tú eres Poesía1
y Belleza reside en tu Mirada, 
colmando de alegría, 
jamás imaginada,
a todo el que recibe tu llamada

En tu sola presencia2,
tan solo en ella puedo ser colmado; 
y todo es carencia,
aunque todo es amado 
porque todo tus labios han besado.

Toda la Biblia, en su conjunto, se revela, así, como lo que realmente es: un hermoso Poema, el más hermoso de los poemas que jamás haya sido escrito, sobre todo el Nuevo Testamento ... pero ya, en el Antiguo Testamento, en particular en el Cantar de los Cantares, encontramos versículos de una belleza extraordinaria. En todos ellos se establece un diálogo amoroso entre la amada (en quien podemos vernos reflejados cada uno de nosotros) y el Amado (que es Dios mismo, prefigurando a Jesucristo). Una vida sin Jesucristo es una vida triste y una vida perdida, pues falta en ella lo esencial, que es el Amor.

En lágrimas bañado3
llora mi corazón, de amor herido, 
en penas angustiado,
del tiempo que ya es ido
y por no haber amado se ha perdido.

José Martí

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NOTA

El libro consta de tres partes, bien diferenciadas. En la primera (pags 27 a 61) aparecen algunas poesías personales, considerando las más relevantes las 44 liras agrupadas bajo el título “El encanto de tu Mirada”.

La segunda parte (págs. 65 a 128) es una selección de poesías de varios autores, cuya lectura refrescará la mente y el corazón del lector ... entre los que se encuentran, cómo no, las de san Juan de la Cruz, mi principal referencia. Aparecen también otros autores, menos conocidos, que han sido para mí un auténtico descubrimiento: es el caso del poeta mejicano Amado Nervo y de un poeta actual, el padre Alfonso Gálvez, cuya faceta de poeta es conocida de muy pocos. Todos ellos son “grandes” y dignos de ser leídos.

Por fin, la tercera parte (págs. 129 a 248) la he dedicado a comentar algunas poesías, aquéllas que han despertado en mí un especial interés, como espero que así ocurra con el lector, quien puede encontrar, por sí mismo, otras interpretaciones que le sirvan más que la mía. Pero, sea de un modo u otro, lo único que realmente importa es el encuentro con la Persona de Jesucristo.

1 (José Martí núm. 12, pág. 30)
2 (José Martí núm. 8, pág. 29)
3 (Alfonso Gálvez, pág. 128, núm. 95 CFC) 

lunes, 14 de diciembre de 2020

Mensaje de Trump para Navidad 2020: "Dios envió a su Hijo para salvarnos"

 QUE NO TE LA CUENTEN

DURACIÓN 3:06 minutos


Pues no será San Luis Rey ni San Fernando, pero ya querría yo ver a otros presidentes hablar así en 2020.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

lunes, 7 de diciembre de 2020

“Un cuento de Navidad para Le Barroux”. De Natalia Sanmartín Fenollera

 QUE NO TE LA CUENTEN


Gracias a la generosidad de la Señorita Prim, perdón… de Natalia Sanmartín, hemos recibido ayer el libro “Un cuento de Navidad para Le Barroux”.

Le Barroux es un lugar en Francia donde existe una abadía tradicional francesa con monjes benedictinos. Y la Navidad, es el recuerdo del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo (por las dudas, ¿vio?).

¿De qué trata este cuento breve de apenas 72 páginas y excelentes ilustraciones de Michaela Harrison (otra aficionada a los signos benedictinos)?


Pues no se lo vamos a contar aquí…; sólo podemos decirles que, en menos de una hora, se lee; porque es un cuento, un cuento brevísimo para niños y grandes que sólo los primeros entenderán (los adultos diremos que lo entendimos, pero será mentira).

Un niño, sin padre, pierde a su madre; no a una madre común, sino a esas que sólo tienen tiempo para lo importante y no para lo urgente. Una madre que es capaz, de contar cuentos, cazar mariposas y desgranar rosarios…

Y ese pequeño, amante de las arañas, de los libros de ciencias y de los héroes bíblicos, luego de verse huérfano de lo que más ama un niño en esta tierra –fuera de las arañas, de los cuentos y de los héroes bíblicos, claro– comienza a preguntarse si todo eso que oía de los labios de su madre, era verdad.

Porque las madres no mienten, exageran…, como exagera siempre el amor.

Es el caer en la adultez, ese tiempo de ensueño que, muchas veces, nos impide gozar de la vida verdadera, que es la vida de arriba, que “no se goza estando viva hasta que esta vida muera”, como decía la santa de Ávila.

– “¿Y si no es cierto esto o lo otro? ¿y si todo es un “cuento narrado por un idiota”?¿y si después de esta vida, nada…?”.

Y nos vienen a la idea las apuestas pascalianas, de que es mejor vivir etsi Deus daretur a vivir como si Dios no existiese, es decir, como políticos…

Y el niño pide signos; signos de que todo lo que le narraban era verdad. Como Gedeón, como Moisés, y no los ve; o, mejor dicho, los ve, pero no los percibe; como se ven las especies eucarísticas sin que, muchas veces, percibamos la realidad.

Y pasan las navidades, con peticiones, recuerdos y anécdotas; y rostros que ya es difícil por haberlos soñado y pensado tantas veces; y sólo recién, al final, el niño, a punto de caer en la adultez, es decir, ese período que sucede a la enfermedad de la adolescencia, entiende que esas señales que pedía al Buen Dios, estaban allí, en una estrella, en una torre o en un arca, que escondían y velaban lo que existía pero, muchas veces, no se dejaban ver, como el Sol.

Y entonces, despierta. Como la Señorita Prim.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

domingo, 6 de diciembre de 2020

“Urge aprender a detectar trampas en el lenguaje, también en el cristiano”

 ACEPRENSA


Siete años después de publicar su novela El despertar de la señorita Prim, la periodista y escritora Natalia Sanmartin Fenollera vuelve a la escena literaria con Un cuento de Navidad para Le Barroux, una historia entrañable que no tiene miedo a medirse con el dolor de un niño. Hablamos con ella sobre la cultura contemporánea, la transmisión de la fe y la importancia de cuidar las palabras para hacerse entender.

Un niño de 8 años y sus hermanos, a los que el padre abandonó, pierden ahora a su madre a causa de una enfermedad. El chico pide una señal a Dios: quiere saber si “lo que mamá decía sobre Dios, la cueva y el cielo era verdad”. Aparentemente, Dios calla. Pero en la tercera Navidad, el niño aprende a leer el lenguaje de Dios.

“El cuento nació –me explica– a petición de los benedictinos de Le Barroux, en Francia, con los que tengo una relación muy especial. Me pidieron el cuento para leer en el refectorio, en la fiesta de Navidad. Michaela Harrison, la ilustradora, vive a los pies de otro monasterio benedictino con el que también mantengo una estrecha amistad, la abadía de Clear Creek, en Oklahoma. Así que tanto el texto como las ilustraciones han ‘salido’ de dos abadías de San Benito, una francesa y otra estadounidense, y en las dos se ha traducido el cuento para poder leerlo en voz alta”.


— El protagonista de su cuento supera una crisis de fe gracias a las señales que descubre en las realidades materiales. ¿Puede la belleza rescatar a quienes han dejado de creer en la Navidad?

— La belleza es uno de los atributos de Dios y ha sido siempre un camino clásico de conversión a la vida cristiana. Pero el cuento no habla tanto de la belleza como del misterio de la Navidad y también del enigma que encierra la visión sacramental del mundo, la idea de que tras la realidad material está siempre la espalda de Dios, por decirlo así, y de que Dios habla a través de las cosas. Simone Weil decía que la Creación está llena de símbolos y que solo hay que leerlos. El cuento habla de un niño que le pide a Dios una y otra vez una prueba de que la Navidad es real y de que el Cielo existe, pero también de cómo Dios, el mismo Dios que habló a Abraham en el desierto, escucha atentamente esa voz.

“Es difícil pensar en una tarea más grande en la vida cotidiana de una familia cristiana que mostrar a los niños el rostro de Dios”

— Al igual que El despertar de la señorita Prim, su nuevo libro es un relato sobre una comunidad contracultural; en este caso, un hogar cristiano donde se reza, se lee mucho, se mira a las estrellas, se anima a atesorar recuerdos… ¿Qué valores y actitudes le gustaría llevar a la cultura dominante? 

— En realidad no he pretendido mostrar una comunidad contracultural, sino un hogar cristiano en medio de un mundo que mayoritariamente ya no lo es o que al menos no vive como tal. Sé que hay una preocupación grande por llevar lo cristiano a la cultura dominante, y me parece muy lícito, pero en ese tema quizá soy menos optimista. A mí me parece que la tarea urgente no es tanto bautizar la cultura dominante como transmitir la fe cristiana y preservarla de adulteraciones, buscar la propia conversión y ayudar en lo posible a quien cada uno tiene cerca y conservar esa fe en un medio hostil antes de pensar en nada más.

Kierkegaard tiene una frase muy dura, pero muy certera, sobre el cristianismo en el mundo occidental. Él hablaba de la Dinamarca luterana de su tiempo, pero creo que se nos puede aplicar a nosotros también. Decía que el cristianismo se había convertido en algo tan desprovisto de carácter que realmente no quedaba nada por perseguir, y que el principal problema de los cristianos era que nadie quería perseguirlos ya. Creo que eso, perder de vista el tesoro en el campo o sustituirlo por una baratija, es más importante que evangelizar la cultura y los valores
dominantes.

Ilustración de “Un cuento de Navidad para Le Barroux”. © Michaela Harrison

— Coincido en que la conversión personal es la tarea urgente. Sin embargo, ¿no cree que esa conversión y la misma transmisión de la fe en el hogar se hacen dentro de un contexto cultural del que uno no puede desentenderse enteramente?

— Sí, estoy de acuerdo con que el contexto cultural es fundamental en la transmisión de la fe; cultura viene de cultivar, y la cultura, si es lo que debe ser, tiene que convertirse en el terreno que recibe la semilla y que la protege en su crecimiento. Pero también creo que se habla mucho de cristianizar la cultura, de participar en el debate público, de dar testimonio, de hacer apostolado, de estar en todas partes, y se presta menos atención a algo que me parece muy evidente, y es el hecho de que antes de nada la tarea empieza por la propia casa, por la propia evangelización, por analizar qué es lo que estoy recibiendo y qué estoy transmitiendo como fe cristiana, porque buena parte de la crisis actual no está fuera de la Iglesia, sino también dentro.

Antes de la dimensión social está la personal, antes de pensar en evangelizar el mundo es necesario pensar en fortalecer y purificar la propia fe. En la vida cristiana la contemplación siempre viene antes de la acción.

— La madre se preocupa de transmitir la fe a sus hijos y de formarles la sensibilidad estética. Para ella, las dos cosas van de la mano. ¿Cree que la educación católica debería insistir más en esta fórmula?

— Creo que la educación católica tiene que transmitirse en el hogar y que las madres son la pieza central de esa tarea en la infancia, por encima de las clases de religión, las catequesis, las convivencias y los grupos parroquiales. Pero también creo que para hacer eso hay que fortalecerse en la fe y dedicar tiempo a la contemplación porque nadie puede transmitir lo que no tiene.

Es difícil pensar en una tarea más grande en la vida cotidiana de una familia cristiana que descubrir las maravillas de la Creación a los niños, mostrarles el rostro de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento, enseñarles a rezar, familiarizarlos con la liturgia, y también prepararlos para un mundo que les dirá que todo eso es pura falsedad. Al mismo tiempo me parece que tenemos que aprender a contarles las cosas mejor, mirar más y más hacia la Escritura.

En La Historia de Jesucristo, Bruckberger habla de la Encarnación, de la primera Navidad, y escribe como si tuviese delante la escena; cuenta que el pueblo esperaba, que Satanás también esperaba, que se intuía algo en el aire, un acontecimiento grande, un desembarco inminente y liberador.

“Creo que el pensamiento y la vida intelectual existen más allá del debate público, que solo muestra una parte”

— Hace unos días, dos columnistas de distintos medios –Diego S. Garrocho y Miguel Ángel Quintana Paz– abrieron un diálogo sobre la escasa influencia de los intelectuales cristianos en el debate cultural contemporáneo. No es que no existan esos pensadores, venían a decir: es que no se les ve. ¿Usted qué opina? 

— Creo que el pensamiento y la vida intelectual existen más allá del debate público, que solo muestra una parte, igual que la historia existe más allá de los libros de historia. Y personalmente no me parece decisivo que haya o no muchas referencias contemporáneas; me parece decisivo que haya referencias, y siempre las hay, hay siglos de pensamiento donde elegir, y no es una forma de hablar. Existe una gran cantidad de gente que leer y que estudiar; a mí me importa poco que hayan nacido hace 40 o 400 años.

— Una de las cosas que, en mi opinión, pone de relieve ese debate es el desinterés de algunos creyentes por la construcción de una nueva cultura. En general, se habla mucho de la responsabilidad política y social de los cristianos, pero se habla menos de la cultural. ¿Cómo fomentarla? 

— Sí, es verdad. Yo no creo que exista realmente una responsabilidad política, social o cultural de los cristianos como tal, pero en cualquier caso la cultura se transmite casi por contagio y hay algo muy misterioso en el hecho de que a veces esa transmisión funciona y otras veces no. Pero hay una tarea urgente que tiene que ver con aprender a detectar trampas en el lenguaje, también en el lenguaje cristiano. Cosas como llamar fe al sentimentalismo, puritanismo a la pureza, fortaleza al voluntarismo, obediencia o responsabilidad a la desacralización de lo santo o tolerancia a la indiferencia, y son solo algunos ejemplos.

lunes, 30 de noviembre de 2020

Un nuevo libro de Natalia Sanmartín Fenollera

 THE WANDERER



Planeta ha publicado el nuevo libro de Natalia Sanmartín Fenollera, la autora de El despertar de la señorita Prim, que tanto éxito tuvo en el mundo entero, tanto dio que hablar a los círculos católicos y tanto nos consoló a nosotros, los más pequeños e insignificantes de todos. Se trata de Un cuento de Navidad para Le Barroux.

Aceprensa le hizo la semana pasada una entrevista que aquí reproduzco. No solamente vale como una buena introducción al nuevo libro sino, y sobre todo, por los conceptos que la autora vierte, y que dan mucho que pensar.

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Un niño de 8 años y sus hermanos, a los que el padre abandonó, pierden ahora a su madre a causa de una enfermedad. El chico pide una señal a Dios: quiere saber si “lo que mamá decía sobre Dios, la cueva y el cielo era verdad”. Aparentemente, Dios calla. Pero en la tercera Navidad, el niño aprende a leer el lenguaje de Dios.

“El cuento nació –me explica– a petición de los benedictinos de Le Barroux, en Francia, con los que tengo una relación muy especial. Me pidieron el cuento para leer en el refectorio, en la fiesta de Navidad. Michaela Harrison, la ilustradora, vive a los pies de otro monasterio benedictino con el que también mantengo una estrecha amistad, la abadía de Clear Creek, en Oklahoma. Así que tanto el texto como las ilustraciones han ‘salido’ de dos abadías de San Benito, una francesa y otra estadounidense, y en las dos se ha traducido el cuento para poder leerlo en voz alta”. 


- El protagonista de su cuento supera una crisis de fe gracias a las señales que descubre en las realidades materiales. ¿Puede la belleza rescatar a quienes han dejado de creer en la Navidad?

— La belleza es uno de los atributos de Dios y ha sido siempre un camino clásico de conversión a la vida cristiana. Pero el cuento no habla tanto de la belleza como del misterio de la Navidad y también del enigma que encierra la visión sacramental del mundo, la idea de que tras la realidad material está siempre la espalda de Dios, por decirlo así, y de que Dios habla a través de las cosas. Simone Weil decía que la Creación está llena de símbolos y que solo hay que leerlos. El cuento habla de un niño que le pide a Dios una y otra vez una prueba de que la Navidad es real y de que el Cielo existe, pero también de cómo Dios, el mismo Dios que habló a Abraham en el desierto, escucha atentamente esa 

— Al igual que El despertar de la señorita Prim, su nuevo libro es un relato sobre una comunidad contracultural; en este caso, un hogar cristiano donde se reza, se lee mucho, se mira a las estrellas, se anima a atesorar recuerdos… ¿Qué valores y actitudes le gustaría llevar a la cultura dominante? 

— En realidad no he pretendido mostrar una comunidad contracultural, sino un hogar cristiano en medio de un mundo que mayoritariamente ya no lo es o que al menos no vive como tal. Sé que hay una preocupación grande por llevar lo cristiano a la cultura dominante, y me parece muy lícito, pero en ese tema quizá soy menos optimista. A mí me parece que la tarea urgente no es tanto bautizar la cultura dominante como transmitir la fe cristiana y preservarla de adulteraciones, buscar la propia conversión y ayudar en lo posible a quien cada uno tiene cerca y conservar esa fe en un medio hostil antes de pensar en nada más. Kierkegaard tiene una frase muy dura, pero muy certera, sobre el cristianismo en el mundo occidental. Él hablaba de la Dinamarca luterana de su tiempo, pero creo que se nos puede aplicar a nosotros también. Decía que el cristianismo se había convertido en algo tan desprovisto de carácter que realmente no quedaba nada por perseguir, y que el principal problema de los cristianos era que nadie quería perseguirlos ya. Creo que eso, perder de vista el tesoro en el campo o sustituirlo por una baratija, es más importante que evangelizar la cultura y los valores dominantes.

— Coincido en que la conversión personal es la tarea urgente. Sin embargo, ¿no cree que esa conversión y la misma transmisión de la fe en el hogar se hacen dentro de un contexto cultural del que uno no puede desentenderse enteramente?

— Sí, estoy de acuerdo con que el contexto cultural es fundamental en la transmisión de la fe; cultura viene de cultivar, y la cultura, si es lo que debe ser, tiene que convertirse en el terreno que recibe la semilla y que la protege en su crecimiento. Pero también creo que se habla mucho de cristianizar la cultura, de participar en el debate público, de dar testimonio, de hacer apostolado, de estar en todas partes, y se presta menos atención a algo que me parece muy evidente, y es el hecho de que antes de nada la tarea empieza por la propia casa, por la propia evangelización, por analizar qué es lo que estoy recibiendo y qué estoy transmitiendo como fe cristiana, porque buena parte de la crisis actual no está fuera de la Iglesia, sino también dentro. Antes de la dimensión social está la personal, antes de pensar en evangelizar el mundo es necesario pensar en fortalecer y purificar la propia fe. En la vida cristiana la contemplación siempre viene antes de la acción.

— La madre se preocupa de transmitir la fe a sus hijos y de formarles la sensibilidad estética. Para ella, las dos cosas van de la mano. ¿Cree que la educación católica debería insistir más en esta fórmula?

— Creo que la educación católica tiene que transmitirse en el hogar y que las madres son la pieza central de esa tarea en la infancia, por encima de las clases de religión, las catequesis, las convivencias y los grupos parroquiales. Pero también creo que para hacer eso hay que fortalecerse en la fe y dedicar tiempo a la contemplación porque nadie puede transmitir lo que no tiene. Es difícil pensar en una tarea más grande en la vida cotidiana de una familia cristiana que descubrir las maravillas de la Creación a los niños, mostrarles el rostro de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento, enseñarles a rezar, familiarizarlos con la liturgia, y también prepararlos para un mundo que les dirá que todo eso es pura falsedad. Al mismo tiempo me parece que tenemos que aprender a contarles las cosas mejor, mirar más y más hacia la Escritura. En La Historia de Jesucristo, Bruckberger habla de la Encarnación, de la primera Navidad, y escribe como si tuviese delante la escena; cuenta que el pueblo esperaba, que Satanás también esperaba, que se intuía algo en el aire, un acontecimiento grande, un desembarco inminente y liberador.

— Hace unos días, dos columnistas de distintos medios –Diego S. Garrocho y Miguel Ángel Quintana Paz– plantearon un debate sobre la escasa influencia de los intelectuales cristianos en el debate cultural contemporáneo. No es que no existan esos pensadores, venían a decir: es que no se les ve. ¿Usted qué opina? 

— Creo que el pensamiento y la vida intelectual existen más allá del debate público, que solo muestra una parte, igual que la historia existe más allá de los libros de historia. Y personalmente no me parece decisivo que haya o no muchas referencias contemporáneas; me parece decisivo que haya referencias, y siempre las hay, hay siglos de pensamiento donde elegir, y no es una forma de hablar. Existe una gran cantidad de gente que leer y que estudiar; a mí me importa poco que hayan nacido hace 40 o 400 años.

— Una de las cosas que, en mi opinión, pone de relieve ese debate es el desinterés de algunos creyentes por la construcción de una nueva cultura. En general, se habla mucho de la responsabilidad política y social de los cristianos, pero se habla menos de la cultural. ¿Cómo fomentarla? 

— Sí, es verdad. Yo no creo que exista realmente una responsabilidad política, social o cultural de los cristianos como tal, pero en cualquier caso la cultura se transmite casi por contagio y hay algo muy misterioso en el hecho de que a veces esa transmisión funciona y otras veces no. Pero hay una tarea urgente que tiene que ver con aprender a detectar trampas en el lenguaje, también en el lenguaje cristiano. Cosas como llamar fe al sentimentalismo, puritanismo a la pureza, fortaleza al voluntarismo, obediencia o responsabilidad a la desacralización de lo santo o tolerancia a la indiferencia, y son solo algunos ejemplos.

The Wanderer

viernes, 27 de diciembre de 2019

Su Santidad repitió la palabra ‘cambio’ -y sus variantes- varias decenas de veces en su alocución navideña a la Curia, muchas más de las que nombró a Nuestro Señor o cualquier otra realidad sobrenatural o exclusiva de nuestra fe, y nos conminó a que no tuviéramos miedo al ‘cambio’, sin especificar en qué sentido (Carlos Esteban).



O sí, si atendemos la cita que hizo del Cardenal Martini, asegurando que la Iglesia lleva doscientos años de retraso. Ir con retraso significa saber con respecto a qué, y esa mención a los dos siglos, si contamos hacia atrás, nos lleva al Periodo Revolucionario que puso fin a la Europa cristiana. ¿Es eso? ¿Tiene que adecuarse la Iglesia al mundo?

Basta pensar unos minutos para darse cuenta de que la Iglesia no puede contentar al mundo -adecuarse a su mensaje, por lo demás cambiante- sin acometer cambios radicales en su doctrina perenne, y hacer algo así significaría, sin más, dejar de ser la Iglesia de Cristo. De modo que el Santo Padre debe de referirse a otra cosa, debe de estar hablando de las formas, de las estrategias de comunicación, de lo que puede, en fin, cambiarse.

Ahora bien, cuando alguien habla obsesivamente de la necesidad del ‘cambio’, aunque utilice esa palabra genérica, siempre tiene en la cabeza una dirección, tiene una idea más o menos clara de hacia dónde hay que cambiar o se va ineluctablemente a cambiar. Pero el pontífice, llamado a ser pastor y maestro, no tiene por qué ser un profeta acertado en el sentido vulgar de la palabra, en cuanto a saber por dónde irán los cambios. Y sospecho que no van a ser precisamente en la dirección que parece tener en la cabeza.

Francisco es un hombre de la generación del inmediato postconcilio, formado en aquella efervescencia de la llamada ‘primavera de la Iglesia’ a la que quiere, explícitamente, dar culminación, retomar el camino que se vio moderado o directamente interrumpido por sus dos inmediatos predecesores. Ese es el paradigma en el que se mueve; esa es su ‘modernidad’.

Pero, al menos en términos cuantificables, la celebrada ‘primavera’ ha sido un desastre. La proporción de católicos en Occidente ha caído en picado, pero no para dar ese ‘resto de Israel’ que, reducido, es más ferviente y comprometido. Este mismo año que termina supimos, por ejemplo, que una holgada mayoría de católicos en Estados Unidos no cree en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía. ¿En qué sentido se sigue siendo católico sin eso?

El cambio real que, por el contrario, se está detectando entre los fieles practicantes quizá vaya en una dirección muy diferente a la que se refiere el Santo Padre. Por ejemplo, la preferencia por el Rito Extraordinario de la Misa. Se suponía que la misa de San Pío V, la que ha sido universal durante siglos, se permitía como una reliquia para un puñado de ancianos nostálgicos. Pero se está convirtiendo en algo muy distinto.

En la Iberoamérica natal de Su Santidad, por ejemplo. He aquí una enorme región sólidamente católica hace solo unas décadas que está apostatando en bandadas hacia el secularismo o hacia el protestantismo. Y un número no despreciable y creciente de quienes se quedan parecen optar por la ‘misa indultada’ y finalmente liberada por el motu proprio de Benedicto XVI ‘Summorum pontificum‘. Y no, no son el puñadito de viejos que reviven la misma de su niñez, sino en muchos casos familias jóvenes que no la han conocido hasta ahora.

Ya no existe la Cristiandad, como nos recuerda el Papa; los católicos somos cada día menos relevantes en la cultura y en la vida pública. Pero quizá la reacción que buscan los fieles no sea en seguir fundiéndose con el mundo halagando sus modas ideológicas, sino satisfacer el hambre de Dios, de esa sobrenaturalidad y transcendencia que parece haber desaparecido del mensaje cotidiano de nuestros pastores, con una práctica religiosa que acentúe el misterio central de nuestra fe.

Carlos Esteban

Inmigracionismo del Papa Francisco, el rígido San Esteban, información digital, la pachamama del Vaticano



No son unas navidades fáciles en el Vaticano. Estábamos acostumbrados a que estos días todo se ralentizaba y los periódicos se llenaban de noticias amables esperando el retorno al trabajo después de la befana, o de reyes en las tierras hispanas. Este año estamos observando cómo las noticias tienen una vida propia, independiente de la Navidad, y siguen su camino. No son tiempos de perder el tiempo y tenemos la sensación de que todo se está precipitando.

Lo que el Papa Francisco puede decir o hacer a estas alturas de su pontificado ya no es una sorpresa para nadie. En un primer momento podían sonar a cierta novedad alguno de sus argumentos y actuaciones. Esto ya no es así y estamos cayendo en la continua repetición. Algunos se plantean que esto se parece mucho más a una obsesión enfermiza que a una estrategia. Hablar siempre, a todas horas, de inmigración, sean pascuas o ramos, no es normal. Los hay que hablan de una nueva religión laica centrada en una visión chata del fenómeno de la inmigración. Olvidarse de la Navidad, de la Revelación divina, de todo lo sagrado que compone la vida del ser humano y quedarnos en los discursos vacíos a la moda produce un cansancio intelectual que se está volviendo en contra de su predicador máximo, el Papa Francisco.

Otro fenómeno que estamos observando es la capacidad de hacer el ridículo por parte de las autoridades vaticanas. Nos están demostrando su total incapacidad para enfrentarse a los complicados asuntos que traen entre manos. El paso del tiempo está enrareciendo y complicando toda la situación en torno a los abusos. Los casos aumentan y los procesos no terminan nunca. El prometido informe McCarrick sigue esperando y no termina de ver la luz. La justicia civil sigue su lenta marcha, aplicando sanciones económicas que están llevando a la bancarrota a algunas diócesis americanas y está saltando al Vaticano. En escándalos financieros mejor no entramos, pero hasta en Navidad seguimos con las noticias de las sorprendentes inversiones en Budapest, en Londres … en una cadena que no tiene fin.

Por si faltará algo, seguimos haciendo el ridículo universal viendo a sus eminencias, el bertoniano Versaldi en primer plano con el amigo Edgar, en situaciones pueriles siguiendo las instrucciones de una chamana en el corazón del Vaticano y en plenas celebraciones navideñas. Creemos que no es mucho pedir que si tanto les gustan estás cosas las hagan en la intimidad y nos ahorren a todos el verlos con sus vergüenzas aireadas. Hay motivos sobrados (por mucho menos, las personas sensatas lo hacen) para acercarse a un buen especialista que tranquilice a tan elevadas inteligencias ante la locura colectiva en la que están sumergidos.

Hoy no está de moda celebrar a los mártires, porque todos, absolutamente todos, eran poco dialogantes y de una rigidez insoportable. Son tiempos de besos y abrazos, aunque sean vacíos y falsos, de fraternidades platónicas, sin paternidades que las sustenten, de apegarse a lo políticamente correcto, de cambiar de chaqueta (ahora lo llaman discernimiento) todas las veces que haga falta. El diácono Mártir San Esteban sigue siendo el mejor fruto de la Navidad y su martirio la llena de sentido.

El blog amigo de Marco Tosatti nos ofrece los datos de sus lectores que ya pasan de los 13 millones. Estamos ante un nuevo fenómeno, cuyas consecuencias no podemos valorar, que está cambiando lo que entendemos como información. Sabemos, lo estamos viviendo en propia carne, lo importante que está siendo en este momento la información libre en el mundo religioso: nos ayuda a estar unidos y a ser conscientes de que ni somos pocos ni estamos solos. Ya quisieran los medios oficiales del Vaticano contar con este número de lectores. Están gastando enormes sumas de dinero, que no tienen, en sostener medios de información que no interesan a nadie. Tienen buen cuidado de no dar nunca los datos de lectores porque la decisión de cierre sería inmediata. Mientras sus eminencias, y el amigo Edgar, estén entretenidos con la pachamama, Parolin en su mundo multicolor, y el Papa Francisco con sus chalecos salvavidas, todo sigue tranquilo aunque todos callen la inutilidad.

Un grupo de fieles se ha acercado a la prisión en la que se encuentra el Cardenal Pell a cantar villancicos, con la esperanza de llevarle un poco de consuelo en estos días. Cuanto más tiempo dure esta injusta situación más se engrandecerá la figura del cardenal, injustamente apresado. Esperemos que aguante el tirón (no es fácil) y pueda salir fortalecido. Tenemos la esperanza de que los cantos de los fieles curen la herida de los silencios, o cosas peores, del Vaticano.

En la curia romana las felicitaciones de Navidad y Pascua son una plaga. Un cardenal medio, o un alto cargo, puede pasar de 2.000 felicitaciones oficiales. La inmensa mayoría son giros entre organismos vaticanos de personas que se encuentran a pocos metros, pero que consideran una vulgaridad prescindir del lujoso tarjetón. En medio de esta avalancha se busca con intensidad si existe alguna pequeña carta que contenga una verdadera felicitación. El Papa Francisco nos dice que recibe muchas, y le creemos: una avalancha incontenible de cartas y tarjetas imposibles de contestar. Esperemos que muchas de ellas sean fruto de un verdadero cariño.

Terminamos con unas palabras de Benedicto XVI al que aprovechamos para felicitar también en estos días: “Queridos amigos, la solemnidad del Nacimiento del Señor nos invita a vivir esta misma humildad y obediencia de fe. La gloria de Dios no se manifiesta en el triunfo y en el poder de un rey, no resplandece en una ciudad famosa, en un suntuoso palacio, sino que establece su morada en el seno de una virgen, se revela en la pobreza de un niño. La omnipotencia de Dios, también en nuestra vida, obra con la fuerza, a menudo silenciosa, de la verdad y del amor. La fe nos dice, entonces, que el poder indefenso de aquel Niño al final vence el rumor de los poderes del mundo”

«…os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó.»

Buena lectura.

Specola

lunes, 23 de diciembre de 2019

ADESTE FIDELES



Duración 4:21minutos



EN LATÍN

ADESTE, FIDELES


Adeste, fideles,
Laeti triumphantes,
Venite, venite in Bethlehem!
Natum videte,
Regem angelorum.
Venite, adoremus!
Venite, adoremus!
Venite, adoremus Dominum!

En grege relicto
Humiles ad cunas,
Vocati pastores adproperant;
Et nos ovanti,
Gradu festinemus.
Venite, adoremus!
Venite, adoremus!
Venite, adoremus Dominum!

Adeste fideles,
Laeti triumphantes,
Venite, venite en Bethlehem!
Natum videte,
Regem angelorum.
Venite, adoremus!
Venite, adoremus!
Venite, adoremus Dominum!

EN ESPAÑOL

ACUDID, FIELES


Acudid, fieles,
alegres, triunfantes
¡venid, venid a Belén!
Ved al nacido,
Rey de los ángeles.
¡Venid, adoremos!
¡Venid, adoremos!
¡Venid, adoremos al Señor!

He aquí que habiendo dejado el rebaño,
a la humilde cuna,
los pastores llamados se acercan;
Y nosotros nos apresuramos
con paso alegre.
¡Venid, adoremos!
¡Venid, adoremos!
¡Venid, adoremos al Señor!

Acudid, fieles,
alegres, triunfantes
¡venid, venid a Belén!
Ved al nacido,
Rey de los ángeles.
¡Venid, adoremos!
¡Venid, adoremos!
¡Venid, adoremos al Señor!


viernes, 28 de diciembre de 2018

Young People Respond to Passionate Conviction Not to Bergoglio Catholicism


Duración 2:35 minutos

Without God, Christmas is just tinsel, Greg Sheridan, the foreign editor of The Weekend Australian wrote on December 22 in an article for the same newspaper. Sheridan notices that Western secularism keeps the tinsel but suppresses the religious significance of Christmas.

Sheridan appreciates the decision by the Chinese city of Langfang to abolish Christmas this year, and to make Chrismas decorations and celebrations illegal, because this suggests that the Chinese Communists may understand Christmas better than many Westerners. They have realized that they cannot control Christmas because it proposes a higher authority than the Communist party.

Sheridan explains that without religion, everything else about Christmas is just there to distract. Quote, «You cannot come to any meaningful encounter with Christmas without comprehending its supernatural, transcendent, religious claims.» And, «deny Christmas altogether, accept it with all its mystery, or ignore it.»

Could we emphasize all the social goods that came from Christianity, but leave out believing in God, Sheridan asks. His reply is no. Quote, «The social utilitarian view of religion can only appeal to older men. You cannot inspire young people on that basis that this story is untrue or false, but it’s full of merit.»

Sheridan’s conclusion: Young people respond to passionate conviction, integrity and idealism. And, «I found successful Christian movements across many denominations combine three qualities: clear and radical belief, strong leadership and worship that by its aesthetic beauty signals the moral beauty of the teachings.


viernes, 29 de diciembre de 2017

Tormentosa Navidad, este año, en el Vaticano (Sandro Magister) [Acerca del "Belén" del Vaticano]


"Belén" en la Plaza de San Pedro del Vaticano, navidad 2017 

Añado en esta entrada, con traducción personal, el tercero de los goles a los que alude Sandro Magister en su artículo publicado en
Settimo Cielo:

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[En este Belén] no hay ni buey ni asno, ni ovejas, ni pastores. Apenas se puede distinguir a Jesús, José y María que se encuentra en el fondo de una cúpula de san Pedro, en ruinas. Un pesebre, sin gracia y sin poesía, cuya intención es más bien representar una a una las siete obras corporales de misericordia.

Se trata de un regalo hecho al Papa por el santuario de la abadía de Montevergine, ubicado en una montaña sobre Avellino, no lejos de Nápoles. El Gobierno de la Ciudad del Vaticano ha precisado que el proyecto, llevado a cabo por el artesano napolitano Antonio Cantone, había sido sometido previamente a la decisión del Secretario de Estado y del Papa Francisco, quienes lo aprobaron .


Pero la aprobación de la asociación Arcigay de Nápoles y de su presidente Antonello Sannino ha sido aún más entusiasta. Esto es lo que ha declarado a la periodista americana Diane Montagna, para LifeSiteNews: 


"La presencia de este pesebre en el Vaticano es motivo de alegría, más que nunca, porque para la comunidad homosexual y transexual de Nápoles es un símbolo importante de inclusión e integración".

El santuario de Montevergine alberga una imagen de la Virgen - reproducida en el pesebre de la Plaza de San Pedro - que ha sido adoptada desde hace mucho tiempo como la patrona de una amplia comunidad LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Y una vez al año, el 2 de febrero, fiesta de la presentación de Jesús en el templo, conocida popularmente como "la Candelaria", se organiza una procesión hacia el santuario, llamada "juta dei femminielli", la subida de los afeminados.

Se trata de una "mezcla de lo sagrado y lo profano", una especie de "orgullo gay ancestral", explicó Sannino. En el año 2002, el abad de Montevergine de aquel momento, Tarcisio Nazzaro, había protestado contra la dimensión política que comenzaba a tomar esta peregrinación en la que ese año había participado el parlamentario transexual Vladimir Luxuria.

Pero en la "Candelaria" de 2014, Luxuria apareció en el santuario para leer una carta que le había escrito al Papa Francisco en nombre de la comunidad LGBT.

En 2017, un grupo LGBT, flanqueado de nuevo por Luxuria, se encontró con el nuevo abad Luca Guariglia y éste, según lo que informaron más tarde, les dio su bendición en un "clima de diálogo".

El pueblo de Ospedaletto d'Alpinolo, punto de partida del ascenso al santuario, ha nombrado este año a un "matrimonio" de homosexuales, ciudadanos honorarios, que ha inaugurado un baño "sin género" para los "femminielli" y ha plantado en la entrada del pueblo un letrero con esta inscripción: "Ospedaletto d'Alpinolo está en contra de la homotransfobia y la violencia de género"
No es de extrañar, por lo tanto, que Sannino esté convencido de que una mayor apertura de la Iglesia en materia de homosexualidad depende también del hecho de que los dirigentes del Vaticano "sean muy conscientes" del vínculo que existe entre el pesebre de la Plaza de San Pedro y la comunidad LGBT. "La iglesia está tardando mucho tiempo en transformarse", agregó. "Pero espero que finalmente desarrollará una apertura real, conforme a las palabras del Papa: '¿Quién soy yo para juzgar?'".
Mientras tanto, en esta época de Navidad, los peregrinos y turistas que han viajado a Roma desde todas las partes del mundo contemplan, visiblemente desconcertados, la cuna instalada en el centro de la columnata de Bernini y, en particular, su hombre desnudo con esos músculos que sobresalen y que parecen aspirar a todo, excepto a ser vestidos misericordiosamente.

Como cada año, en la tarde del 31 de diciembre, después del "Te Deum", el Papa Francisco se dirigirá también al Belén de la Plaza de San Pedro, pero nadie sabe hasta qué punto es "consciente" del berenjenal en el que se ha metido. Sin duda alguna, la comunidad LGBT estará muy atenta para analizar e interpretar cada uno de sus gestos y expresiones.

Para una reconstrucción detallada de este caso, aquí hay un enlace al artículo de Diane Montagna:

> Vatican's "sexually suggestive" nativity has troubling ties to Italy's LGBT activists


Sandro Magister

viernes, 22 de diciembre de 2017

A Very Martyr Christmas (Michael Voris)

Duración 5:21 minutos

TRANSCRIPT (A partir de los 50 segundos)

The great Solemnity of Christmas is finally upon us and how splendid and glorious it is. Traditional hymns and Christmas songs contain great theological lessons within them — individual lines, even, carrying more weight and truth than a typical homily. "Veiled in Flesh Thy Godhead see, hail the Incarnate Deity" from "Hark the Herald Angels Sing." Or how about "Remember Christ Our Savior was born on Christmas day; to save us all from Satan's power when we were gone astray" from "God Rest Ye Merry Gentlemen."

What is Christmas other than the initiation of Heaven's great plan to bring about our redemption? Yet so overwhelming is that single thought, so impossible to get our minds around, that God Himself would actually come to save us that it has to be packaged up and presented in the most innocent and simple of presentations — a small little baby. Nothing Heaven does is ever short of stunning. This, however, for us cannot remain the sole disposition — to just stand at the creche and marvel, as marvelous and worthy of being marveled over as it is.

During the solemnity of Christmas, the octave or the eight days following, the particular feasts Holy Mother Church proposes for us to contemplate, don't at first seem to have anything to do with Christmas, yet, there they are, nestled right into the very octave itself. The day after Christmas Day is the feast of St. Stephen — the first man martyred for the Faith. Then, we have immediately following him the feast of the Holy Innocents — the male children under two years old butchered by Herod's lust for power. Then, there is two days later, the feast of St. Thomas Becket, murdered at the altar by yet another vicious monarch thirsty for power.

Why does Our Holy Mother Church insert such reminders into the very Octave of Christmas itself? Because total offering is what Christmas is all about. It's difficult to keep this in mind amidst all the hubbub of a secularized Christmas where the emphasis has been completely flipped from giving to getting. But this is precisely what Christmas is all about, giving ourselves to that small child who gave up everything, even the visible grandeur of His glory so that He might save us. "Mild He lays His glory by, born that men no more may die, born to raise the sons of earth, born to give them second birth" from "Hark the Herald angels sing," again.

So, while you are standing at the creche after Mass this Christmas season offer the most sincere prayer you can of gratitude: Thank you, my sweet Babe, for all You have done to save me. Then immediately follow up with a petition: Take my whole life as you gave yours and as this week's martyrs gave theirs in imitation of You so that I may be joined to You in the great work of Your salvation of saving souls.

Christmas is about nothing less than dying to ourselves. God love you — and from the entire staff here at St. Michael's Media and Church Militant, a very blessed, happy and Holy Christmas to all of you and your family and friends.


Michael Voris

Carta pastoral de Navidad del obispo de Orihuela-Alicante, Monseñor Jesús Murgui

Duración 1:42 minutos